Pocognoli nuevo líder de la selección escocesa
Escocia ya tiene elegido a su nuevo líder. Tras el final de la era Clarke, consumado con la eliminación en la fase de grupos del último Mundial, la federación ha puesto nombre y apellido a su gran apuesta para el banquillo: Pocognoli. Según Sky Sports, el exdefensa de la Premier League se ha convertido en el claro favorito para ocupar el puesto vacante, hasta el punto de ser señalado por la federación escocesa como objetivo número uno para revitalizar a la selección.
Un giro de timón en Hampden
El movimiento marca un cambio de rumbo evidente para la SFA. Se acabó el perfil continuista y veterano: la apuesta pasa por un técnico joven, 39 años, con un libreto táctico moderno y ambicioso. Que esté sin equipo juega a su favor. Es accesible, no requiere negociación con clubes y permite cerrar la operación con rapidez, algo que en Glasgow consideran clave para empezar a trabajar cuanto antes en la nueva etapa.
Pese a su corta trayectoria en los banquillos, Pocognoli llega con un currículum que ha seducido a los dirigentes escoceses. Su gran carta de presentación está en Bélgica. Allí firmó una de esas gestas que cambian la percepción sobre un entrenador: llevó a Union Saint-Gilloise a conquistar el título de liga, el primero del club en 90 años. Ese éxito lo catapultó al escaparate europeo y dejó una imagen clara de su sello: equipos compactos, competitivos y capaces de sostener resultados en la élite del fútbol doméstico.
Del milagro en Bélgica al escaparate de la Ligue 1
Ese impulso le abrió las puertas de la Ligue 1. Monaco llamó a su puerta el pasado mes de octubre y el belga asumió el reto de dirigir a uno de los clubes más reconocidos de Francia. Su etapa en el Principado terminó este verano, tras firmar un séptimo puesto en la liga francesa. No fue un ciclo largo, pero sí suficiente para sumar experiencia en un entorno de máxima exigencia, con vestuario de alto perfil y foco mediático constante.
En la SFA valoran precisamente eso: su exposición al fútbol europeo de máximo nivel y su capacidad para gestionar jugadores importantes. Entienden que ese bagaje puede trasladarse con naturalidad al contexto de selecciones, donde el margen de maniobra es menor, pero la presión por competir al máximo es constante.
Un rostro conocido para el fútbol británico
Para el aficionado británico, el nombre de Pocognoli no suena a desconocido. Antes de colgar las botas, el belga dejó huella en las islas. Defendió la camiseta de West Bromwich Albion en la Premier League y conoció de primera mano la dureza física y mental del campeonato inglés. Ese pasado pesa. Y gusta en Escocia.
Su vínculo con el fútbol británico no se limita a West Brom. Hace una década también pasó por Brighton & Hove Albion, entonces en la Championship, en calidad de cedido. Ese recorrido le da algo que la federación considera diferencial: entiende el entorno, el clima competitivo, la cultura futbolística del Reino Unido. Y al mismo tiempo llega impregnado de las tendencias tácticas más recientes del continente.
Como jugador, acumuló más de 300 partidos en competiciones domésticas y sumó 13 internacionalidades con la selección de Bélgica. No es un currículum menor. Habla de una carrera larga, de vestuarios compartidos con futbolistas de élite y de un conocimiento profundo del juego desde dentro.
Un nombramiento con peso histórico
Su inminente llegada al banquillo escocés también tiene un componente simbólico. A sus 39 años, está a punto de convertirse en el primer seleccionador extranjero de Escocia desde Berti Vogts, que ocupó el cargo entre 2002 y 2004. Dos décadas después, la federación vuelve a mirar fuera de sus fronteras en busca de respuestas.
La apuesta es clara: aire fresco, ideas nuevas y una figura capaz de tender puentes entre la tradición británica y los métodos de trabajo europeos más avanzados. Un perfil híbrido, con pasado en la Premier y éxito reciente en Bélgica, que encaja en esa búsqueda de modernización sin perder la identidad competitiva que siempre ha caracterizado a Escocia.
Un mandato sin margen para la complacencia
El encargo que le espera es nítido. La SFA le exige algo más que un cambio de discurso. Necesita resultados. Su mandato pasa por devolver a la selección a una dinámica competitiva sólida y encadenar dos ciclos de clasificación exitosos. En el horizonte, dos objetivos marcados en rojo: estar en la Eurocopa de 2028 y alcanzar el Mundial de 2030.
No se trata solo de llegar. Se trata de llegar compitiendo, dejando atrás la sensación de techo bajo que ha acompañado a Escocia en los últimos grandes torneos. La pregunta es sencilla y, al mismo tiempo, decisiva: ¿puede un técnico belga de 39 años, forjado entre Union Saint-Gilloise y Monaco, ser el hombre que cambie la historia reciente del fútbol escocés? La federación ya ha dado su respuesta. Ahora le toca al césped.






