Sligo Rovers salva un punto ante Dundalk en el descuento
En Oriel Park, cuando la grada ya se preparaba para celebrar por fin una noche tranquila, apareció Gareth McElroy. Un toque casi instintivo, un punterazo en el tiempo añadido, y un partido que Dundalk tenía sujeto con ambas manos se escapó entre los dedos. Sligo Rovers rescató un punto que sabe a mucho más que un simple empate. Para los locales, otro golpe a la mandíbula en una temporada que se ha convertido en un manual de cómo dejarse puntos ganando.
El guion parecía escrito para que Ciarán Kilduff y los suyos firmaran una victoria sin sobresaltos. Capitán al frente, capitán al gol. Daryl Horgan abrió el marcador al inicio de la segunda parte con el tanto número 100 de su carrera de club, el 60 con la camiseta de Dundalk. Un derechazo alto a la red, de esos que llevan la firma del futbolista que manda. El Lilywhite Stadium respiraba. Al fin, un partido encarrilado.
Pero este Dundalk tiene un problema que ya roza lo crónico: no sabe cerrar los encuentros. Es el quinto consecutivo en el que se adelanta y no gana. Son ya 26 puntos tirados por la borda desde posiciones de ventaja, cuatro más de los que Sligo ha sumado en toda la temporada. Un dato que explica muchas cosas.
Dominio local, pólvora mojada
El arranque fue un monólogo de Dundalk. Sam Sargeant tuvo trabajo desde el minuto uno. Primero desvió sin apuros un intento de Ronan Teahan, luego blocó a Horgan y, poco después, a Cian Dillon. Tres avisos en apenas 17 minutos, todos contestados por un guardameta que se negó a doblar la rodilla.
Sligo apenas asomó la cabeza en el primer acto. Su única ocasión antes del descanso llegó dos minutos después de esa primera oleada local: centro desde la izquierda de Jack Shorrock, nuevo fichaje, y cabezazo de Luke Pearce, demasiado manso, directo a las manos de Enda Minogue. Un suspiro, nada más.
Dundalk, en cambio, comenzó a acumular ocasiones claras y frustración a partes iguales. Trevor Clarke estrelló un disparo durísimo desde la frontal en el larguero a los 20 minutos, el primer gran rugido de la noche. Poco después, Bobby Burns remató alto, solo en la frontal, cuando tenía tiempo y espacio para elegir mejor. Clarke volvió a tenerla, completamente liberado dentro del área tras un córner de Horgan, con medio arco abierto a su izquierda. Falló el golpeo. Otra bala al aire.
El castigo tardó, pero llegó
Tras el descanso, Sligo avisó de que no estaba muerto. A los cuatro minutos de la reanudación, Shorrock ganó la espalda de Mayowa Animasahun y obligó a Minogue a mandar el balón por encima del larguero. En el córner, McElroy cabeceó rozando el poste. Fue un pequeño cambio de tono, un recordatorio de que el 0-0 seguía vivo.
El golpe de los locales, sin embargo, llegó poco después. Minuto 52. Clarke aceleró, encontró a Dillon y su pase, que parecía destinado a Harry Groome, se envenenó. El centrocampista no pudo controlar, pero reaccionó con inteligencia: descargó hacia atrás para su capitán. Horgan, sin dudar, rompió el balón y lo mandó a la escuadra alta. Gol de líder. Gol que parecía definitivo.
Dundalk, con el marcador a favor, encontró espacios y ocasiones para matar. Shorrock probó de falta lejana y Minogue respondió con seguridad. Al otro lado, Sargeant sostuvo a Sligo con una parada tremenda a bocajarro ante Dillon tras un balón bajado por Horgan. El guardameta visitante se convirtió en la línea que separaba la lógica del milagro.
Horgan rozó el segundo a balón parado con un libre que se marchó desviado por poco en el 78’. Teahan, impecable en la dirección del juego, casi firma el gol de la noche a cuatro del final: latigazo feroz desde fuera del área y otra estirada felina de Sargeant para desviar a córner. El estadio olía a 1-0 trabajado, merecido, controlado.
El error que lo cambia todo
Y entonces, el minuto fatídico. Primer minuto del tiempo añadido. Un centro aparentemente inocuo al área de Dundalk, un balón que parecía del portero. Minogue salió decidido… y falló. No llegó a atrapar, la pelota quedó suelta, viva, peligrosa. Trey George, rápido, se fabricó el disparo en medio del caos. El rechace cayó en los pies de McElroy, que solo necesitó un toque seco, un punterazo preciso, para silenciar Oriel Park.
El 1-1 cayó como un jarro de agua helada sobre un Dundalk que ya se veía con los tres puntos. Para Sligo, el tanto fue un grito de alivio y carácter. Seis días antes, el Bit O’ Red había encajado un gol tardío ante Drogheda United. Esta vez fue al revés: el equipo de Darren Purse castigó el error rival y sumó su segundo punto en dos partidos con el nuevo técnico.
Sligo sigue colista, hundido por la diferencia de goles, pero este empate tiene otro peso. Llega tras resistir, tras no derrumbarse cuando el rival dominaba y el marcador era adverso. Llega justo antes de una visita exigente a Derry City, con algo de viento a favor por primera vez en semanas.
Para Dundalk, en cambio, la herida se agranda. Otra ventaja mal gestionada, otra noche en la que el fútbol dice que mereció más, pero la tabla solo entiende de números. Y los números son demoledores: cinco partidos seguidos por delante en el marcador, cero victorias. ¿Cuántas veces más puede permitirse este equipo repetir la misma lección antes de que la temporada se les escape definitivamente de las manos?






