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Rangers y el reto de McInnes en su estreno

La nueva era de Rangers arranca con un viejo conocido de Ibrox marcando el tono. Derek McInnes, que lo ganó casi todo como jugador con la camiseta azul, regresa ahora como técnico con una idea muy clara: en este club se vive incómodo o no se vive. Y su primer examen serio llega esta noche, en Tannadice, ante Dundee United, con un equipo prácticamente reconstruido y una presión que no admite rodeos.

No es un simple inicio de liga. Es una prueba de carácter.

Emmanuel Fernandez, del “Rolls Royce” al riesgo innecesario

Uno de los focos está sobre Emmanuel “Manny” Fernandez. El central firmó una primera temporada brillante: elegante con el balón, sereno bajo presión y dominante en las dos áreas. Un “Rolls Royce” de la zaga, como se le ha llegado a definir.

Pero ese brillo tiene una mancha. Alguna que otra desconexión, pequeños apagones que en un equipo que aspira a ganar todo se pagan caros. Y ahora, con McInnes en el banquillo, ese tipo de licencias se convierten en una línea roja.

El ejemplo más claro: un par de giros a lo Cruyff en zonas comprometidas. Bonitos para la grada, letales para la paciencia de un entrenador que exige solidez antes que espectáculo en la salida de balón. Si Fernandez no suelta esos lujos, corre el riesgo de encontrarse con la ira de un técnico que no perdona regalos en la retaguardia.

El plan de McInnes es claro. En el centro de la defensa, el cedido de Atalanta, Ben Godfrey, formará pareja con Fernandez en una línea completamente remodelada. Detrás de ellos, el nuevo guardián: Ivor Pandur, fichaje de 6 millones de libras, llamado a suceder a Jack Butland como dueño del arco.

Un mercado exprés, una plantilla en construcción

Mientras en las grandes ligas del continente los clubes se pasean por giras exóticas, las entidades escocesas corren contra el reloj. Para Rangers, las previas europeas no son un extra: son una necesidad económica. Eso obliga a cerrar fichajes a toda velocidad y a armar un equipo competitivo cuando la ventana de traspasos apenas se ha abierto.

El resultado es un verano de vértigo en Ibrox. Ocho caras nuevas ya están dentro. La última, el defensor sudafricano Olwethu Makhanya, procedente de Philadelphia Union. Hoy, sin embargo, le tocará esperar en el banquillo su primera oportunidad.

La plantilla, pese al aluvión de incorporaciones, aún muestra grietas. Falta ese futbolista con chispa creativa, el que rompe partidos cuando el plan se atasca. La lesión en el hombro de Thelo Aasgaard en el amistoso ante West Ham encendió todas las alarmas y subrayó la fragilidad de una zona ofensiva todavía en construcción. Aasgaard se ha recuperado a tiempo y apunta a uno de los costados, con Djeidi Gassama en la otra banda, pero el mensaje al departamento de fichajes es evidente: aún falta pólvora y desequilibrio por fuera.

También preocupa la ausencia de un relevo claro para Tuur Rommens en el lateral. En un calendario cargado, esa carencia puede convertirse en un problema mayúsculo.

El rompecabezas ofensivo: Shankland, Chermiti y la carta Naderi

Arriba, el debate de la semana se ha centrado en una pregunta: ¿cómo encajar a Lawrence Shankland y Youssef Chermiti en el mismo once? McInnes ha dejado entrever su apuesta: un frente de dos puntas, con el nuevo capitán moviéndose algo más atrás, como enlace, y el portugués atacando la última línea.

Shankland no solo lleva el brazalete. Lleva también el peso simbólico de liderar un vestuario señalado en los últimos años por su fragilidad mental en los momentos clave. McInnes quiere cambiar ese relato, y lo hace poniendo a un goleador probado al frente del grupo.

Pero la historia ofensiva de Rangers no termina ahí. Desde el banquillo, Ryan Naderi espera su oportunidad. El alemán llegó en enero desde Hansa Rostock, tras una inversión considerable para un delantero que dominaba en la tercera categoría de su país. Empezó fuerte, se lesionó y su impacto quedó a medias. Ahora, sano y con pretemporada, se presenta como una amenaza real para cualquiera que se duerma en la pelea por los minutos.

Naderi ofrece algo que los técnicos valoran en silencio: altura para intimidar en las dos áreas, trabajo incansable sin balón, presión agresiva desde la primera línea. Su perfil recuerda al de Kenny Miller cuando compartía ataque con Kris Boyd: un punta que corre, choca, abre espacios y no da un balón por perdido. Esta noche, ante un rival al que ya marcó la temporada pasada, puede convertirse en el arma de impacto desde el banquillo.

Un medio campo nuevo y una vieja exigencia

En el centro del campo, el motor también se ha cambiado casi por completo. Dan Neil, llegado desde Sunderland, y Cammy Devlin, procedente de Hearts, formarán el doble pivote. Dos futbolistas con energía, recorrido y carácter, obligados a adaptarse rápido a un entorno donde no hay margen para los periodos de gracia.

Por delante y por fuera, Mohamed Diomande podría ocupar la banda derecha, con Aasgaard, que incluso recortó sus vacaciones tras el Mundial para ganar sitio, en la izquierda. El noruego ha olfateado la oportunidad: Rangers sigue buscando extremos en el mercado y cada minuto que pase con la camiseta azul en el césped vale oro para consolidarse.

En el banquillo esperan su turno otros fichajes como Ross McCrorie, Vanja Dragojevic y el propio Makhanya. Todos saben que McInnes no regala debuts: se ganan.

McInnes, en la línea de cal… y en el punto de mira

El técnico, que arrastra una sanción de cuatro partidos de la SFA por comentarios cuando aún dirigía a Hearts, ha logrado aplazar el castigo y estará en la banda esta noche. No es un detalle menor. Un primer partido, con un equipo nuevo, sin su entrenador al borde del campo, habría añadido una capa extra de dificultad. Ahora, al menos, podrá mandar de cerca… aunque deberá medir cada gesto y cada palabra. Nick Walsh será el árbitro principal, con Calum Spence y Jonathan Bell en las bandas, Peter Stuart como cuarto oficial y Steven McLean al frente del VAR, asistido por Gary Hilland.

La imagen de McInnes al borde del área técnica, exigiendo, corrigiendo, empujando, será parte del mensaje que quiere transmitir: aquí no se viene a estar cómodo. Aquí se viene a ganar.

Ecos del pasado reciente y una pregunta incómoda

El déjà vu es inevitable. Hace un año, Rangers también estrenaba entrenador, también presentaba una cascada de fichajes y también viajaba con optimismo a un complicado debut liguero a domicilio. Entonces, con Russell Martin al mando, el equipo se quedó corto en Fir Park, firmando un empate decepcionante ante el Motherwell de Jens Berthel Askou, otro técnico debutante en el banquillo.

Hoy, el guion vuelve a arrancar con tintes similares: nuevo jefe, vestuario casi desmontado y reconstruido, expectativas disparadas y una afición que ya no compra promesas sin respuesta inmediata en el marcador.

La gran diferencia se verá en el campo. ¿Será este el amanecer de un Rangers con la dureza mental que McInnes conoció en los años 90, cuando el club encadenaba títulos como rutina? ¿O se repetirá la historia de un falso amanecer, brillante en el papel y gris cuando rueda el balón?

La respuesta no llegará en ruedas de prensa ni en discursos sobre mentalidad. Empezará a escribirse esta noche, a las 20:00, cuando el nuevo Rangers salte a Tannadice y descubra si está preparado para vivir, como quiere su entrenador, en esa incomodidad que solo soportan los equipos que terminan levantando trofeos.