Portsmouth: entre el respiro forzado y la tormenta que viene
La Championship no perdona. Todos lo repiten. Partidos, viajes, golpes, semanas sin aire. Pero el caso de Portsmouth está siendo distinto. Casi extraño.
El aplazamiento contra Wolves ha roto el ritmo habitual. El equipo apenas ha disputado un solo encuentro entre semana hasta ahora. Y lo que viene a continuación es aún más inusual: tres semanas sin competición, con solo cuatro jugadores previsiblemente convocados por sus selecciones. Un parón largo, casi incómodo, en un torneo que suele ir a toda máquina.
Mientras tanto, John Mousinho ha tirado de fondo de armario como nunca. Pompey ya ha utilizado 28 futbolistas en lo que va de temporada. Solo tres han sido titulares en todos los partidos de liga. Y únicamente siete han completado los 90 minutos más de una vez en la Championship. Demasiado movimiento para tan poco calendario.
Un vestuario entre algodones
Los fichajes Marko Milovanovic, Jayden Meghoma y Tyrese Shade aterrizaron necesitados de trabajo específico para alcanzar el ritmo competitivo. En el caso de Shade y Milovanovic, sus entrenamientos se habían visto limitados por la inminencia de sus traspasos. Para colmo, Milovanovic ha sufrido después una pequeña lesión que ha frenado aún más su integración.
Abu Kamara también fue entrando con calma, dosificado en los primeros compromisos.
Luego está Ryan Kavuma-McQueen. Solo 17 años. Talento, energía… y una fractura en la mano. Mousinho ha optado por protegerle, manejar sus minutos con cabeza. No es el momento de quemar etapas.
El parte de bajas por banda ha sido especialmente cruel: tres extremos fuera de combate. Josh Murphy, Keshi Anderson y ahora Luke Brooke-Smith han caído uno tras otro. Demasiado castigo en una misma zona del campo.
Y la lista sigue. Marlon Pack se perdió el inicio de la temporada. Regan Poole arrastra problemas en el isquiotibial. Zak Swanson y Ebou Adams llegaron al verano todavía condicionados por lesiones del curso anterior. Cada decisión en la alineación se convierte en un pequeño rompecabezas.
Conor Shaughnessy ofreció el fin de semana pasado una versión cercana a su mejor nivel. Buenas noticias, sí, pero con matices. Se perdió el único duelo entre semana que ha jugado el equipo hasta ahora, y Mousinho se mantiene prudente sobre la posibilidad de que pueda repetir esfuerzos cada tres o cuatro días. Sus dos últimas temporadas han estado marcadas por los problemas físicos. No es un tema menor.
Lesiones siempre habrá. No es un mal exclusivo de Portsmouth. Pero el deseo interno es claro: que, para finales de septiembre, la mayoría de los disponibles estén ya en condiciones de completar partidos enteros con regularidad.
Un parón incómodo antes de un maratón
Hasta ahora, la sensación es que Mousinho ha estado haciendo malabares. Girando platos sin que ninguno se caiga. La profundidad de la plantilla ayuda, sí, pero el equilibrio es frágil.
Por eso el técnico no ve con buenos ojos este parón de tres semanas a estas alturas del curso. Rompe la inercia y, sobre todo, precede a un calendario duro, comprimido, sin apenas margen para respirar.
El regreso no será suave. El derbi de la Costa Sur abrirá una secuencia exigente: cinco partidos en 14 días, ocho en 28. Un tramo que pondrá a prueba tanto la calidad como la resistencia del grupo. Y con varios rivales de peso en el horizonte, el margen de error se reduce.
En ese contexto, Mousinho necesitará algo muy concreto: más futbolistas capaces de aguantar los 90 minutos una y otra vez. Menos gestión de emergencia, más continuidad. Porque si ahora ya parece complicado mantener todos los platos en el aire, el verdadero examen llega después del parón.
La pregunta es sencilla y a la vez decisiva: cuando la Championship vuelva a apretar el acelerador, ¿estará Portsmouth preparado para correr al mismo ritmo sin romperse por el camino?





