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Pep Guardiola rechaza ser seleccionador de Italia

Pep Guardiola ha rechazado la propuesta de convertirse en seleccionador de Italia. La noticia, adelantada por Sky en Italia, golpea de lleno a la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), que había diseñado un plan casi fundacional con el técnico catalán como rostro y cerebro del nuevo proyecto ‘azzurro’.

La respuesta de Guardiola llegó el jueves por la noche. Un “no” firme, motivado por razones personales que van más allá del fútbol, según las mismas informaciones. No es una cuestión de dinero, ni de dudas sobre el reto deportivo. Es una cuestión de vida.

Un cortejo de alto nivel

La FIGC no escatimó esfuerzos. Paolo Maldini, acompañado por su asesor Leonardo, se reunió con Guardiola durante tres días en Barcelona. No viajaron para ofrecerle simplemente un banquillo. Le llevaron un plan de reconstrucción.

Sobre la mesa, algo más que el cargo de seleccionador absoluto. En la visión de la federación, Guardiola debía ser la figura central de un gran “proyecto azzurro”, una reestructuración profunda destinada a reconstruir el fútbol italiano desde la base. No solo la selección absoluta, sino todas las categorías inferiores, toda la pirámide técnica.

La FIGC estaba incluso dispuesta a hacer una “excepción” en su presupuesto para poder contratarle. Un gesto que muestra hasta qué punto veían en él al arquitecto ideal para levantar de nuevo un gigante caído.

Porque Italia, hoy, es un gigante herido. No se clasificó para el Mundial ampliado de este verano. Y, desde que levantó la Eurocopa en 2021 con Roberto Mancini, ha encadenado tres ausencias consecutivas en grandes torneos. Un golpe histórico.

Italia busca un nuevo líder

El encargo a Maldini y Leonardo formaba parte de la gran sacudida que vive el fútbol italiano tras su último fracaso en la clasificación mundialista. Su misión era clara: encontrar al sucesor de Gennaro Gattuso, que dejó el cargo tras quedarse fuera de la cita de este verano en Norteamérica.

Guardiola era el sueño. El gran golpe. El técnico libre más codiciado del planeta, recién salido de una década en Manchester City, donde conquistó 20 títulos y firmó un porcentaje de victorias del 70,8%. Por primera vez en diez años, es agente libre. Y la FIGC quiso adelantarse a todos.

El catalán escuchó con atención. Escuchó el relato de Maldini y Leonardo, escuchó la idea de ser algo más que un seleccionador, de convertirse en el eje de una refundación. Pero dijo no.

Con Guardiola fuera del tablero, los nombres que aparecen como alternativas son los de Roberto Mancini y Andrea Pirlo. Dos perfiles muy distintos, dos símbolos del fútbol italiano, pero ninguno con el impacto global del técnico que convirtió a City, Bayern y Barcelona en máquinas de ganar.

El tiempo de Guardiola

La negativa encaja con lo que el propio Guardiola lleva tiempo anunciando. Un año antes de dejar el Etihad, ya había avisado en Sky Sports: cuando terminara su etapa en Manchester City, se tomaría un descanso.

Tras el anuncio oficial de su salida, reforzó ese mensaje. Explicó que el deseo de pasar más tiempo con su familia fue el motor de su decisión. No hay agenda oculta: hay cansancio. Y hay prioridades.

“Sin planes para entrenar durante un tiempo. Si no, seguiría aquí. Necesito dar un paso atrás. No voy a entrenar durante un tiempo”, dijo en su última rueda de prensa como técnico del City. Añadió algo aún más revelador: siente que no tendrá la energía diaria que exige pelear por títulos año tras año.

En una entrevista exclusiva con Sky Sports fue más allá: habló de su padre, de sus hijos, de cosas que aún no ha hecho y quiere hacer como ser humano. Se sabe privilegiado porque puede decidir. Y ha decidido parar.

Inglaterra, otra puerta cerrada

Su nombre también estuvo ligado a la selección de Inglaterra. En 2024 se informó ampliamente de que Guardiola había alcanzado un acuerdo verbal con la FA para sustituir a Gareth Southgate. Parecía hecho. Pero cambió de opinión y decidió seguir en Manchester.

La historia terminó con Thomas Tuchel en el banquillo inglés, llevando a la selección a su mejor resultado en un Mundial fuera de casa. Tuchel tiene contrato hasta el final de la Euro 2028 y ya ha prometido cumplirlo.

El mensaje es claro: Guardiola no busca ahora mismo otro club, ni un salto inmediato a un proyecto que le exija la misma intensidad diaria que en el City.

La tentación del fútbol de selecciones

Hay, sin embargo, una puerta que él mismo ha dejado entreabierta: la de las selecciones. En 2024, en una conversación con el chef Dani García, Guardiola explicó que no se ve dejando Manchester City para ir a otro club y repetir el mismo proceso. No tiene energía para eso. Otra vez el día a día, otra vez la rutina de entrenamientos, otra vez la misma montaña.

Pero deslizó una excepción: “Quizá una selección, pero eso es diferente”. Una frase que resuena cada vez que su nombre aparece vinculado a un banquillo nacional.

La lógica deportiva también empuja en esa dirección. Lo ha ganado todo en el fútbol de clubes. Entrenar a una selección le ofrecería algo nuevo: ciclos de Eurocopa y Mundial, trabajo por ventanas, tiempo para la familia entre concentraciones. Menos carga diaria, otra clase de presión.

Ahí está el punto de encuentro perfecto: el de un obseso del fútbol que necesita descansar sin romper el vínculo con la competición. Como recuerda el análisis de Sky Sports, Guardiola es un adicto al juego. Y los adictos, tarde o temprano, vuelven a sentir el cosquilleo.

Italia mira al futuro, Guardiola mira a su vida

Para la FIGC, la negativa de Guardiola obliga a un giro rápido. El plan de reconstrucción sigue siendo urgente. El fracaso en las clasificaciones recientes no espera. Italia necesita un líder, una idea, una identidad que vuelva a ponerla en el mapa de las grandes citas.

Guardiola, mientras tanto, se toma el lujo que pocos entrenadores pueden permitirse: parar, elegir su momento, decidir si su próximo paso será un banquillo de selección y en qué país. El fútbol internacional le espera. Italia ya sabe que, por ahora, no será con la camiseta azzurra. La pregunta es: ¿quién conseguirá convencer al técnico más codiciado del mundo cuando vuelva a sentir que tiene energía para empezar de nuevo?