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Mauricio Pochettino: Entre Argentina y Estados Unidos en el Mundial

Mauricio Pochettino dirige a la selección de Estados Unidos en este Mundial, pero su corazón, como él mismo admite, sigue atado a Argentina y a un viejo conocido: Lionel Messi. En Seattle, en la previa del segundo partido del Grupo D ante Australia en el Lumen Field, el técnico dejó claro que vive el torneo con un pie en cada orilla, dividido entre la camiseta que viste hoy y la que lo formó para siempre.

El contexto no ayuda a separar emociones. Mientras Messi firma otra Copa del Mundo deslumbrante a los 38 años, su entorno familiar atraviesa días delicados. La familia del capitán argentino publicó un comunicado en el que explica la situación de salud de Jorge Messi, después de que se dispararan rumores tras el 3-0 de Argentina en el debut ante Argelia, partido en el que Lionel se quebró al celebrar el primero de sus tres goles.

La familia Messi, harta de las especulaciones, fue tajante: expresaron su “profundo malestar por la falta de sensibilidad, respeto y escrúpulos” con la que se trató un asunto estrictamente privado. Confirmaron que Jorge atraviesa un problema de salud, que está bajo monitoreo médico y “evolucionando favorablemente dentro del cuadro que presenta”, y remarcaron que solo el núcleo más cercano maneja información real y precisa. Todo lo demás, avisaron, no debe considerarse válido ni veraz.

Pidieron algo tan básico como escaso en el ecosistema del fútbol moderno: responsabilidad, prudencia y humanidad. Nada de convertir la salud de una persona en combustible para el morbo. Nada de usar la angustia de una familia como material de consumo. También agradecieron las muestras de afecto y solicitaron preservar la privacidad de Jorge y de todo el clan Messi. Cualquier actualización, avisaron, saldrá únicamente de sus canales.

En ese escenario cargado de sensibilidad, apareció la voz de Pochettino. No habló como un entrenador más del Mundial, sino como alguien que conoce de cerca al futbolista y a su familia, tras coincidir en Paris Saint-Germain.

“Lo más importante es ser genuino y honesto. Soy argentino, y disfruto mucho del rendimiento de Argentina, pero voy a dar mi vida por Estados Unidos”, soltó el técnico de 54 años ante los periodistas, dibujando en una sola frase el conflicto emocional que atraviesa estos días.

Cuando el tema es Messi, Pochettino no se anda con matices. “Es difícil describir a Messi. Seis Mundiales, todo lo que consiguió en su carrera, en diferentes clubes, a nivel colectivo e individual. Es el mejor. Seguro que sí”, afirmó, sin rodeos, como quien ya no siente la necesidad de justificar una evidencia.

Luego bajó el tono competitivo y se detuvo en el costado humano. “Fue increíble verlo. Quiero enviarle todo mi apoyo porque es una situación difícil, una situación familiar. Quiero darle mi apoyo. Lo conozco de París y a su familia. Quiero mostrar y enviar mis mejores deseos para su familia”, remarcó, alineado con el pedido de respeto que había hecho el entorno del jugador.

Pochettino tampoco escatimó elogios para la actual campeona del mundo. Describió a Argentina como “un equipo increíble”, recordó que todos sus futbolistas llegan a este torneo como campeones del mundo y señaló a Lionel Scaloni como “el mejor entrenador hoy en este Mundial”. Habló del cuerpo técnico que conoce bien, de una afición “increíble” y remató con una imagen muy gráfica: a todo eso se suma “la guinda” de Messi. Una combinación, admitió, dificilísima de enfrentar.

Ahí aparece el otro Pochettino. El que hoy vive, entrena y compite en clave estadounidense. El que sabe que, si el cuadro lo quiere, puede encontrarse con su país en fases decisivas. El que ya avisó que no se guardará nada.

“Ahora soy argentino, pero estoy defendiendo a Estados Unidos, y voy a dar todo lo que tengo, todo lo que tenemos, para construir grandes recuerdos aquí”, aseguró.

La frase no es solo un guiño al nuevo vestuario que lidera. Marca la línea de un entrenador que se mueve en el filo: apoyar a Messi y a Argentina, sentirlos como propios, y al mismo tiempo prepararse para, si hace falta, intentar derribarlos. En un Mundial que no perdona contradicciones, Pochettino ha elegido convivir con ellas. Y competir con todas.