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Martin O’Neill regresa al Celtic como técnico permanente

Celtic está a punto de cerrar un círculo que parecía ya parte del recuerdo. Martin O’Neill, a sus 74 años, ha aceptado un contrato de un año para seguir en Glasgow como técnico permanente y el club se dispone a oficializarlo en breve. Habrá opción de extender el vínculo una segunda temporada.

No es un nombramiento cualquiera. Es el regreso, con plenos poderes, de una figura que ya marcó una era en el Celtic Park y que esta temporada ha vuelto a sostener al club en medio del caos.

De bombero a jefe de obra

O’Neill asumió el banquillo de forma interina tras la dimisión de Brendan Rodgers el pasado octubre. Entró, apagó el incendio y dejó la casa en pie. Luego llegó Wilfried Nancy, llamado a liderar un nuevo proyecto, pero su etapa fue un desastre: apenas ocho partidos duró el francés antes de salir por la puerta de atrás.

Celtic volvió entonces a tirar de su recurso más fiable. O’Neill regresó por segunda vez en el curso, retomó el mando y defendió con éxito el título de la Premiership. Remató el trabajo con el triunfo en la final de la Scottish Cup ante Dunfermline, que selló el doblete doméstico y reabrió una pregunta inevitable: ¿podía el club permitirse dejarle marchar otra vez?

El propio O’Neill pidió tiempo para reflexionar tras levantar la copa. Tiempo para decidir si quería volver al foco, a la exigencia diaria, a un banquillo que lo ha dado casi todo y también se lo ha exigido todo. La respuesta, al final, ha sido afirmativa.

La sombra de Robbie Keane y la voz de la grada

Durante esos días de dudas, el nombre que más sonó en los despachos no fue el de O’Neill, sino el de Robbie Keane. El exdelantero, ídolo para muchos por su carrera, estuvo muy presente en las conversaciones de la cúpula del club. Se reunió esta semana con Dermot Desmond, principal accionista de Celtic, para explorar su posible llegada.

Sobre el papel, el movimiento tenía cierto sentido estratégico: un nombre carismático, con tirón mediático y experiencia reciente en los banquillos tras su paso por Maccabi Tel Aviv y posteriormente por Ferencvaros, donde dimitió a finales de mayo.

Pero la realidad del Celtic Park habló más alto. Un sector significativo de la afición reaccionó con furia ante la posibilidad de ver a Keane en el banquillo, principalmente por su etapa en Israel. La contestación fue tan ruidosa que el globo se desinfló rápido. La idea perdió fuerza, y la figura de O’Neill, ya dentro de casa, volvió a ganar peso.

La presión popular no decide contratos por sí sola, pero marca el clima. Y el clima, esta vez, era claro: la grada no quería experimentos. Quería certezas.

Veintiséis años después

La historia tiene un aire casi romántico. Han pasado 26 años desde que Dermot Desmond convenció por primera vez a Martin O’Neill para dejar Leicester y tomar las riendas del Celtic. Aquella apuesta cambió el paisaje del fútbol escocés.

Bajo su mando, el club conquistó tres títulos de liga, tres Scottish Cups y dos Scottish League Cups. Devolvió a Celtic al centro de la conversación europea con aquella inolvidable campaña que culminó en la final de la Uefa Cup de 2003, perdida ante el Porto de José Mourinho. Un golpe duro, pero también una declaración de nivel.

O’Neill, excentrocampista con carácter y una presencia imponente en la banda, se convirtió entonces en sinónimo de ambición y competitividad para el club. Ahora, con décadas de experiencia a la espalda y otro doblete recién firmado, vuelve a encarnar algo parecido: estabilidad, oficio y un conocimiento íntimo de lo que exige ese escudo.

Un presente exigente, un futuro abierto

El nuevo contrato, con opción a un segundo año, no es un simple homenaje a los viejos tiempos. Es una apuesta concreta para sostener un proyecto que ha tambaleado con demasiada facilidad cuando ha salido del guion. Celtic necesita resultados inmediatos, pero también una línea clara en el banquillo. O’Neill ofrece ambas cosas.

La decisión también marca una línea sobre el tipo de entrenador que el club quiere ahora mismo: menos apuesta de riesgo, más garantía contrastada. Menos laboratorio, más vestuario.

Queda por ver hasta dónde puede llegar esta segunda (o tercera) vida de Martin O’Neill en Glasgow. Por edad, por contexto competitivo, por la presión constante de un club obligado a ganar siempre. Lo único seguro es que, una vez más, cuando Celtic ha mirado alrededor en busca de un líder, ha terminado volviendo al hombre que ya lo cambió todo una vez.

La pregunta, ahora, es si todavía le queda una gran obra más por firmar.