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Francia y Marruecos: la revancha en el Mundial 2026

El primer cruce de cuartos de final de la Copa del Mundo 2026 ya tiene cartel y aroma a revancha. Francia y Marruecos volverán a mirarse a los ojos el jueves 9 de julio, con el recuerdo todavía fresco de aquella semifinal del último Mundial. Entonces, los franceses cortaron el sueño marroquí. Ahora, el conjunto norteafricano llega con otra historia que contar.

Marruecos se ha instalado en la élite del torneo. No es una frase hecha: se ha convertido en la primera selección africana en alcanzar los cuartos de final en dos ediciones distintas. Lo ha hecho con autoridad, con un 3-0 incontestable ante Canadá que confirmó sensaciones y devolvió la imagen de equipo duro, ordenado y valiente que deslumbró al planeta.

Francia, en cambio, tuvo que pasar por el barro.

Francia sufre, Mbappé decide

El campeón de todo se encontró con un muro. Paraguay no vino a intercambiar golpes, sino a embarrar el duelo, a reducirlo a un combate de fricciones, interrupciones y choques. Fue el examen más áspero para los de Didier Deschamps en lo que va de torneo.

La selección sudamericana apretó al límite del reglamento: faltas tácticas constantes, entradas al límite, agarrones, protestas, un partido jugado tanto en el césped como en el borde de las áreas técnicas. El ritmo se rompía cada dos minutos. Justo lo que quería Paraguay. Justo lo que Francia tuvo que aprender a aceptar.

En ese escenario, la diferencia la marcó un detalle. Una arrancada de Désiré Doué en la segunda parte, un giro dentro del área, un contacto que el árbitro no dudó en sancionar. Penalti. Silencio denso, respiraciones contenidas. Y allí, otra vez, Kylian Mbappé.

El capitán transformó la pena máxima y empujó a Francia a sus cuartos de final consecutivos número cuatro. Un dato que habla de regularidad, pero también de una selección que ya no se asusta cuando el partido se vuelve oscuro.

Con ese gol, Mbappé elevó su cuenta a 19 tantos en Copas del Mundo, una cifra descomunal para su edad. Once de ellos han llegado en fases eliminatorias, el registro más alto de la historia en rondas de matar o morir. No es solo una estrella: es un especialista en noches grandes.

“Si hay que ensuciarse las manos…”

El duelo dejó cicatrices y también un mensaje. Mbappé no se escondió al analizar lo que acababa de vivir sobre el césped. Sus palabras retrataron el clima del encuentro y la mentalidad de este grupo francés.

«Si tenemos que ensuciarnos las manos, nos las ensuciaremos», lanzó ante los micrófonos. «Paraguay pensó que íbamos a venir en esmoquin, a jugar bonito, fútbol de ataque. Nosotros también sabemos jugar sucio, y así jugaron ellos».

No fue una frase al pasar. Encendió el debate entre aficionados y analistas, divididos entre quienes ven en Francia una selección demasiado poderosa como para entrar en ese juego y quienes aplauden que el campeón sepa responder en cualquier registro. Lo cierto es que el mensaje es claro: este equipo no se va a dejar intimidar por el contexto.

Paraguay apostó por aguantar, por desesperar a las figuras francesas, por estirar el partido hasta la ruleta de los penaltis. Aguantó mientras pudo. El plan se resquebrajó con el penalti de Doué y el golpe seco de Mbappé, que comparte ahora el liderato de la tabla de goleadores del torneo con Lionel Messi, ambos con siete tantos.

Un reencuentro con carga histórica

Ahora espera Marruecos. Un Marruecos “resurgido”, sí, pero también mucho más maduro que el de 2022. Ha vuelto a demostrar que no es invitado sorpresa, sino protagonista con argumentos. Su 3-0 a Canadá no fue solo un resultado, fue una declaración de intenciones: solidez atrás, pegada arriba, confianza total.

Francia llega avisada. Sabe lo que significa enfrentarse a un rival que juega con el respaldo de todo un continente, que se siente cómodo sin la pelota, que sabe sufrir y que no se descompone. Ya lo vivió en la semifinal anterior. Entonces salió adelante. Ahora, el margen de error es incluso menor.

Mbappé, mientras tanto, sigue con la mirada fija en el horizonte. El objetivo es tan sencillo de enunciar como complejo de alcanzar: conducir a Francia a unas terceras semifinales consecutivas y, desde ahí, perseguir una tercera final mundialista seguida, algo que rozaría lo inédito.

Para lograrlo, tendrá que superar a un Marruecos que ya hizo historia y que no parece dispuesto a detenerse. La revancha está servida. La pregunta es quién se atreverá a escribir el siguiente giro de este duelo ya instalado en la memoria del fútbol.

Francia y Marruecos: la revancha en el Mundial 2026