canchaygol full logo

Everton inicia la temporada con triunfo en Hill Dickinson Stadium

Everton necesitó un susto temprano para despertar, pero acabó firmando una tarde que puede marcar un antes y un después en el Hill Dickinson Stadium. Victoria por 2-0 ante Crystal Palace, primer triunfo en una jornada inaugural de Premier League en cinco años y fin a una racha de ocho partidos sin ganar en la competición.

Demasiado tiempo sin celebrar. Demasiado peso acumulado. Este debut tenía algo de examen emocional.

Un inicio al borde del desastre

Antes de que la grada terminara de sentarse, Everton ya coqueteaba con el desastre. Sin Ismaila Sarr, máximo goleador de la pasada temporada y gran ausente en la convocatoria mientras se intensifican los rumores con Galatasaray, Crystal Palace tuvo igualmente la primera ocasión clara.

Apenas se habían jugado cuatro minutos cuando un mal despeje de James Tarkowski dejó la pelota muerta en el área. Eddie Nketiah olió el error, atacó el balón y lo sirvió para Jean-Philippe Mateta. El francés, solo y de cara, la mandó por encima del larguero. Un aviso brutal.

Ese fallo marcó el tono del primer tramo: Palace agresivo, directo, sin complejos, y un Everton inseguro, todavía ajustando su defensa improvisada en el costado derecho.

La respuesta local llegó rápido. Ocho minutos después, Kiernan Dewsbury-Hall filtró un pase delicioso hacia Merlin Röhl, reconvertido a lateral. El alemán levantó la cabeza y encontró a Iliman Ndiaye, que remató fuerte pero centrado. Dean Henderson, bien colocado, blocó el disparo. Everton enseñaba los dientes.

El poste, Pickford y un golpe al filo del descanso

Para Pierre Sage, recién aterrizado en la Premier tras su notable campaña con RC Lens, el estreno fue una lección de crueldad inglesa. Su equipo golpeó primero… pero contra la madera.

Nketiah y Mateta se turnaron para desesperarse con el poste, mientras Jordan Pickford sostenía a los suyos con un par de intervenciones de mucho nivel. Cada llegada de Palace parecía desnudar las carencias defensivas de Everton, sin un lateral derecho natural y obligado a remendar sobre la marcha.

Cuando el partido pedía el descanso, cuando el 0-0 parecía el mal menor para los de David Moyes, apareció la calidad. Minuto 42: Dewsbury-Hall recogió el balón en la frontal, se perfiló y soltó un disparo seco, cruzado, directo al rincón más lejano. Golazo. Hill Dickinson explotó. Everton pasaba del miedo al alivio en una sola jugada.

Ese tanto cambió el ambiente. La grada, que había vivido con tensión cada ataque de Palace, empezó a creer. Y el equipo también.

Barry remata y Palace se desangra

La segunda parte apenas necesitó ocho minutos para confirmar el giro total del partido. Ndiaye, muy activo entre líneas, se inventó un centro envenenado desde la izquierda. El balón viajó con malicia al corazón del área pequeña, donde Thierno Barry se lanzó al remate y cabeceó a bocajarro. 2-0. Henderson, esta vez, no tuvo respuesta.

El golpe fue durísimo para Palace. El plan de Sage, tan valiente como expuesto, se desmoronó en un suspiro. Y lo que vino después fue todavía peor.

En el ecuador del segundo tiempo, Chadi Riad cayó al césped con gesto de dolor tras una acción defensiva. Entraron las asistencias, se pidió camilla y el central salió del campo entre gestos de preocupación. Todo apuntó a una lesión de rodilla seria. Un mazazo deportivo y anímico para un equipo que ya iba cuesta abajo.

Sin Sarr, con el poste como enemigo y con su defensa tocada, Palace se fue apagando. Pickford terminó de cerrar la puerta y Everton, por primera vez en mucho tiempo, jugó con la sensación de tener el partido bajo control en su nuevo estadio.

Hill Dickinson empieza a sentirse como hogar

Moyes había descrito la primera temporada en el Hill Dickinson Stadium como una habitación de una casa nueva “a la que solo se le ha puesto el papel pintado”. Bonita, moderna, pero todavía sin vida. Solo seis victorias en 19 partidos de Premier el curso pasado daban la razón a esa metáfora.

Esta vez fue distinto. El equipo sufrió, sí, pero respondió. Dewsbury-Hall mandó en el centro del campo, Ndiaye desequilibró por fuera, Barry castigó en el área y Pickford sostuvo cuando el guion se torcía. El resultado no fue solo un 2-0: fue la sensación de que la victoria puede empezar a ser parte del mobiliario habitual del nuevo hogar de Everton.

Quedan carencias claras, especialmente en el lateral derecho, y el mercado aún puede traer uno o dos refuerzos que cambien el techo del equipo. Pero cuando sonó el pitido final en Merseyside, la atmósfera era otra: ilusión, ruido, expectativas.

El duro aterrizaje de Sage y el vértigo de Palace

Al otro lado, el contraste fue brutal. Los jugadores de Crystal Palace abandonaron el césped cabizbajos. Sage, en la banda, ofrecía la imagen de un técnico que acaba de descubrir de golpe la ferocidad de la Premier League.

Su debut se decidió por centímetros: dos balones al poste, un mano a mano fallado en el minuto 4, una lesión grave en defensa y la ausencia de su gran estrella ofensiva, Sarr, apartado del viaje en pleno baile de rumores de salida. En otro contexto, con el senegalés disponible, quizá el vestuario visitante habría sido una fiesta.

Pero no lo fue. Y no es casualidad.

Palace llega a esta temporada después de un año de ensueño: tres títulos, incluida la FA Cup, y un crecimiento que parecía no tener techo bajo el mando de Oliver Glasner. Ese ciclo se ha cerrado. Glasner se ha ido, Maxence Lacroix ya no está en la zaga y Sarr puede ser el siguiente en marcharse antes del cierre del mercado.

El club entra en una fase de transición inevitable. Mantener el nivel de 2025 y 2026, con este contexto y este inicio, será un desafío mayúsculo.

Everton, mientras tanto, se marcha del Hill Dickinson con algo más que tres puntos. Se marcha con la sensación, por primera vez en mucho tiempo, de que la temporada puede construirse desde la confianza y no desde el miedo. La pregunta es clara: ¿será este el año en que su nueva casa deje de ser solo un estadio y se convierta, por fin, en una fortaleza?