Everton comienza la temporada con victoria convincente
Andy Burnham se sentó en los asientos de lujo de Hill Dickinson Stadium para comprobar de primera mano cómo arrancaba la temporada su querido Everton, sin los fichajes clave para el equipo de David Moyes sobre los que hasta el primer ministro había opinado. Sin lateral derecho, sin nuevo delantero centro… y, al menos por una noche, sin problema: el equipo de Liverpool castigó la falta de pegada de Crystal Palace y abrió el curso con una victoria finalmente convincente.
Kiernan Dewsbury-Hall borró de un plumazo cualquier resquemor por el final del curso pasado con un golazo, y Thierno Barry, un hombre con la lupa encima ante la posible llegada de un nuevo ‘9’ antes del cierre del mercado, remató el trabajo con un cabezazo en la segunda parte. Para Pierre Sage, en su estreno en la Premier League al mando de Palace, fue una bienvenida brutal. Para colmo, perdió a Chadi Riad en los minutos finales por una lesión que apunta a seria.
Palace perdona, Everton golpea
Sage no llegó a Liverpool con revoluciones tácticas ni cambios drásticos en el once. El dibujo fue continuista y, para desesperación de los aficionados visitantes, la falta de colmillo recordó demasiado a la era de Oliver Glasner. Palace generó tres ocasiones clarísimas antes de que Everton se adelantara. No convirtió ninguna. Y lo pagó.
La mala suerte tuvo su parte: el poste izquierdo de Jordan Pickford repelió dos remates. Pero eso no alivió el tormento del técnico francés ni de la grada visitante. Cada ocasión desperdiciada alimentaba la sensación de que Everton acabaría cobrando la factura.
Antes del inicio, el club londinense había negado las informaciones que aseguraban que Ismaïla Sarr se había negado a jugar para forzar su salida a Galatasaray. Según Sage, el internacional senegalés estaba fuera por lesión. El ruido, sin embargo, no descentró a Palace en los primeros minutos.
Con apenas tres minutos disputados, el nuevo capitán de Everton, James Tarkowski, midió mal un balón aéreo y dejó vía libre a Eddie Nketiah por la izquierda. El delantero levantó la cabeza y encontró la carrera al primer palo de Jean-Philippe Mateta, pero el francés voleó por encima a bocajarro. Primera bala desperdiciada.
La segunda llegó tras una delicia de Adam Wharton, el centrocampista al que Sage se ha empeñado en blindar ante el interés de Manchester City. Wharton filtró un pase perfecto por encima de Merlin Röhl, improvisado lateral derecho mientras el club sigue sin cerrar el eterno relevo de Seamus Coleman. Nketiah controló dentro del área, tuvo tiempo para elegir, pero se topó con un Pickford enorme: manotazo y balón al mismo poste izquierdo.
El metal volvió a ser aliado de Everton poco después. Wharton, Dwight McNeil —ex jugador de los de Goodison— y Nketiah tejieron una jugada limpia que dejó a Mateta solo frente a Pickford. El francés llegó forzado, estiró la pierna y superó al portero… solo para encontrarse otra vez con el poste. Tercera ocasión clara, tercer lamento. Cinco minutos más tarde, llegó el castigo.
Dewsbury-Hall enciende Goodison
Everton, que había empezado a trompicones, fue creciendo con el paso de los minutos. Los fichajes estivales Hayden Hackney, Tyrique George y el propio Röhl dejaron detalles interesantes. Los locales también avisaron pronto: Dewsbury-Hall encontró a Röhl con un pase profundo y el joven alemán sirvió atrás para que Iliman Ndiaye obligara a Dean Henderson a lucirse bajo palos.
Aun así, al equipo de Moyes le faltaba chispa cerca del área. George insistía una y otra vez por la izquierda, pero las ideas no fluían con claridad hasta que Dewsbury-Hall y Ndiaye empezaron a adueñarse del balón y del ritmo.
Entonces el centrocampista inglés decidió que era el momento. Se lanzó en una conducción zigzagueante, se abrió hueco y terminó la jugada con un disparo que impactó en Chris Richards. Los locales pidieron mano, el árbitro dejó seguir y la jugada giró hacia el otro costado. Daniel Muñoz, uno de los laterales derechos que figuran en la agenda de Everton, trató de avanzar, pero Harrison Armstrong le robó la cartera con una presión feroz y dejó un agujero a su espalda.
Armstrong levantó la cabeza y vio el espacio. También a Dewsbury-Hall, que había seguido la acción. El pase le llegó al borde del área y, sin dudar, el ‘27’ cruzó un derechazo imparable, seco y angulado, directo a la escuadra lejana de Henderson. Un disparo de inicio de temporada, de declaración de intenciones.
Muñoz tuvo la ocasión de redimirse poco después. Se anticipó a George dentro del área para conectar de cabeza un centro magnífico de Daichi Kamada. El movimiento fue bueno, el envío también. El remate, no: el colombiano dirigió el balón fuera, rozando el segundo palo. Otra vez, el esfuerzo en la elaboración no encontró premio en la definición.
Everton, en cambio, no perdonó cuando tuvo la suya. Y en una Premier League que no concede margen, esa diferencia entre rozar el poste y encontrar la red puede marcar el tono de toda una temporada.






