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Eddie Howe deja el Newcastle tras un exitoso ciclo

Eddie Howe, el hombre que devolvió la grandeza a Tyneside, ya es pasado. El 30 de julio de 2026, el técnico que llevó al Newcastle a la Champions League y que levantó el primer título doméstico del club en 70 años confirmó su marcha de St James’ Park y dejó al fútbol inglés con la boca abierta.

No se fue cualquiera. Se fue el arquitecto de un proyecto.

Desde noviembre de 2021 hasta su adiós, Howe dirigió 231 partidos como entrenador de las Urracas, convirtiéndose en uno de los técnicos con mayor continuidad en la élite inglesa. En un campeonato que devora entrenadores, él había sido una rara excepción. Hasta que el viento cambió en el noreste.

Un proyecto que se deshace

La salida de Howe no llega sola. Newcastle pierde piezas a una velocidad que asusta. Anthony Gordon se ha marchado al Barcelona, Sandro Tonali ha puesto rumbo al Tottenham y Bruno Guimarães está a un paso de un traspaso de 75 millones de libras al Arsenal. Demasiado ruido alrededor de un equipo que, hace nada, parecía en pleno ascenso.

En ese contexto, hay quien entiende que Howe haya decidido saltar del barco. Para Chris Waddle, icono del Newcastle, el técnico puede ser incluso la pérdida más dolorosa de todas. En declaraciones a GOAL, el exjugador recordó el impacto del entrenador en Tyneside: Howe “construyó una buena plantilla”, aunque la última temporada fue un frenazo. Los fichajes no funcionaron, el equipo sufrió “semana tras semana” y el proyecto empezó a resquebrajarse.

Pese a ello, la huella futbolística de Howe es incuestionable. Su propuesta encajó con el ADN de la grada. Fútbol ofensivo, ritmo alto, presión, valentía. Justo lo que los Geordies exigen. Con ese plan conquistó la League Cup y metió al Newcastle dos veces en la Champions League. No es poca cosa para un club que llevaba décadas mirando el éxito desde lejos.

De equipo emergente a venta masiva

La sensación de desmantelamiento es evidente. Waddle apunta directamente a la combinación de salidas y apuestas de riesgo: perder a Tonali, perder a Gordon, incorporar tres jugadores jóvenes y prácticamente desconocidos, y ver cómo Guimarães se prepara para irse al Arsenal. Ante ese panorama, el técnico habría llegado a una conclusión clara: con este escenario, convertir al Newcastle en un equipo de top 4 o incluso top 6 se volvía una misión casi imposible.

Howe, según la lectura del exinternacional inglés, habría pensado que había llegado a su techo en St James’ Park. Que ya había hecho todo lo que estaba en su mano. Y que era el momento de dar un paso al lado antes de ver cómo el proyecto se diluía.

¿Inglaterra en el horizonte?

El nombre de Eddie Howe lleva tiempo circulando alrededor de la selección inglesa. Su perfil, su trabajo en Bournemouth y Newcastle, su capacidad para construir equipos reconocibles lo colocan de forma natural en la conversación cada vez que se habla del banquillo de los Three Lions.

Sin embargo, para Waddle, su aterrizaje inmediato en el combinado nacional no está sobre la mesa. Thomas Tuchel, pese a la decepcionante derrota en semifinales del Mundial 2026, seguirá contando con crédito. Su trayectoria en clubes es impecable y, aunque el fútbol de selecciones exija otro tipo de gestión, el exdelantero entiende que el alemán merece tiempo.

Inglaterra, a ojos de Waddle, hizo “un buen papel”, sin dar nunca la sensación de candidata firme al título. Un equipo competitivo, con una plantilla amplia y capaz de pelear con cualquiera, pero al que le falta algo. Le faltan perfiles. Concretamente, un número 10 de nivel alto y un extremo realmente diferencial. Dos piezas que, de aparecer, podrían cambiar el techo del equipo.

El consejo de Waddle: hacer la maleta

Con la puerta de Inglaterra cerrada a corto plazo, la gran pregunta es cuál será el siguiente paso de Howe. Waddle no duda: si estuviera en su lugar, se marcharía al extranjero uno o dos años.

Su argumento es claro. Conoce de sobra que Howe puede manejarse en la Premier League; ya lo ha demostrado. Lo que le falta, en su opinión, es ese salto que da el técnico que se mide a otras culturas futbolísticas, otros ritmos, otros vestuarios. Irse fuera para “aprender el oficio” desde otro ángulo.

Waddle subraya una diferencia clave: en muchos clubes europeos, el entrenador es, ante todo, un entrenador de campo, un coach, no un manager con poder total sobre fichajes y estructura. Ese matiz, cree, podría pulir aún más a Howe y prepararlo definitivamente para, dentro de dos años, llegar a la selección inglesa tras la próxima Eurocopa.

Mientras tanto, la Premier seguirá girando. Habrá banquillos que se tambaleen tras seis, diez jornadas. Habrá directivos tentados de llamar al técnico que transformó al Newcastle. Saben que funciona en la liga. Saben que puede construir.

La incógnita es si Howe elegirá el camino cómodo de volver rápido… o el más exigente: salir de su zona de confort, mirar al fútbol desde otro país y regresar, algún día, no solo como el hombre que levantó a un club, sino como el candidato inevitable al banquillo de Inglaterra.