Declan Rice listo para otro año de 60 partidos
Declan Rice no quiere oír hablar de sobrecarga. Ni de fatiga. Ni de freno de mano. El centrocampista del Arsenal, uno de los hombres que más minutos ha acumulado en Europa la pasada temporada, asegura que su cuerpo y su cabeza siguen listos para otro curso al límite.
Viene de un año interminable: carrera hasta la final de la Champions con el Arsenal, y después, semifinales de un Mundial con Inglaterra. En total, 69 partidos entre club y selección. Un calendario que desgasta a cualquiera. A él, no tanto, según cuenta.
“Creo que en las últimas seis temporadas, incluso desde mis días en West Ham cuando jugábamos en Europa, he disputado más de 60 partidos cada año”, recordó Rice. “Así que creo que es sostenible porque ya he demostrado que puedo hacerlo”.
No habla de aguantar por aguantar. Habla de nivel. De exigencia. De no esconderse.
“Se trata de mantenerlo, de mantener el nivel y la consistencia en las actuaciones. Para mí, eso es lo principal: aparecer cada semana, dar una buena versión de mí mismo y ayudar al equipo a ganar. He tenido la suerte de poder hacerlo. Y tengo muchísima hambre de volver a hacerlo esta temporada”.
Del desgaste del Mundial al reseteo total
Rice llega a este nuevo curso con una sensación distinta: la de haber vaciado el depósito… y haberlo vuelto a llenar. El mediocentro admite que el pasado verano arrastró una frustración silenciosa durante el Mundial, condicionado por problemas físicos y un calendario que no le dio tregua.
“Sí, fue duro”, reconoció al hablar de sus molestias durante el torneo. “Creo que todo el mundo sabía que tenía un problema neural en el isquiotibial. Pero, además, venía de una temporada de Premier League muy exigente, de la Champions, y después jugar un Mundial en ese calor te pasa factura”.
Rice no es de los que se dosifican. Lo dice con claridad.
“Soy un jugador que sale al campo queriendo estar fresco y dar el 100 % cada vez que me pongo la camiseta de Inglaterra”.
No siempre pudo. Y eso le quemaba por dentro.
“Hubo momentos en los que me sentí realmente, realmente bien, y otros en los que no sentía que estuviera bien”, admitió. A las molestias musculares se sumó un problema de salud justo antes de un partido clave. “Tuve la enfermedad antes del partido contra Noruega, lo que tampoco ayudó mucho. Así que hubo varias cosas que me frustraron, conmigo mismo, por no sentirme al 100 %”.
Aun así, no todo fue gris. Rice también se agarra a los días en los que sí se vio dominante. “Hubo partidos en los que me sentí realmente bien, como contra Congo. Es una de esas situaciones que simplemente tienes que gestionar”.
La solución llegó cuando el balón se detuvo. Nada de entrenamientos extra. Nada de giras interminables. Parar.
“Como dije, en verano me tomé un descanso completo”.
Un reseteo que ahora se nota.
Un Arsenal lanzado y un Rice liberado
El descanso veraniego coincide con un Rice que vuelve a sentirse ligero, justo cuando el Arsenal ha arrancado con paso firme en Europa. El equipo de Mikel Arteta comenzó la fase de liga de la Champions con una victoria trabajada: 1-0 frente al Napoli, resuelta con un gol de Martin Odegaard.
Rice fue otra vez pieza central en el plan. Sin rastro de la rigidez que le acompañó bajo las órdenes de Thomas Tuchel en Estados Unidos, cuando ese problema neural en el isquio le impedía sentirse fresco. Ahora habla de ese episodio como algo superado, una etapa incómoda que ya quedó atrás.
El contexto es claro: el Arsenal aspira a pelear por todo y Rice vuelve a situarse en el centro del proyecto, preparado para otro año de 60 partidos… o los que haga falta. La cuestión ya no es si aguantará. La cuestión es hasta dónde puede llevar a este Arsenal si mantiene ese nivel semana tras semana.






