canchaygol full logo

Danny Rohl: del caos en Ibrox a la calma en Salzburgo

“Algunos preguntaban por qué, pero sentí que ahora era el momento correcto. Puedo confirmarlo, es una buena decisión”. Danny Rohl no duda. A sus 37 años, el técnico alemán explica por qué dejó Rangers para asumir el banquillo de Red Bull Salzburg en junio.

Hoy su base es un despacho impecable en el centro de entrenamiento de Taxham, en las afueras de la ciudad. Detrás, los Alpes de Berchtesgaden se levantan como un mural permanente mientras Rohl repasa unos últimos 12 meses frenéticos: del incendio deportivo en Sheffield Wednesday a la tormenta de Glasgow, y de ahí a la relativa serenidad austríaca.

De levantar a Rangers a cambiar de vida en Hawái

En solo ocho meses en Ibrox, Rohl rozó una remontada de título que parecía imposible en plena temporada caótica. Tomó el equipo cuando Rangers era sexto en la SPL, con una sola victoria en ocho partidos. Lo devolvió a la pelea por el campeonato. Parecía un giro de guion épico.

Hasta que llegó el desplome final: cuatro derrotas en los últimos cinco encuentros y un tercer puesto que dejó un sabor amargo.

Rohl esperaba seguir. Y en el club también daban por hecho que continuaría. Pero una llamada durante sus vacaciones de junio le cambió el mapa.

Estaba en Hawái, con 12 horas de diferencia horaria, despierto al amanecer en la cubierta principal de un crucero. El mar, el sol, el teléfono. “Tuve algunas llamadas y pensé en la situación”, cuenta a BBC Sport. Entre el paisaje idílico, empezó a preguntarse: “¿Cuál es el futuro?”.

Habló con Rangers, con transparencia, como recalca. Les explicó cómo se sentía, cómo veía el proyecto. Al otro lado, Red Bull Salzburg, y en especial Marcus Mann, su director deportivo, le dibujaban otro horizonte. Un inicio desde cero, un grupo de jugadores de alta calidad, un club exigente pero con margen para construir.

“Dije desde el primer día a ambos que, si no había acuerdo, seguíamos adelante porque tengo un gran respeto por Rangers. Nuestra historia no estaba terminada”, recuerda. Pero la oportunidad de reiniciar, de empezar limpio, pesó más.

Derek McInnes, el técnico que llevó a Hearts al borde del título antes de perderlo en la última jornada ante Celtic, ocupó su lugar en Ibrox. La realidad no le ha dado tregua: tras la eliminación del jueves en la Europa League ante el Jagiellonia Bialystok polaco, McInnes encadena cuatro partidos sin ganar.

Rohl, que hablaba antes de esa derrota, subraya un concepto: “La consistencia es lo más importante. El entorno es realmente exigente. Cualquiera que vaya allí, ya sea entrenador, jugador o miembro del staff, tiene que entender que ese club es demandante y eso genera mucha presión para tomar las decisiones correctas. Nadie puede prepararse para ese paso… tienes que estar allí para sentir lo que significa”.

Un regreso a la órbita Red Bull con cuentas pendientes

Instalado ya en Austria, Rohl vuelve a un ecosistema que conoce bien. Arrancó su carrera como técnico en RB Leipzig bajo el mando de Ralph Hasenhüttl, al que después siguió a Southampton. Ahora se reencuentra con la constelación Red Bull en un momento delicado para Salzburg.

El club viene de perder el trono doméstico: tres temporadas sin levantar la Bundesliga austríaca tras una década de dominio absoluto con 10 títulos consecutivos. El curso pasado acabó tercero. El reto es evidente.

Su fichaje encaja con una constante en su trayectoria: decisiones valientes. “Es la parte principal de mi carácter, ser valiente. En los últimos tres años siempre he forzado el límite”, afirma. No es una frase vacía: define como “un milagro” haber salvado a Sheffield Wednesday del descenso en la 2023-24.

Su vara de medir en Salzburgo no admite interpretaciones: “Quiero ganar títulos y, después de la temporada, me evaluaré en base a ese resultado. Cuando tomas el cargo, la parte principal es ganar títulos, la copa y la liga, y en los últimos años no hemos podido ganar esto como club. Es uno de los grandes objetivos”.

El otro gran pilar es el desarrollo de jóvenes. Y ahí Salzburg tiene un historial que habla solo.

La fábrica de talentos y la batalla del modelo

El último en salir del escaparate de Taxham es Lucas Gourna-Douath, mediocampista muy cerca de unirse a Hull. Pero la lista reciente impresiona: Karim Adeyemi salió hacia Borussia Dortmund en 2022 y este verano ha dado el salto a Barcelona; antes, Erling Haaland utilizó su temporada 2019-20 en Salzburg como trampolín para firmar por Borussia Dortmund. Sadio Mané, Dayot Upamecano, Dominik Szoboszlai… todos pasaron por aquí.

Rohl, que también ha trabajado en Bayern Munich y con la selección de Alemania, sabe que el contexto ha cambiado: “Hace diez años éramos el modelo para otros clubes y ahora ves cada vez más en el mercado esta propiedad multiclub. Eso también se ha convertido en una competencia para nosotros”.

Su hoja de ruta es clara: “Quiero ganar títulos, desarrollar jugadores jóvenes, ser atractivos y quiero devolver a Salzburg a la luz en Europa”.

Remontada en Chipre y un inicio sólido en liga

El jueves, el equipo dio un primer síntoma de carácter europeo. En Pafos, Salzburg levantó un 2-0 en contra para empatar 3-3 y avanzar 4-3 en el global hacia la ronda de play-off de la Europa League, donde se medirá al Mjällby sueco. Un aviso de que el club no renuncia a nada fuera de sus fronteras.

En la Bundesliga austríaca, el arranque también deja señales positivas. El domingo visitan a WSG Tirol con cuatro puntos en dos jornadas: victoria ante Hartberg y un frustrante 1-1 en Wolfsberg, en un partido que dominaron de principio a fin.

“Nadie habló directamente de los ocho cambios o del motivo por el que no ganamos”, comenta Rohl, con una media sonrisa. “Analizamos el partido, tuvimos las ocasiones más claras y nos centramos realmente en el contenido, no buscábamos titulares. El foco principal está en el fútbol”.

Ese enfoque le da perspectiva. Y también aire.

De la obsesión de Glasgow al anonimato de Salzburgo

Su familia sigue viviendo en Leipzig, a unas pocas horas de viaje. Él, mientras tanto, se permite algo que en Glasgow era casi impensable: vida normal. Hace poco fue al teatro a ver “Jedermann”, obra del austríaco Hugo von Hofmannsthal, pieza central del Festival de Salzburgo, que lleva 106 años en cartel.

La ciudad le ofrece algo más que un proyecto deportivo: anonimato, calma, un ritmo distinto. “No se puede comparar, especialmente con Glasgow: allí todo gira en torno al fútbol”, admite, con cariño hacia Rangers y Wednesday. “Mira cuántos podcasts tienes después de cada partido. Tantas opiniones”.

En Salzburgo es otra cosa. “Aquí eres parte de la ciudad. Tienes aficionados leales, pero no tendrás esos apretones de manos de los hinchas en cada esquina, porque no es lo habitual aquí”, explica. Y lo disfruta. “Es agradable después de tres años intensos. Pregúntame, ojalá, dentro de tres años aquí qué me gusta más y entonces te lo diré. Pero de momento es genial caminar por la ciudad, cenar y estar un poco de incógnito”.

Entre las montañas, el teatro y la tranquilidad, Rohl ha elegido un lugar muy distinto para seguir empujando sus límites. Ahora falta ver si esa apuesta valiente le devuelve lo que busca: títulos, talento y el nombre de Salzburg brillando otra vez en Europa.