Chelsea: problemas defensivos a pesar del potencial ofensivo
Todo el ruido alrededor del Chelsea de Xabi Alonso gira en torno a lo mismo: lo que son capaces de hacer cuando atacan. Cómo frenar a JP Morgan, cómo contener a un equipo que no se ha quedado sin marcar ni una sola vez esta temporada.
Pero hay una verdad incómoda: si no eres capaz de mantener tu portería a cero, no hay delantera que te salve de la quiebra futbolística.
El 2-2 ante el Hull lo volvió a dejar al desnudo. Son ya 20 partidos seguidos de Premier League encajando goles. No es un bache puntual, es una tendencia que viene de lejos y que Alonso todavía no ha logrado corregir.
La llegada de un campeón del mundo y múltiple ganador del Trofeo Yashin como Emi Martínez sonaba a golpe maestro. Un guardián de élite para sostener el proyecto. Pero si los defensas que tiene delante no hacen lo básico, si se desconectan en los momentos clave, el argentino corre el riesgo de parecerse demasiado a Robert Sánchez: expuesto, desprotegido, obligado a apagar incendios imposibles.
El dato lo resume bien: el Hull generó 1,32 goles esperados en Stamford Bridge. Una cifra que refleja con bastante fidelidad la sensación del partido. No fue un festival de combinaciones brillantes del rival. Muchas de sus ocasiones llegaron servidas en bandeja por errores propios, malas lecturas y desajustes en la zaga del Chelsea.
Arriba, el potencial es evidente. Hay talento, hay chispa, hay gol. Es un equipo que engancha cuando acelera. Pero si Alonso quiere que su Chelsea pelee de verdad por títulos, tendrá que tirar de sus aprendizajes bajo las órdenes de José Mourinho: volver al oficio, al orden, a ese colmillo defensivo que hace que al rival le cueste un mundo generar ocasiones claras.
Liverpool tropieza en su primer examen de fondo
En Anfield, hace apenas unos días, se celebraba a lo grande. Andoni Iraola había logrado la primera victoria de su carrera en la Champions League, y nada menos que contra el Atlético de Madrid. Ese triunfo parecía inevitable tarde o temprano esta temporada. La duda estaba en otra parte.
Una de las grandes incógnitas del Liverpool 2024-25 era cómo iba a manejar su nuevo técnico un calendario cargado, después de brillar en Rayo Vallecano y Bournemouth sin el añadido de las noches europeas. El primer test serio llegó con el 0-0 frente al Fulham. Y el equipo no lo aprobó.
El Liverpool no encontró el ritmo que Iraola exige. Entró al partido frío, sin colmillo, y nunca consiguió sostener una marcha alta durante demasiado tiempo. El Fulham se ganó su primer punto de la campaña y, por momentos, dio la sensación de estar tan cerca de la victoria como el propio conjunto local.
La racha de imbatibilidad de Iraola como técnico del Liverpool sigue viva, una serie que, a nivel personal, arrastra desde la primera semana de enero por su tramo final con los Cherries. Pero el dato incómodo está en casa: dos partidos en Anfield, ante Nottingham Forest y Fulham, y solo dos puntos.
No basta.
En la sala de prensa, cuando le preguntaron si el cansancio explicaba el rendimiento del equipo, Iraola no se escondió: “Al final, esta es la explicación más fácil, para mí, para vosotros, para todos: nuestros jugadores estaban cansados. Creo que hay una falta de frescura, sin duda. No podemos ocultarlo”.
El técnico apuntó también al calendario: “Creo que es el peor cambio de un partido a otro, unas 60 y pico horas entre encuentros, después de un partido muy grande el otro día. Pero esto va a pasar más veces, quizá con un día más, quizá no”.
La realidad es que la exigencia no va a bajar. El Liverpool necesita encontrar respuestas dentro de ese mismo caos competitivo. Y el que tendrá que encontrarlas es Iraola.
Tottenham: millones invertidos, el gol sigue desaparecido
En el norte de Londres, el problema es mucho más simple de describir y, por ahora, igual de difícil de resolver. El Tottenham no marca. Y si no marcas, no ganas.
El empate sin goles ante el Everton alarga la racha a 400 minutos de Premier League sin ver puerta. Cuatrocientos. Demasiado para un equipo que ha gastado tanto y que presume de una batería de futbolistas creativos.
Lo llamativo es que muchos de esos generadores de juego estuvieron sobre el césped frente a los Toffees. Había talento para surtir de balones al área, para filtrar pases, para abrir defensas. Pero el hombre llamado a finalizar todo ese trabajo, el que debe cargar con la mayoría de los goles del equipo, apenas apareció. O, como mínimo, nunca fue encontrado.
La situación deja una conclusión clara: la condición física de Dominic Solanke se ha vuelto casi imprescindible para el Tottenham. Es el único nueve puro que tiene a su disposición Roberto De Zerbi. Si está sano, tiene que jugar. No es una cuestión de gusto, sino de necesidad. El club se ha dejado millones, pero no ha construido una alternativa real en esa posición.
El problema es que, cuando le tocó ser titular, Solanke ofreció muy poco. Sea por falta de ritmo tras sus últimos contratiempos físicos o por otro motivo, su actuación como referencia ofensiva quedó muy lejos de lo que se espera. Solo 19 toques en todo el partido. Menos que Kinsky, el guardameta.
Ese dato lo dice casi todo. El nueve no entra en juego, el equipo no encuentra el camino al gol y el Tottenham se queda sin victorias en liga. El mercado ya está cerrado. Las soluciones, ahora, solo pueden llegar desde dentro.






