Alexander Isak brilla en la victoria del Liverpool
Alexander Isak, el delantero de 125 millones de libras que Liverpool llevaba un año esperando, por fin apareció… y lo hizo torturando a Ipswich Town. A su lado, Cody Gakpo firmó una actuación tan completa que en Anfield más de uno se alegró de que nunca hiciera las maletas.
El marcador cuenta una historia sencilla: 0-2 en Suffolk, dos goles de Isak en los primeros nueve minutos, primer triunfo de la temporada en la Premier League y primera victoria de Andoni Iraola desde que sustituyó al destituido Arne Slot. Trámite resuelto pronto, noche plácida. Pero el peso real del partido va mucho más allá del resultado.
Isak, por fin el de Newcastle
Hay que encuadrar el triunfo. Fue ante un recién ascendido Ipswich Town, valiente, pero que ya había encajado cinco goles la semana anterior en casa de Manchester United y que, de momento, se muestra vulnerable ante cualquier ataque con colmillo.
Dentro de ese contexto, lo que de verdad importó fue que Isak, por primera vez desde que llegó, se pareció al futbolista por el que Liverpool rompió en su día el récord de traspaso británico para arrancarlo de Newcastle United en una operación tensa y amarga el pasado verano.
Esta vez, el sueco fue todo lo que no había sido en su primer curso: incisivo, agresivo, conectado. Y, sobre todo, letal.
La temporada pasada se le vio como un alma en pena. Aterrizó fuera de forma tras forzar su salida de Tyneside, luego encadenó problemas físicos y dejó la sensación de ser uno de los fichajes más caprichosos y caros de la historia del fútbol inglés. Mientras tanto, Hugo Ekitike le robaba el foco, sus números se quedaban desnudos y él se hundía con el resto en una defensa desastrosa del título que acabó costándole el puesto a Slot apenas un año después de levantar la Premier League.
Los datos eran demoledores: 22 partidos, 1.033 minutos, solo cuatro goles, uno cada 258 minutos. En liga, 14 encuentros, 703 minutos, tres tantos, uno cada 234 minutos. Cifras impropias de un delantero de su coste, más aún en un equipo construido para dominar.
Ahora, apenas iniciado el curso, ya ha igualado ese registro liguero. Pero lo que más alimenta la fe de Iraola y del club no son solo los goles. Es su lenguaje corporal, su manera de atacar los espacios, la sensación de que, por fin, han descifrado el código Isak.
Un plan claro y un socio perfecto
Liverpool le utilizó donde siempre fue más dañino en Newcastle United: al límite del fuera de juego, atacando la espalda de los centrales, presionando a toda velocidad. Ese Isak, vertical y agresivo, desapareció casi por completo el año pasado con la camiseta roja. En Portman Road, reapareció.
La presión surtió efecto muy pronto. Dos zarpazos en nueve minutos y el partido encarrilado. A partir de ahí, Liverpool manejó el ritmo, Iraola respiró y el sueco jugó con una confianza desconocida hasta ahora en Anfield.
Todo ello, sostenido sobre una sociedad que pudo no existir. Gakpo, que estuvo a un paso de estar en el noroeste preparando el partido de Manchester City ante Coventry City en el Etihad Stadium, se movió entre líneas, pidió la pelota, marcó los tiempos y encontró una y otra vez a Isak al espacio. La operación con City se vino abajo y Liverpool, visto lo visto, salió ganando.
Barcola enciende la banda… pero manda Isak
La noche traía otro foco: el debut de Bradley Barcola. El extremo, fichado por 123 millones de libras desde Paris St-Germain, apenas dispuso de 26 minutos, pero le bastaron para dejar una promesa clara: velocidad devastadora, desborde, esa chispa que obliga a los defensas a recular.
Para cualquier otro, habría sido el titular del día. No para Isak.
El sueco se adueñó de la escena. Goles, movimientos, trabajo sin balón. Todo lo que se le había exigido desde que llegó, comprimido en menos de una hora sobre el césped de un recién ascendido.
Liverpool necesitaba señales después de una campaña de desplome y un verano de cambios en el banquillo. En Ipswich no solo encontró su primera victoria liguera con Iraola. Encontró, o al menos vislumbró, al delantero por el que pagó una fortuna.
Si este es el Isak que ha venido para quedarse, la narrativa de la temporada puede cambiar muy rápido en Anfield.






