Tottenham se prepara para brillar en la Women’s Super League
El mensaje es claro en Hotspur Way: Tottenham ya no quiere ser un invitado correcto en la Women’s Super League. Quiere sentarse en la mesa de las grandes.
El verano lo ha dejado desnudo de dudas. El club ha invertido, ha planificado y ha asumido riesgos para dar un salto definitivo en la élite. Sobre el papel, la plantilla que dirige Martin Ho tiene argumentos para incomodar a cualquiera de los gigantes de la liga.
Un proyecto que se acelera
La quinta plaza de la pasada temporada en la WSL no fue un accidente. Llegó después de un curso anterior en el que el equipo coqueteó peligrosamente con el descenso. El giro ha sido radical y, esta vez, Tottenham ha decidido no esperar a que el mercado le pase por delante.
La llegada de Alice Sombath desde Lyon, nuevo fichaje récord del club, es una declaración de intenciones. Un verano después de desembolsar alrededor de 375.000 libras por Signe Gaupset en enero, el club vuelve a romper su techo económico por una defensora llamada a marcar época en el proyecto.
Alrededor de ella, el plan se completa con piezas muy concretas: las delanteras Shekiera Martinez y Kirsty Hanson, la central Caitlin Dijkstra, la centrocampista Victoria Pelova y la guardameta Selma Panengstuen. No son simples retoques; es una reconfiguración de nivel europeo.
La pregunta ya no es a quién ha fichado Tottenham, sino para qué.
Siete temporadas, un cambio de escala
Es solo la séptima campaña del club en la máxima categoría, pero la evolución interna ha sido profunda. Más personal, mejores recursos, instalaciones de entrenamiento reforzadas y una estructura que ya no se parece en nada a la del recién ascendido de 2019.
El equipo femenino tiene base propia en el centro de entrenamiento de Hotspur Way, un símbolo de identidad y pertenencia dentro del club. El golpe llegó esta semana, con el bloqueo judicial del proyecto de una nueva academia para mujeres y niñas. Un freno importante, aunque no definitivo, en la expansión de la estructura.
Tottenham ya ha demostrado que sabe moverse en escenarios grandes. Pocos meses después del ascenso, casi 40.000 personas acudieron al Tottenham Hotspur Stadium para un derbi del norte de Londres ante Arsenal. No ganó en el marcador, pero sí en visibilidad. Un año más tarde, el club sorprendió al mundo con la llegada, aunque fuese en cesión de corta duración, de la estrella estadounidense Alex Morgan, recién salida de la maternidad. Y en 2024, el equipo alcanzó la final de la Women’s FA Cup.
El impulso, sin embargo, no siempre fue lineal. Una temporada decepcionante bajo el mando de Robert Vilahamn en 2024-25 acabó con su destitución. La llegada de Martin Ho cambió el tono: en su primer curso, el equipo volvió a escalar en la tabla y recuperó el pulso competitivo.
Un plan de fichajes con calendario propio
Desde que Ho aterrizó en julio de 2025, Tottenham trabaja con un plan de reclutamiento a 12 meses vista. Nada de improvisaciones de última hora. El cuerpo técnico y la dirección deportiva marcaron objetivos claros para las tres ventanas de fichajes siguientes.
Las negociaciones con la delantera Cathinka Tandberg y la defensora Toko Koga, que llegaron en 2025, ya estaban muy avanzadas incluso antes de que Ho firmara su contrato. Hoy son piezas clave en su pizarra. El mensaje es evidente: el club no ficha al margen del entrenador, sino en sintonía con él.
Ho se tomó su primer verano para mirar con lupa lo que tenía. Evaluó, descartó, protegió y, a partir de ahí, empujó una evolución profunda de la plantilla. Fuentes internas del club insisten en que todos los objetivos prioritarios de enero se cerraron, y que este verano ha ocurrido lo mismo, pese a que la ventana continúa abierta hasta el 3 de septiembre.
El objetivo era cerrar rápido para que Ho pudiera trabajar con el grupo completo durante toda la pretemporada. No se trata solo de acumular nombres, sino de construir automatismos, jerarquías y una identidad reconocible.
En paralelo, el director general Andy Rogers, con 24 años de servicio en el club, ha liderado este mercado con una idea clara: dejar al Tottenham femenino en una posición sólida antes de su salida y garantizar una transición ordenada en los despachos.
Mirando a Europa sin complejos
La gran incógnita es qué rendimiento real ofrecerá todo este esfuerzo cuando la temporada eche el telón. Lo que sí está claro es que Tottenham ya no pelea por sobrevivir en la WSL. Se ha consolidado como club de primera línea y dispone de recursos fuera del césped para apuntar más arriba.
Martin Ho no se esconde en su discurso: el objetivo es competir con las mejores de la WSL y construir un equipo preparado para jugar en Europa. El problema es que el acceso a la Women’s Champions League es un cuello de botella feroz: solo los tres primeros puestos dan billete, y esos asientos suelen llevar el nombre de Arsenal, Chelsea, Manchester City y Manchester United.
Romper ese bloque supone un salto casi generacional para un club como Tottenham. Y no está solo en la carrera. London City Lionesses y Brighton también han pisado el acelerador, con inversiones ambiciosas y un discurso similar: irrumpir en el top 3.
Ese contexto ha actuado como un disparador para Spurs. El club sabe que no puede quedarse quieto mientras el mercado femenino vive una escalada de cifras y récords de traspasos. Quien se duerma ahora, lo pagará caro dentro de unos años.
Un juego sin techo salarial claro
Todo esto ocurre en un momento delicado para el fútbol femenino. Las conversaciones sobre regulaciones financieras y límites salariales están aún en pañales. El resultado es un escenario en el que los clubes que quieran y puedan pueden inyectar grandes cantidades de dinero sin encontrar demasiada resistencia regulatoria. Esa barra libre, sin embargo, podría acortarse pronto.
Tottenham ha elegido este momento para dar un golpe también en el plano masculino. El gasto en el equipo femenino coincide con una ventana agresiva para el conjunto de la Premier League, que busca levantarse tras una campaña tan pobre que rozó el descenso.
No es una casualidad, sino parte de un cambio de rumbo global tras la salida del presidente Daniel Levy en septiembre de 2025 y la posterior reconfiguración del consejo. La llegada de Vinai Venkatesham como director ejecutivo en abril de 2025, procedente de Arsenal, añade otro matiz: fue una figura clave en el éxito del proyecto femenino en su anterior club y pretende replicar esa fórmula en el norte de Londres… pero ahora de blanco.
Juventud, gol y una grada por conquistar
El diseño de la plantilla sigue una lógica reconocible: combinar algunas de las mejores jóvenes de Europa con goleadoras ya contrastadas en la WSL. Nombres como Gaupset y Sombath representan el futuro; Hanson y Martinez, el gol inmediato.
La idea es ofrecer a Ho un grupo moldeable, con margen de crecimiento, pero capaz de competir desde ya. Un equipo que pueda aprender a ganar grandes partidos mientras se acostumbra a vivir cerca de la zona alta.
Queda, sin embargo, un desafío mayúsculo: la grada. La media de asistencia la pasada temporada en la WSL fue de apenas 1.734 espectadores, una cifra maquillada por algunos partidos puntuales en el Tottenham Hotspur Stadium con mayor afluencia.
El club quiere crecer en el césped, pero necesita que esa evolución se vea reflejada en las gradas semana tras semana, no solo en las grandes citas. Ahí se juega otra batalla: convertir al Tottenham femenino en un hábito para su afición, no en un evento ocasional.
El proyecto ya ha mostrado músculo económico y ambición deportiva. La cuestión, ahora, es si podrá transformar esa inversión en algo aún más difícil de comprar: la sensación de que, cuando se hable de Europa, el nombre de Tottenham deje de sonar como aspirante y empiece a hacerlo como invitado fijo.






