St Mirren: Dos Victorias y un Futuro Prometedor
El contexto lo es todo. En el fútbol, y más aún en un arranque de temporada en Escocia, puede elevarte o dejarte expuesto. Para St Mirren, estas dos primeras jornadas de la Premiership 2026-2027 han sido exactamente eso: un examen de carácter disfrazado de calendario amable.
En Falkirk, con el rival tocado por la marcha de jugadores clave en el mercado, el cuadro de Paisley se encontró con un estreno a domicilio que, sobre el papel, podía haber sido bastante peor. No era Celtic en Glasgow, no era Rangers en Ibrox. Era una oportunidad. Y también una trampa.
En casa, el algoritmo del calendario volvió a sonreírles. St Johnstone, recién ascendido y todavía muy apoyado en el bloque que conquistó el Championship, se presentó como primer visitante. Un contraste evidente con el curso anterior, cuando en ese mismo fin de semana los pioneros del totaalvoetbal, Motherwell, aterrizaron en Paisley para marcar territorio desde el primer día.
Parecía un inicio razonable. Menos glamour, menos ruido, menos presión externa. Pero ahí se escondía el riesgo. Los partidos “ganables” son los que más castigan a los entrenadores novatos cuando algo se tuerce.
La temporada pasada dejó una imagen poderosa: un 1-0 encajado en los últimos minutos ante Celtic en Glasgow. Cero puntos, sí, pero una declaración rotunda de que el St Mirren de Stephen Robinson podía morder hasta el final a rivales mucho más ricos. Derrota, pero con prestigio.
Este año, el escenario emocional habría sido muy distinto. Un 1-0 en contra ante Falkirk o St Johnstone, en plena fase de aterrizaje de un nuevo técnico y sus ideas, habría sido dinamita. Dudas, ruido, nervios. Caos.
McLeish entra sin pedir permiso
Por ahora, nada de eso. Craig McLeish ha irrumpido en la Premiership con dos victorias de dos. Dos partidos, seis puntos, dos porterías a cero. El tipo de arranque que no resuelve una temporada, pero sí marca el tono del vestuario.
Los detalles cuentan. Y en este St Mirren, los detalles empiezan a dibujar un patrón.
Dos penaltis en dos jornadas: uno detenido, otro convertido. Tres goles ligueros ya para Killian Phillips, instalado con gusto en el rol de mediapunta, disfrutando la vida “como un 10” y encontrando zonas de influencia donde duele al rival. Ocho debuts en liga, una cifra que habla de valentía y de apuesta por renovar energías.
Y, quizá lo más significativo, tres jóvenes escoceses —posiblemente cuatro— asumiendo papeles protagonistas. No como relleno, sino como motores de una propuesta que mira hacia adelante, no hacia el retrovisor.
Un equipo joven, un fútbol sin complejos
Seis mil quinientos aficionados de St Mirren, los Buddies, han sido testigos directos de algo que se siente distinto. Fútbol de cara al rival, agresivo, con el equipo adelantado y la cabeza levantada. Un grupo joven, con margen de crecimiento y sin miedo a exponerse.
No es un despliegue de fuegos artificiales, es algo más básico y, a la vez, más valioso: identidad. Un plan reconocible en apenas dos jornadas, sostenido por resultados, que da a McLeish un colchón mínimo pero crucial para seguir construyendo sin mirar de reojo al marcador en cada decisión.
El contexto, ese viejo juez del que hablaba la sociología, ha jugado a su favor en el calendario. Pero St Mirren ha hecho algo que no siempre ocurre: ha estado a la altura de ese contexto. Ha convertido dos partidos “trampa” en dos victorias limpias, sólidas, sin concesiones atrás.
Quedan treinta y seis jornadas. Un mundo. Pero en Paisley ya hay una certeza: este equipo no ha venido a sobrevivir en silencio. Ha venido a decir algo en voz alta. La cuestión es cuánto durará este tono y hasta dónde puede llevarles.






