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Saibari se rompe en pleno vuelo: el golpe que congela a Marruecos

Ismael Saibari se llevó la mano a la parte posterior del muslo derecho, frenó en seco y miró al banquillo. No hicieron falta gestos grandilocuentes. A los 22 minutos del partido ante Canadá, el futbolista que había encendido el Mundial de Marruecos entendió al instante que algo no iba bien.

Pidió el cambio de inmediato. Nada de probar un sprint más, nada de orgullo mal entendido. Cayó de rodillas, recibió la primera atención sobre el césped y, entre gestos de dolor y frustración, dejó el campo mientras el estadio de Houston se quedaba en silencio unos segundos antes de volver al ruido habitual. El 3-0 final ante Canadá maquilló el susto, pero no lo borró.

El máximo goleador, en el alambre

No es una baja cualquiera. Saibari es, hasta ahora, el máximo goleador de los Atlas Lions en este Mundial, con tres tantos. Marcó contra Brazil, Scotland y Haiti en la fase de grupos, se convirtió en el faro ofensivo del equipo y llegaba a los cuartos de final en el mejor momento de su carrera.

Por eso la imagen inquieta tanto. Las primeras informaciones apuntan a una lesión muscular en la parte posterior del muslo derecho, compatible con una lesión de isquiotibiales. El tipo de problema que no solo duele: también asusta, porque suele exigir tiempo y prudencia.

El cuerpo técnico reaccionó con cabeza fría. Tras la valoración inicial sobre el césped, el seleccionador decidió no arriesgar ni un minuto más y dio entrada a Soufiane Rahimi, pensando más en el torneo que en el partido. Marruecos no sufrió: dominó, goleó y certificó el 3-0. Pero todas las miradas, al terminar, estaban en el túnel de vestuarios, no en el marcador.

Las pruebas médicas, previstas en las próximas horas, pondrán cifras y plazos a la preocupación. Hasta entonces, solo hay una certeza: su disponibilidad para lo que queda de Mundial está seriamente en duda.

Un historial que pesa

El contexto agrava la sensación de alarma. Saibari ya sabe lo que es pelear contra su propio cuerpo. Este mismo año, entre abril y mayo, se perdió alrededor de un mes de competición y tres partidos con PSV Eindhoven en la Eredivisie por una lesión muscular. Otro contratiempo, también muscular y no detallado, lo tuvo 22 días fuera entre abril y mayo de 2023.

No es un caso aislado ni un simple tirón inoportuno. Su historial dibuja un patrón de problemas musculares que ahora reaparece en el peor momento posible: un Mundial en el que Marruecos vuelve a plantarse en cuartos de final por segunda edición consecutiva y en el que él se había erigido en símbolo de una generación sin complejos.

Su biografía médica arranca mucho antes. De niño, una afección congénita en el pie le impidió caminar con normalidad hasta aproximadamente los dos años. Lo corrigió con tratamiento ortopédico y, a partir de ahí, construyó una carrera que lo ha llevado a la élite europea. Esa condición infantil no tiene relación con la lesión sufrida ante Canadá, pero recuerda que el camino de Saibari nunca ha sido sencillo.

De PSV a Bayern Munich, y ahora la incertidumbre

El golpe llega, además, justo después del gran salto de su carrera. Saibari acaba de cerrar su traspaso a Bayern Munich desde la Bundesliga por una cifra cercana a los 63 millones de dólares (55 millones de euros), con un contrato que se extiende hasta 2031. Una apuesta a largo plazo, propia de un club que no suele equivocarse cuando invierte de esa forma.

Ese movimiento lo colocaba en el escaparate mundial como uno de los nombres del presente y del futuro. El Mundial estaba siendo su mejor carta de presentación. Goles decisivos, personalidad con la pelota, jerarquía en tres cuartos de campo. Todo encajaba.

Hasta que el muslo dijo basta.

Marruecos, entre la euforia y el miedo

El vestuario vive ahora una mezcla incómoda: euforia por el 3-0 y el billete a cuartos, preocupación por la posible ausencia de su futbolista más determinante en ataque. En un torneo de márgenes mínimos, perder a un jugador así puede cambiar el mapa.

La selección ha demostrado solidez colectiva, oficio y una capacidad admirable para competir contra cualquiera. Pero Saibari aportaba algo distinto: gol, desequilibrio y esa sensación de que, si la jugada se enreda, él puede inventar algo.

Las próximas horas serán clave. El parte médico definirá si lo de Houston fue solo un aviso o el frenazo brusco a un Mundial que pintaba para ser el de su consagración definitiva. Marruecos ya está otra vez entre los ocho mejores del planeta.

La pregunta es si podrá seguir soñando con su gran figura sobre el césped o si tendrá que reinventarse sin él en el tramo más cruel del torneo.

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