La noche en que Romeo Lavia superó su bloqueo mental
La pretemporada de Chelsea ya es historia. Los focos se mueven hacia el debut en la Premier League, pero del tour queda una escena que dice mucho más de lo que parece sobre Romeo Lavia y sobre Xabi Alonso.
En Yakarta, ante AC Milan, Lavia completó 90 minutos. Puede sonar rutinario para un centrocampista de élite. Para él, no lo era en absoluto.
No jugaba un partido completo con Chelsea en competición desde hace tres años. Ni siquiera en amistosos: la última vez que había llegado hasta el final en un duelo de preparación fue hace dos temporadas. Un vacío enorme para un futbolista de 20 años que llegó a Stamford Bridge señalado como pieza de futuro… y que se encontró atrapado en un cuerpo que no le respondía.
Alonso detecta el bloqueo
Según informó Kieran Gill en el Daily Mail, Alonso percibió algo más profundo que una simple falta de ritmo. Habló con Lavia, escuchó el relato de su historial de lesiones, ese “infierno” que lo ha acompañado, y detectó un bloqueo mental: el propio jugador dudaba de su capacidad para terminar un encuentro.
Ahí apareció el entrenador gestor, no solo el táctico.
En Yakarta, Alonso tomó una decisión clara: alinear a Lavia contra AC Milan… y no tocarlo. Nada de cambios protectores, nada de “no hay que forzar”. Otro técnico quizá habría mirado el reloj a la hora de juego y habría levantado el cartel. Alonso eligió lo contrario: que el belga sintiera las piernas pesadas, que atravesara esa barrera psicológica, que supiera que sí podía.
El plan fue sencillo y brutal: 90 minutos o 90 minutos.
Piernas de gelatina, vestuario eufórico
El pitido final llegó y Lavia lo había logrado. Exhausto, con las piernas como gelatina, pero entero. Sus compañeros lo arroparon en el césped y después en el vestuario, conscientes de que no era solo un amistoso más de verano, sino un pequeño punto de inflexión para un jugador que lleva demasiado tiempo peleando contra su propio cuerpo.
La escena tuvo incluso un toque muy terrenal. Unas doce cajas de Pizza Marzano, del local cercano al estadio, aparecieron en el vestuario de Chelsea. Un premio sencillo, casi infantil, para un momento enorme en la cabeza de Lavia: 90 minutos, sin red, sin recaídas, con el entrenador confiando en él hasta el último segundo.
No fue una noche de títulos ni de grandes titulares. Fue, quizá, algo más importante para el futuro del mediocentro: la prueba de que puede volver a sentirse futbolista de partido completo. Y a partir de ahora, con la Premier a la vuelta de la esquina, la pregunta es obvia: ¿ha sido este el primer paso de Romeo Lavia hacia el rol protagonista que Chelsea lleva tanto tiempo esperando?






