Raúl Asencio y su última oportunidad de tratamiento
Raúl Asencio se agarra a su última oportunidad
Raúl Asencio está intentando esquivar el quirófano como quien evita una entrada a destiempo. El defensa del Real Madrid afronta estos días un último intento de tratamiento para no quedarse dos meses fuera de los terrenos de juego.
Ya había superado una lesión en el cuádriceps de la misma pierna, que le había apartado esta temporada. Cuando parecía haber dejado atrás ese problema, la tibia ha vuelto a encender todas las alarmas.
El dolor viene de lejos. Según informa Marca, Asencio arrastra molestias en la espinilla desde la pasada campaña. La zona nunca terminó de curar como estaba previsto y el hueso se ha convertido en un foco constante de preocupación.
Tratamiento a contrarreloj en Valdebebas
El defensa ha iniciado un nuevo plan de trabajo en Valdebebas. Varias sesiones ya completadas, centradas en aliviar la tensión y acelerar la recuperación de la zona dañada. Es, literalmente, un pulso contra el tiempo y contra el bisturí.
Si este tratamiento no funciona, el siguiente paso es claro: operación. Y con ella, entre seis y ocho semanas de baja. Dos meses fuera en un momento clave del curso.
No es una historia que arranque ahora. El tramo final de la temporada pasada ya estuvo marcado por los problemas físicos en la plantilla del Real Madrid. Asencio fue uno de los que más arriesgó.
Con la defensa en cuadro, se negó a parar. Preguntado entonces por la posibilidad de descansar, fue tajante: «No voy a parar ahora, imposible». Una frase que retrata bien el contexto: el equipo en crisis, el jugador dispuesto a poner el cuerpo por delante de cualquier prudencia médica.
Una solución a medias que hoy pasa factura
Para poder seguir compitiendo, se buscó una solución intermedia. Asencio se sometió a un tratamiento mínimamente invasivo en la tibia para eliminar células anómalas del tejido cicatricial, donde se habían formado crecimientos óseos mal curados.
Aquello no bastó. La curación fue incompleta y, según la información publicada, incluso pudo debilitar el hueso, con el riesgo real de que una simple fisura terminara en fractura. El cuerpo médico optó entonces por ganar tiempo: tratamiento conservador, nada de cirugía inmediata, y el jugador disponible para ayudar al equipo.
Acabada la temporada, el plan parecía sencillo: descanso, recuperación y paciencia. Meses para que la tibia respondiera tras un año de máxima exigencia.
No respondió. Al contrario. El estado de la espinilla empeoró y la amenaza sobre su temporada volvió a aparecer. La posterior lesión de cuádriceps en la misma pierna no ayudó: obligó a modificar cargas, ejercicios y sensaciones durante la pretemporada, sumando tensión a una zona ya castigada.
Un último intento antes del bisturí
Ahora todo se reduce a este último esfuerzo. El nuevo tratamiento ya está en marcha en Valdebebas, con el objetivo de liberar presión en el hueso y permitir que la zona cicatrice sin necesidad de operar.
Las expectativas, sin embargo, son limitadas. Si la respuesta no es la adecuada, el camino llevará irremediablemente al quirófano y a unas ocho semanas de ausencia.
Asencio ya eligió una vez jugar al límite para sostener al equipo. Esta vez la decisión no pasará por su voluntad, sino por lo que dicte una tibia que amenaza con marcar su temporada. ¿Aguantará el hueso… o se impondrá por fin el bisturí?






