Old Firm: Rangers y Celtic buscan un pase a semifinales
El primer Old Firm de la temporada llega cargado de pólvora. No es solo orgullo. En juego está un billete para las semifinales de la League Cup y, de fondo, una batalla de poder entre dos equipos que llegan lanzados a Ibrox.
Celtic ha firmado un pleno impecable en liga: seis victorias de seis en la Scottish Premiership. Rangers, tras un arranque dubitativo, encadena cuatro triunfos consecutivos y ha empezado a parecerse al bloque que su afición exige. Y todo esto con otro choque liguero entre ambos a solo siete días, al otro lado de la ciudad.
McInnes, del recuerdo amargo al mayor examen
Derek McInnes vuelve a cruzarse con Martin O'Neill con una herida aún reciente. La última vez que se vieron las caras fue en el partido que decidió el título de la Premiership la temporada pasada, cuando su Hearts cayó de forma dolorosa en el que acabaría siendo su último encuentro al mando en Tynecastle.
Ahora, con 55 años, dirige a Rangers en el escenario más grande del fútbol escocés. No es nuevo en noches de tensión extrema: se ha enfrentado a Celtic 61 veces como técnico, con 10 victorias en su historial. Conoce el monstruo. Lo ha mirado a los ojos muchas veces.
Como jugador de los Gers solo vivió un Old Firm… y lo ganó. Pero el domingo será distinto. Será su primera vez en este duelo desde el banquillo de Ibrox, con 50.000 gargantas empujando o juzgando cada decisión.
En el otro lado, Martin O'Neill se mueve en terreno familiar. Ha dirigido a Celtic en este derbi en 28 ocasiones y ha salido victorioso en 16. Su porcentaje habla claro. Sabe cómo manejar la marea emocional, cuándo enfriar el partido y cuándo soltar a los suyos.
Delanteros en el aire y un once por definir
La primera gran decisión de McInnes se sitúa en la punta de ataque. Sin el capitán Lawrence Shankland ni Youssef Chermiti, el plan ofensivo de Rangers necesita una pieza clave.
Ryan Naderi se ganó seguir en el once en el triunfo entre semana ante St Mirren, premiado por el gol decisivo frente a Motherwell tras sustituir al lesionado Shankland. Completó los 90 minutos, pero el tanto que decidió el choque llevó la firma de un suplente: Bojan Miovski. El exdelantero de Aberdeen aprovechó su momento y ahora empuja fuerte para colarse en la alineación inicial en el partido más grande del curso hasta ahora.
Kevin Kelsy también entra en la ecuación. El atacante, fichado por 9 millones de libras desde Portland Timbers en el cierre del mercado, fue titular por primera vez con Rangers esta semana. Todavía no se ha estrenado como goleador con su nuevo club. La pregunta es evidente: ¿es un Old Firm el escenario adecuado para que busque su primer grito de gol, o un riesgo innecesario?
En Celtic, O'Neill movió el árbol en la victoria a mitad de semana en el campo de St Johnstone, con cinco cambios para dosificar a hombres clave pensando en Ibrox. Camilo Duran, con seis goles esta temporada, apunta a regresar al once. El propio técnico admitió que lo echaron de menos en Perth.
Duran entró desde el banquillo por Haissem Hassan y ocupó la banda derecha, mientras Kasper Hogh, recién recuperado de lesión, fue el elegido para el rol de ‘9’. Ahora se abre un dilema interesante: ¿desplazar a Duran al centro y dejar fuera al danés, o juntar a ambos en un once más agresivo en un territorio tan hostil?
En defensa, Cameron Carter-Vickers descansó por completo tras haber sido titular en todos los partidos del curso. Dane Murray respondió con una actuación sólida, pero la experiencia y jerarquía del internacional estadounidense pesan mucho en este tipo de noches. O'Neill deberá decidir si premia el rendimiento reciente o vuelve a su líder habitual atrás.
Bajo palos, otra incógnita. El cedido por Wolves, Sam Johnstone, fue titular por delante del habitual Viljami Sinisalo y dejó una portería a cero acompañada de una parada clave con 0-0. Con ese rendimiento y sabiendo lo que significa Ibrox en ebullición, el técnico debe elegir: continuidad para el guardameta inglés o vuelta al plan original con el finlandés.
Un Ibrox sin voces visitantes
El contexto en la grada será tan llamativo como lo que ocurra sobre el césped. Solo aficionados de Rangers ocuparán las 50.000 localidades de Ibrox en este duelo de cuartos de final de la League Cup. La decisión llega ordenada por las autoridades tras la disputa por el reparto de entradas entre los dos gigantes de Glasgow.
Ambos clubes habían acordado en su día un 5% de aforo para la afición visitante en todos los partidos de SPFL en ambos estadios. Ese pacto saltó por los aires tras los incidentes entre hinchas en el partido de la Scottish Cup de marzo y un posterior informe independiente que llevó a revisar los acuerdos.
Celtic ya sabe lo que es visitar Govan sin el respaldo de los suyos en la grada… y ganar. Ese precedente reduce la preocupación en el entorno de Parkhead, aunque nadie en el vestuario duda de que el rugido de un Ibrox monocolor puede pesar en los primeros minutos.
La voz de los banquillos
Derek McInnes tiene claro dónde puede estar una de las grandes armas de Rangers: en la grada.
“Tenemos que traer a la afición con nosotros”, subraya. Sabe que no dominarán el encuentro de principio a fin. “No vas a jugar contra Celtic y dominar el partido durante 90 minutos. Tendremos fases, ellos tendrán fases, es así”. Para el técnico, la clave está en conectar con ese muro azul desde el inicio, en evitar que la impaciencia se convierta en un problema: “Es importante aprovechar esos 50.000 detrás de nosotros, que estén con los jugadores, que los apoyen, que les cubran las espaldas, no que estén encima de ellos, y hacerle el partido lo más duro posible a Celtic”.
McInnes lamenta que en los últimos encuentros su equipo no haya sabido convertir el dominio en marcador más amplio, pese a dos victorias por 1-0. Pero ve ahí también una oportunidad: “Si logramos ponernos por delante, dar a la grada algo a lo que aferrarse, la fuerza de nuestro club puede quedar a la vista”. Y remata con una idea fija: si el equipo rinde con la intensidad adecuada y la afición responde, detener a Rangers será “difícil”.
En el lado verde, Martin O'Neill se mueve entre los nervios y la excitación previa al gran clásico. “Lo espero con ganas, con los nervios habituales, con emoción. Es un gran partido”, reconoce. También admite que la ausencia de aficionados de Celtic en Ibrox le resultará extraña: “Siempre sentí que te daban un pequeño consuelo, de alguna forma. Pero es lo que hay”.
El técnico explicó que la policía visitó al grupo para una breve charla de 15 minutos, centrada en recordatorios sobre el comportamiento. O'Neill lo ve como algo útil, un toque a tiempo en un entorno siempre inflamable. “Sería fantástico tener algo que celebrar”, apunta, ligando la conducta del equipo a la imagen global del club.
Sobre el ambiente, no tiene dudas. Recuerda el partido de liga en el que Celtic se vio 2-0 abajo muy pronto y cómo Ibrox rugió “tan fuerte como nunca”. Aquella vez, la respuesta del conjunto de Parkhead también encendió a su propia hinchada en el tramo del “split”. Ahora, sin sector visitante, el técnico insiste en que el clima se generará solo: el derbi, por sí mismo, lo enciende todo.
Mucho más que un pase de ronda
Rangers no levanta un título desde 2024. Celtic busca recuperar el único trofeo doméstico que se le escapó la temporada pasada. Hay un cupo en semifinales en juego, sí, pero el impacto va más allá: impulso anímico, poder simbólico y un golpe directo al eterno rival a las puertas de otro cara a cara liguero.
Con un Ibrox cerrado sobre sí mismo, dos técnicos con historias cruzadas y decisiones clave todavía en el aire, el Old Firm vuelve a presentarse como lo que siempre ha sido: un partido que puede cambiar la dirección de toda una temporada. ¿Quién se atreverá a tomar el riesgo que decida la noche?






