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Mykhailo Mudryk regresa al fútbol tras el caso de dopaje

Mykhailo Mudryk vuelve al juego. Y lo hace después de atravesar el tipo de túnel que puede torcer para siempre la carrera de un futbolista.

El extremo de Chelsea, de 25 años, ha quedado habilitado para competir “con efecto inmediato” tras resolverse su caso de dopaje con la Federación Inglesa (FA). Se cierra así un proceso largo, tenso y, durante meses, envuelto en un silencio casi total.

De una sanción de cuatro años… a la vuelta inmediata

Mudryk no disputaba un partido oficial desde noviembre de 2024. Un control fuera de competición, durante una concentración con la selección de Ucrania en octubre de ese mismo año, detectó la presencia de meldonium, una sustancia prohibida que puede aumentar la capacidad respiratoria y la resistencia.

El resultado se catalogó como “adverse finding”. La FA actuó con dureza: en enero le impuso la sanción máxima, cuatro años apartado, tras ser acusado formalmente en junio de 2025. Una condena que, de haberse mantenido, lo habría dejado sin jugar hasta aproximadamente diciembre de 2028. Una eternidad en términos futbolísticos.

Mudryk recurrió al Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS). Y ahí empezó a girar la historia.

La FA confirmó ahora que el caso disciplinario ha quedado resuelto: el jugador ha aceptado haber infringido las normas antidopaje y ha pactado una suspensión equivalente al tiempo ya cumplido. No habrá más castigo. Puede volver.

La clave está en un matiz técnico. El organismo explicó que el análisis reveló “una baja concentración” de meldonium y subrayó que el documento técnico de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) sobre esta sustancia ha cambiado desde entonces. Esos cambios no son retroactivos, pero la FA admite que, si el control se hubiera realizado hoy, “la concentración de meldonium en la muestra no habría sido reportada” y no existiría hallazgo adverso.

Es decir: lo que en 2024 lo dejó fuera del fútbol, en 2026 ya no habría sido considerado una infracción.

El periodo más duro de su carrera

Mudryk habló de “el periodo más difícil” de su carrera y se declaró “agradecido” por poder volver a jugar. Insiste en un punto: mantiene que nunca tomó “de forma consciente o intencionada” una sustancia prohibida.

Mientras tanto, la FA defendió la integridad de su programa antidopaje, recordando que el caso se mantuvo en la más estricta confidencialidad hasta que el propio proceso de apelación lo sacó a la luz. El silencio institucional contrastó con el ruido exterior: un fichaje de 61 millones de libras, atado hasta 2031, apartado del escaparate en plena edad de madurez deportiva.

Chelsea, por su parte, no se desentendió. El club londinense asegura que siempre apoyó a “Misha” durante el proceso, respetando al mismo tiempo el marco legal y las restricciones de la sanción. No podía entrenarse en las instalaciones, no podía trabajar con el cuerpo técnico, no podía formar parte de la rutina diaria de Cobham. Para un jugador de élite, eso es casi un destierro.

El ucraniano tuvo que construirse su propio ecosistema de trabajo. Pagó entrenadores privados, contrató porteros para sesiones individuales y utilizó el campo del modesto Uxbridge FC, en Londres, para mantenerse en forma. Organizó también un ‘stage’ en Austria, con imágenes que lo mostraban marcando goles y afinando automatismos ofensivos. Todo lejos del foco de la Premier League.

Quienes le rodean admiten que no hay sustituto real para entrenar y competir cada día con futbolistas de máximo nivel. Pero aseguran que Mudryk confía en recuperar su mejor versión y que se ha aferrado a esa idea durante los 20 meses en la sombra.

Chelsea le abre la puerta… pero no garantiza el rol

Con el caso cerrado, Chelsea mueve ficha. El club ha confirmado que el jugador se unirá a la gira de pretemporada y que está deseando ayudarle a recuperar la forma, volver al grupo y pisar de nuevo el césped en competición.

También ha subrayado un matiz importante: bajo las directrices actuales de testeo, “no se habría producido ninguna infracción de las normas antidopaje” a partir de la muestra que originó todo. Para la entidad, ese detalle es “una parte importante del contexto” del acuerdo alcanzado y un punto que permite a todas las partes “seguir adelante”.

Seguir adelante, sí. Pero ¿cómo?

Chelsea está dispuesto a ofrecerle un camino de regreso al fútbol profesional. El formato aún no está definido. Podría ser una reintegración directa en el primer equipo. Podría pasar por una cesión, con el nombre de Strasbourg flotando como opción lógica dentro de la estructura del club. Incluso podría abrirse la puerta a un traspaso definitivo si las piezas encajan.

Nada de eso está cerrado. Lo único seguro es que su contrato hasta 2031 sigue en pie y que el plan de amortizar su fichaje a largo plazo continúa condicionando las decisiones deportivas y financieras.

Un capítulo oscuro… y una historia aún inacabada

Durante este tiempo, el vínculo con sus compañeros se redujo casi a gestos puntuales. Su única aparición pública conocida junto al grupo llegó en las celebraciones del título de la Conference League en mayo de 2025. Una noche de fiesta, un paréntesis en medio de la incertidumbre.

Ahora el contexto es otro. Mudryk vuelve con la etiqueta de caso complejo, pero también con la oportunidad de reescribir su papel en Stamford Bridge. Llega con kilómetros en las piernas, pero sin el ritmo competitivo que solo dan los partidos de verdad. Y con una pregunta flotando sobre cada sesión de entrenamiento: ¿puede recuperar el nivel que justificó una de las operaciones más seguidas del mercado de 2023?

El extremo ucraniano dice sentir “profunda gratitud” hacia Chelsea y mira a este momento como “el siguiente capítulo” de su carrera. El club, por ahora, le abre la puerta y le tiende la mano.

El resto dependerá de algo más simple y brutal que cualquier documento de la WADA o fallo del CAS: lo que haga con el balón cuando vuelva a rodar en serio. Porque su historia en Stamford Bridge, pese a todo lo ocurrido, todavía no ha escrito su último giro.

Mykhailo Mudryk regresa al fútbol tras el caso de dopaje