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Mbappé rompe el muro paraguayo y lleva a Francia a cuartos

Durante 70 minutos, Francia sudó más por desesperación que por el calor abrasador de Filadelfia. Bajo los 38 grados y ante 68.324 espectadores, el vigente coloso europeo se estrelló una y otra vez contra un Paraguay correoso, cínico y encantado de arrastrar el partido al barro. Hasta que apareció Kylian Mbappé, desde el punto de penalti, para desatascar un cruce de octavos del World Cup tan áspero como tenso: 1-0 y billete para un cuarto de final ante Marruecos en Foxborough.

Un partido trabado, a la sudamericana

Paraguay llegó con el guion muy claro. Línea de cinco atrás, bloque bajo, cero concesiones y todos los recursos permitidos por el reglamento… y alguno al límite. No tuvo reparos en abrazar el tópico: faltas tácticas, protestas constantes, interrupciones, pequeños golpes fuera de la vista del árbitro uzbeko. Todo valía para sacar de quicio a las estrellas francesas.

Les Bleus monopolizaron la posesión desde el inicio, pero sin filo. Disparos lejanos, centros sin remate, ataques previsibles. Michael Olise y Ousmane Dembélé se perdían entre piernas paraguayas; Bradley Barcola apenas encontraba espacios. El primer aviso serio llegó desde segunda línea: Manu Koné rozó el gol con un disparo desviado por poco mediada la primera parte, y ya tras el descanso obligó a Orlando Gill a volar para desviar otro tiro.

Paraguay, mientras tanto, no inquietó. No registró un solo disparo a puerta hasta el minuto 90. Su plan era aguantar, arañar segundos, llevar el duelo al terreno que ya le dio premio en la ronda anterior, cuando eliminó a Alemania en los penaltis. Y durante tres cuartos de encuentro, el plan funcionó.

El clima emocional también se calentó. Mbappé perdió la paciencia y se enzarzó en un forcejeo con Andrés Cubas. Poco después, Matías Galarza soltó un pequeño manotazo al capitán francés lejos del balón. Señales claras: Paraguay estaba logrando que Francia jugara más con los nervios que con el balón.

El cambio que lo cambió todo

Didier Deschamps, incómodo con la inercia del partido, movió ficha pasada la hora de juego. Retiró a Barcola y dio entrada a Désiré Doué en la banda izquierda. El cambio pareció menor sobre el papel, pero alteró por completo el paisaje ofensivo francés.

Doué pidió el balón, encaró y agitó la defensa sudamericana. En una de sus primeras intervenciones, se lanzó a regatear dentro del área, entre un bosque de piernas paraguayas. Diego Gómez llegó tarde, le tocó claramente y Doué cayó. El árbitro revisó la acción y, tras la comprobación, señaló el punto de penalti. No había debate: falta clara.

Mientras varios jugadores paraguayos intentaban destrozar el punto de lanzamiento con los tacos, Dembélé se plantó delante para protegerlo. El estadio rugía, el calor apretaba y el partido pendía de un hilo. Mbappé tomó aire, dio unos pasos y colocó el balón con frialdad. Gol, minuto 70. Francia, por fin, encontraba la rendija en un muro que parecía de hormigón armado.

Paraguay, que había sobrevivido a una tanda de penaltis en la ronda anterior, caía esta vez precisamente por un lanzamiento desde los once metros.

Mbappé, cifras de leyenda

El tanto refuerza todavía más el World Cup casi perfecto de Mbappé. Con ese gol, el delantero de Real Madrid alcanza los siete tantos en el torneo y se une a Lionel Messi como máximo goleador de la competición. Ya suma 19 goles en World Cups, en solo 19 partidos. Se queda a uno del récord absoluto de Messi, fijado en 20.

No fue la exhibición ofensiva que Francia había mostrado en compromisos anteriores. No hubo goleada ni festival de combinaciones. Pero cuando el partido se volvió espeso, cuando el rival se cerró al extremo y la temperatura convirtió cada carrera en un suplicio, apareció el jugador diferencial. En el descuento, Mbappé aún rozó el segundo tanto, un aviso de que su ambición no entiende de marcadores cortos.

Un triunfo sin brillo, pero con peso

Francia dominó la pelota de principio a fin. El desequilibrio fue evidente: posesión abrumadora, Paraguay encerrado y sin rematar a puerta hasta el minuto 90. Sin embargo, el vigente subcampeón del mundo no encontró fluidez. La selección sudamericana negó espacios, rompió el ritmo y llevó el encuentro a un terreno donde cada falta era una pequeña victoria.

No fue una actuación “vintage” de la Francia de Deschamps, pero sí una victoria de madurez. Supo no perder la cabeza cuando el plan inicial no funcionaba, ajustó desde el banquillo y golpeó en el momento preciso. En este tipo de torneos, también cuentan los días en los que el juego no brilla, pero el resultado sí.

El contexto tampoco ayudó. El partido se disputó en el Lincoln Financial Field en el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, en la ciudad donde se firmó la Declaración de Independencia en 1776. Antes del pitido inicial, el espectáculo fue puro homenaje: concierto sobre el césped, Idina Menzel interpretando el himno estadounidense, actuación de The Roots y un sobrevuelo de la Fuerza Aérea. Esta vez, a diferencia del duelo de la fase de grupos ante Iraq, no hubo tormentas ni retrasos. Solo calor, bochorno y un juego tan denso como el aire.

Las “pírotecnicas” francesas, esas ráfagas de fútbol ofensivo que el público esperaba, quedaron contenidas durante muchos minutos por el orden y la dureza de Paraguay. Pero al final, la diferencia de calidad pesó.

De Filadelfia a Foxborough, con un recuerdo del 98

Tras el pitido final, Francia puso rumbo de vuelta a su base en Boston. El próximo desafío espera cerca, en Foxborough, el jueves, ante una Marruecos que llega lanzada después de imponerse 3-0 a Canadá. Un duelo con aroma a trampa: los marroquíes han demostrado que saben manejar escenarios grandes y castigar cualquier concesión.

En la memoria francesa aparece un eco inevitable. En 1998, también en unos octavos de final del World Cup, Francia necesitó un gol de oro para derribar a Paraguay. Aquel sufrimiento fue el preludio de su primer título mundial.

Esta vez no hubo gol de oro, sino penalti. Pero la sensación es similar: cuando Francia supera noches así, suele estar construyendo algo serio. La pregunta es hasta dónde les llevará esta vez Mbappé y su voracidad.