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Mbappé guía a Francia a cuartos tras vencer a Paraguay

En una Filadelfia convertida en horno, con 39 grados que derretían las ideas y espesaban las piernas, Francia tuvo que bajar al barro para seguir viva en el Mundial. Nada de gala, nada de brillo. Solo sudor, choques, discusiones y un penalti de Kylian Mbappé para tumbar a una Paraguay áspera y orgullosa: 1-0 y billete a cuartos de final, donde espera Marruecos.

Francia cambia el esmoquin por el mono de trabajo

El guion estaba claro desde el primer minuto. Francia con la pelota, Paraguay con el cuchillo entre los dientes. Los sudamericanos se plantaron con un 5-4-1 compacto, líneas juntas, cero concesiones al espacio y una sola idea: aguantar, incomodar, arañar cada segundo.

Deschamps tuvo que improvisar en la sala de máquinas. La lesión muscular de Aurélien Tchouameni, baja de última hora, abrió la puerta a Manu Koné, que acompañó a Adrien Rabiot en el centro. El resto, el once reconocible que había barrido a Suecia por 3-0. Pero aquello no se parecía en nada al paseo anterior.

La pelota era azul, las ocasiones no. Francia tocaba, movía, basculaba, pero la muralla paraguaya no se abría. Rabiot probó desde media distancia. Koné también. Ousmane Dembélé buscó el ángulo con su zurda. Todo se marchaba alto, desviado o se estrellaba contra un bosque de piernas. Ni un solo disparo a puerta antes del descanso. Ni uno.

Paraguay, fiel a su plan minimalista, apenas asomó con algo de peligro en una arrancada de Julio Enciso, el único capaz de girar y encarar con algo de malicia. Poco más. Pero suficiente para recordar a Francia que un error podía costar una eliminación tan ruidosa como la de Alemania ante este mismo rival, o el susto monumental de Argentina ante Cabo Verde.

Del tedio a la urgencia

La primera parte fue un ejercicio de paciencia. La segunda, un pulso de carácter. Francia regresó del vestuario con otro tono. Misma idea, distinta velocidad. El calor seguía cayendo a plomo, pero el ritmo se aceleró.

El equipo empezó a ganar metros, a encerrar a Paraguay cada vez más cerca de Orlando Gill. Mbappé, hasta entonces bien atado, empezó a encontrar pequeños resquicios entre centrales y laterales. Las combinaciones por dentro se volvieron más agresivas, menos previsibles.

El partido pedía desborde fresco. Llegó desde el banquillo. Deschamps movió ficha y mandó al campo a Désiré Doué por Bradley Barcola. Y ahí cambió todo.

El derribo que lo decide todo

La jugada del partido nació sin estridencias. Un balón que parecía uno más, una conducción de Doué hacia el área, un giro rápido, un toque de más de Diego Gómez. Contacto. Caída. Silencio.

El árbitro Ilgiz Tantashev dejó correr unos segundos, hasta que el VAR le llamó al monitor. Repeticiones, ángulos, tensión. La decisión, al final, cayó del lado francés: penalti.

Mbappé agarró la pelota como quien reclama su territorio. Respiró, miró a Gill, eligió lado y lo engañó con una frialdad quirúrgica. Minuto 70, 1-0. Séptimo gol del torneo, el 19 en 19 partidos de Mundial. Empate con Lionel Messi en esta edición, uno por detrás del argentino en la lista histórica. Cifras de depredador.

El tanto no abrió el partido. Lo endureció.

Paraguay empuja hasta el último suspiro

Herida en su orgullo, Paraguay dejó por fin su guarida. No fue una avalancha, pero sí una persecución constante de faltas, balones colgados y segundas jugadas alrededor del área de Mike Maignan. Choques, protestas, manos al rostro, gestos al árbitro. Cada balón dividido se convirtió en una batalla.

El portero francés, espectador de lujo durante casi todo el encuentro, tuvo que aparecer en el minuto 90. Primera intervención real del partido, un disparo que amenazaba con arruinar una noche de sufrimiento. Mano firme, alivio inmediato.

Los últimos minutos fueron una prueba de nervios. Paraguay, provocadora hasta el final, buscó el caos. Francia, al límite físico, intentó matar el duelo al contragolpe. Mbappé tuvo dos ocasiones claras para sentenciar. En ambas, Gill le negó el segundo con reflejos felinos.

No hubo más margen para el error. Les Bleus cerraron el puño, defendieron cada centro como si fuera el último y se aferraron a un 1-0 mucho más trabajado que brillante.

Un reencuentro con sabor a revancha

El premio a este ejercicio de resistencia no es menor: un cruce de cuartos contra Marruecos, reedición de la semifinal de hace cuatro años. Entonces, Francia impuso su jerarquía. Ahora llega avisada.

Porque en Filadelfia no ganó la Francia luminosa de las goleadas. Ganó la que acepta mancharse las manos, la que entiende que un Mundial también se sobrevive. Y con un Mbappé que sigue sumando goles y capítulos, la pregunta ya no es si puede cargar con el equipo.

La cuestión es quién se atreve a bajarlo de este ritmo en la recta final del torneo.