Marruecos elimina a Países Bajos en penaltis y avanza en el Mundial
Los jugadores de Marruecos salieron disparados detrás de Ismael Saibari. Cuando por fin lo alcanzaron, desaparecieron todos en una montaña de cuerpos, gritos y puños al aire. Habían eliminado a Países Bajos. Otra vez, el Mundial se abre para ellos.
Minutos antes, la piña había sido naranja. Cody Gakpo, sepultado por sus compañeros, acababa de clavar un derechazo que parecía cambiar la noche y quizá algo más que un partido. El fútbol es un contenedor brutal de emociones, y la escena fue de las que se quedan grabadas: el delantero, que decidió jugar pese al anuncio de que él y su pareja habían perdido a su hijo no nacido, rompió a llorar mientras volvía hacia el círculo central, señalando al cielo, arropado por Denzel Dumfries.
En muchos otros relatos, ese gol del minuto 72 habría sido el desenlace perfecto. El tanto del duelo personal, de la redención fácil de explicar. Pero el fútbol no está para cumplir guiones. Tiene vida propia y, cuando quiere, puede ser despiadado.
El plan de Koeman y un partido atascado
Ronald Koeman se asoma ahora a días de debate encendido. Su apuesta táctica rozó la renuncia. Países Bajos había sido irregular en la fase de grupos, sí, pero venía de marcar siete goles a Suecia y Japón, y otros tres a Túnez en un trámite. Ninguna selección había anotado más. Aun así, el seleccionador decidió que no se podía permitir un intercambio de golpes con Marruecos.
Adiós al 4-3-3 de toda la vida, adiós a Tijjani Reijnders, hola a una línea de cinco atrás con la misión de cerrar espacios y resistir. El resultado fue un partido rácano, cauteloso, en el que Marruecos mandó con un 70% de posesión mientras los neerlandeses se protegían como podían, casi sin amenazar.
Hasta casi el descanso, Países Bajos apenas enseñó los dientes. Solo un latigazo lejano de Micky van de Ven obligó a Yassine Bounou a volar. Para entonces, Bart Verbruggen ya había tenido que sostener a los suyos con un par de intervenciones de reflejos felinos. Tras el descanso, Marruecos apretó el acelerador.
Koeman, sin embargo, estuvo a segundos de poder presumir de plan perfecto.
Gakpo golpea en pleno dominio marroquí
Marruecos controlaba el encuentro cuando llegó la pausa de hidratación en la segunda parte. El parón cambió el guion. Koeman aprovechó para retirar al inofensivo Brian Brobbey y sacar a Wout Weghorst, el ariete de emergencia, el recurso de los balones frontales.
Nada más reanudarse el juego, el efecto fue inmediato. Verbruggen sacó en largo, Weghorst peinó y Summerville atacó el espacio. Forzado por el choque con un defensor, alcanzó a enganchar el balón hacia Gakpo. El delantero del Liverpool hizo el resto: control, decisión y disparo seco. Gol. Y desahogo.
La celebración lo dijo todo. Plantilla al completo sobre el césped, abrazos, lágrimas, miradas al cielo. Durante unos minutos, Países Bajos pareció cómodo en la vieja receta del rope-a-dope, resistir y castigar al rival cuando bajara la guardia, como en aquel camino hasta la final de 2010.
Pero la noche no iba a ser naranja.
Un duelo cargado de historia y tensión
El partido había nacido en tensión alta. No solo por la calidad de ambos, sino por los lazos profundos entre las dos comunidades. Se notó desde el primer choque. Encuentro áspero, con roces constantes, protestas, interrupciones. Jan Paul van Hecke acabó tres veces en el suelo en la primera parte; en la tercera, con la cabeza sangrando.
En la grada, el ambiente tampoco era neutro. Parte de la afición local se encargó de recordar a Países Bajos lo ocurrido exactamente 12 años antes: aquel penalti tardío contra México en octavos, tras una caída muy discutida de Arjen Robben. Cada toque neerlandés fue recibido con abucheos, coreados con gusto por la marea marroquí.
Sobre el césped, Verbruggen sostuvo a los suyos con dos paradas acrobáticas ante Neil El Aynaoui y Achraf Hakimi. Marruecos, pese al dominio, no encontraba su fluidez habitual contra el muro de Koeman. Hakimi, incisivo, lideró la carga tras el descanso con varias diagonales hacia dentro que obligaron a Van de Ven a jugársela en entradas al límite.
Países Bajos no tuvo control real del partido hasta que pudo reorganizarse y activar el plan del balón largo con Weghorst. Entonces llegó el golpe emocional de Gakpo. Parecía definitivo.
Diop fuerza la prórroga en el descuento
El fútbol, sin embargo, guardaba una vuelta más. En el primer minuto del añadido, Chemsdine Talbi, recién entrado, encaró hacia dentro, se perfiló a su derecha y colgó un centro perfecto, tenso, con veneno. En el segundo palo apareció Issa Diop, imponente en el salto, para cabecear con rabia. Golazo. Justo premio para Marruecos. Estampida de alegría en un lado, desolación en el otro.
La prórroga fue todo lo contrario: fría, trabada, sin apenas riesgo. Solo una acción rompió la monotonía: Soufiane Rahimi se plantó ante Verbruggen, que respondió con una parada magnífica, de portero grande en noche grande. No bastó. Todo se decidiría desde los once metros.
La lotería de los penaltis y la caída europea
La tanda arrancó torcida para ambos. Los dos equipos fallaron uno de sus primeros lanzamientos. Luego llegó la acción que Koeman señaló después como momento clave. Verbruggen adivinó el disparo de Rahimi, lo tocó, pareció desviarlo… pero el balón, caprichoso, rebotó en su talón de apoyo y se coló lentamente en la portería. Gol. Crueldad pura.
Quinten Timber, con todo el peso del momento, cruzó demasiado su lanzamiento y lo mandó muy desviado. Hakimi, que ya había sido protagonista en otras tandas, estrelló el suyo en el poste. El margen seguía abierto, pero Marruecos ya olía la gesta.
Bounou, especialista en noches así, aguantó, intimidó y cumplió. Y Saibari remató la faena para el 3-2 definitivo en la tanda. Estallido de júbilo marroquí, cabezas gachas en el lado neerlandés.
Marruecos se cita ahora con Canadá en octavos. En un día oscuro para las potencias europeas, el continente africano vuelve a asomar con fuerza. La pregunta ya no es si pueden competir con cualquiera. Es hasta dónde están dispuestos a llegar esta vez.





