Maresca asume el mando del Manchester City: inicio de una nueva era
El Manchester City ha cambiado de página, pero no de ambición. Con Pep Guardiola fuera de escena tras construir una de las dinastías más dominantes del fútbol moderno, el club entrega ahora el timón a Enzo Maresca, un técnico que conoce la casa, el vestuario y la exigencia… pero no el peso de mandar en primera línea a este nivel.
Tercera etapa en el club, primera vez como dueño absoluto del banquillo. Maresca regresa al Etihad después de haber sido técnico de la academia en 2020-21 y asistente de Guardiola en la temporada del triplete Premier League–Champions League–FA Cup. Sabe cómo se vive rodeado de trofeos. Falta comprobar si sabe cómo ganarlos cuando todas las miradas apuntan a él.
La pregunta es directa: ¿está preparado para llevar al City a la gloria en 2026-27? Y, sobre todo, ¿serán los títulos el único termómetro con el que se mida su primer año tras la salida sísmica de Guardiola?
Un calendario amable… y una trampa escondida
El sorteo ha sido generoso. Bournemouth, Crystal Palace y Coventry City en las tres primeras jornadas. Un arranque que cualquier debutante firmaría para encontrar ritmo, automatismos y algo de calma en medio del ruido que siempre rodea a un sucesor de Guardiola.
Ese tramo inicial también sirve de colchón para los mundialistas que llegaron hasta el final del torneo. El caso más delicado es el de Rodri, que prácticamente no descansó en la campaña triunfal de España. Es el jugador más expuesto a la fatiga. Con esos primeros partidos claramente favorables para el City incluso sin él, Maresca puede permitirse un regreso escalonado de su mediocentro clave.
Pero el regalo viene con letra pequeña. Son partidos que el City está obligado a ganar. No hay margen para tropiezos tempranos. Ceder puntos en ese tramo, con el recuerdo reciente del dominio de Guardiola, encendería las alarmas antes de tiempo.
Y justo después llega el verdadero examen: en septiembre, dos de los siguientes tres encuentros son contra Manchester United y Liverpool. No son solo clásicos por la tabla. Son duelos que medirán autoridad, personalidad y capacidad de Maresca para imponer su sello en las noches grandes.
El propio italiano lo definió como una “situación de ensueño”: hereda una plantilla equilibrada, con talento descomunal y una profundidad construida durante años por Guardiola. “Me da la consistencia que necesito para hacer mi trabajo de forma efectiva”, aseguró.
Ese es, a la vez, su mayor privilegio y su mayor condena. Las exigencias serán las mismas que se colocaron sobre Guardiola, pero sin el blindaje emocional y simbólico que el español se ganó con el tiempo. Guardiola siempre gestionó el City a su manera. Maresca, pese a su buena relación con Khaldoon Al Mubarak, no tiene garantizado el mismo margen de maniobra.
Continuidad con matices: el plan de juego bajo la lupa
No es un “copiar y pegar” de Guardiola, pero el aire de familia es evidente. Posesión, control territorial, presión alta. Maresca bebe de la misma fuente. Sin embargo, introduce una variación clave: quiere un equipo más ancho, con extremos bien abiertos y muy altos para estirar el campo.
En los últimos años, los extremos del City se acostumbraron a moverse hacia dentro, a formar parte de los famosos “overloads” en zonas interiores, con Rodri como eje de casi todo. Defensas que saltan al mediocampo, interiores que se convierten en delanteros, laterales que se transforman en mediocentros. Un tablero fluido, casi líquido.
Maresca apuesta por algo más reconocible en la pizarra: un 4-2-3-1 más rígido, con roles más tradicionales. Esa estructura exige una figura clave: un mediapunta de alto funcionamiento, capaz de unir líneas y dar sentido al ataque. En el Chelsea, ese rol lo asumió Cole Palmer. En el City, el abanico es de lujo: Phil Foden o Rayan Cherki pueden ocupar esa posición si el italiano decide replicar el modelo.
La gran incógnita no es si la plantilla puede ejecutar esa idea. Es cuánto tiempo necesitarán los jugadores para reajustar automatismos después de años viviendo en un ecosistema casi perfecto. El City de Guardiola jugaba de memoria. El de Maresca tendrá que aprender un nuevo idioma sin perder eficacia en el proceso.
Una plantilla rejuvenecida… con un vacío de liderazgo
El trabajo en los últimos dos o tres mercados, bajo la dirección de Hugo Viana, ha sido claro: bajar la media de edad. De 29 años a poco más de 25. El futuro está más protegido, pero el peaje se nota en el vestuario.
Se han marchado Bernardo Silva y John Stones este verano. Antes, Kevin De Bruyne. Con ellos se va una parte importante del liderazgo silencioso, del peso específico en los momentos en que el partido se tuerce.
El City no está desnudo en ese apartado. Rodri y Ruben Dias son referencias absolutas. La temporada pasada se vio también a un Erling Haaland más implicado en la faceta de líder, más allá de los goles. Marc Guehi y Josko Gvardiol aportan estabilidad y experiencia, igual que Mateo Kovacic. El eje del equipo sigue siendo temible.
En los despachos, el movimiento ha sido agresivo, caro y, sobre todo, calculado. Elliot Anderson llega desde Nottingham Forest por una cantidad enorme, pensado para dar músculo y futuro al mediocampo. Jeremy Monga, reclutado desde Leicester, añade frescura y proyección.
En la lista de deseos figura un lateral derecho y un extremo. El club también vigila de cerca al joven Ayyoub Bouaddi, de Lille, uno de los nombres que brilló con Marruecos en el Mundial. Arsenal también lo tiene en su radar.
Las salidas dependen de que los pretendientes alcancen las valoraciones del City. Entre los candidatos a cambiar de aire aparecen nombres de peso: Savinho, Omar Marmoush, Nico Gonzalez, Jack Grealish, Tijjani Reijnders y Rico Lewis. Con el Mundial ya cerrado, se espera que el mercado se acelere.
Maresca tendrá que gestionar no solo un once, sino un ecosistema en plena transición generacional.
El reto invisible: mantener la cultura ganadora
Desde la llegada de Abu Dhabi, todo el proyecto miraba a un punto fijo: traer a Guardiola a la Premier League. Toda la estructura deportiva, metodológica y hasta arquitectónica se diseñó con ese objetivo. Ese plan ya se cumplió. Ahora, por primera vez, no está tan claro cuál es la hoja de ruta a largo plazo.
Lo que no cambia es el estándar. El City ha construido una cultura que vive del metal de los trofeos. Cualquier cosa por debajo del éxito sostenido no se tolera durante demasiado tiempo. La afición acude al Etihad esperando espectáculo, pero sobre todo victorias. Maresca ya sabe lo que ocurre cuando el equilibrio entre ambas cosas se rompe: su etapa en el Chelsea se resintió justo ahí.
Tiene, eso sí, un contexto de Premier League inusual. No es el único novato en la élite de los banquillos ingleses. Andoni Iraola en Liverpool, Xabi Alonso en Chelsea y, en menor medida, Michael Carrick en Manchester United, abren una era de incertidumbre en la parte alta de la tabla.
Ese escenario, tan volátil, se ve en el City como una oportunidad. Un terreno fértil para que quien se atreva marque territorio. Aquí no hay términos medios: o se nada o se hunde.
El elefante en la sala: las 115 acusaciones
Por encima de todo, hay una sombra que no se disipa: las 115 acusaciones de la Premier League que siguen colgando sobre el club. Maresca no solo tendrá que dirigir entrenamientos y partidos. Tendrá que enfrentarse a preguntas incómodas, insistentes, sobre un caso que lleva años en el foco.
Guardiola dominó esa parte del oficio como pocos. Acostumbrado desde joven a la presión mediática en algunos de los clubes más grandes de Europa, conocía al detalle al grupo de periodistas que cubren al City y sabía cómo cortar de raíz cualquier línea de interrogatorio que no le interesara.
Maresca, en cambio, solo recibió fuego cruzado en el Chelsea por cuestiones puramente futbolísticas. Ahora entra en un terreno distinto. La manera en que gestione ese frente externo puede marcar su primer año, siempre que se alcance un veredicto en ese periodo.
Entre la herencia de Guardiola, una plantilla en mutación, un calendario que acaricia y amenaza a la vez, y un caso judicial que no desaparece, el italiano se sube a una montaña rusa sin cinturón de seguridad garantizado.
La cuestión ya no es si el City seguirá compitiendo por todos los títulos. Eso se da por hecho en el Etihad. La verdadera incógnita es otra: ¿será Enzo Maresca el hombre que transforme la era post-Guardiola en el siguiente gran capítulo, o simplemente un puente hacia quien venga después?





