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Karetsas se desploma en el Signal Iduna Park: la preocupación en BVB

El ambiente en el Signal Iduna Park cambió en un segundo. Minuto 23, un ataque más de BVB, nada fuera de lo normal. El joven extremo griego Karetsas encara, conduce, combina, suelta el balón. Y, de repente, se sienta en el césped. Sin choque, sin entrada, sin aviso.

Levanta el brazo pidiendo ayuda. El estadio entiende al instante que algo no va bien.

Los médicos salen disparados, poco después los paramédicos. El nuevo fichaje de 18 años abandona el campo entre lágrimas, en camilla, acompañado por un fuerte aplauso de una grada que pasa del ruido al nudo en la garganta en cuestión de segundos.

“Se me heló la sangre”

Las imágenes no dejaron indiferente a nadie. Mats Hummels, leyenda del club y ahora analista en Prime Video, no lo disimuló.

«Cuando los médicos ni siquiera miraron sus piernas y se centraron solo en la parte superior del cuerpo, se me heló la sangre. No le deseas algo así a nadie. Fueron imágenes realmente horribles las que tuvimos que ver ahí», explicó el campeón del mundo, visiblemente impresionado por la escena.

No era una lesión de las habituales. Nada de tobillos, rodillas o músculos. La preocupación se desplazó a un terreno mucho más delicado.

Hospital y muchas incógnitas

Tras el 3-2 ante el conjunto español, el director general deportivo de Dortmund, Lars Ricken, confirmó que el jugador había sido trasladado al hospital para someterse a pruebas exhaustivas.

«Será examinado en el hospital para descartar todo al final. Tenemos que esperar y ver qué traen los próximos días», señaló Ricken. Admitió que el momento le golpeó con fuerza: «Por supuesto que me quedé algo conmocionado. Fueron problemas circulatorios de la nada. No había habido ninguna indicación de nada».

Ole Book, director deportivo del club, compartió esa sensación de impacto y desconcierto. «Salí con él, pero en ese momento no podía hablar directamente. Obviamente esperamos que mejore muy, muy rápido y que no sea nada grave», apuntó.

La palabra que más se repitió en Dortmund fue “repentino”. «Llegó muy de repente. Se sentó y luego fue llevado al hospital para más exámenes, donde sigue ahora. Eso, obviamente, apaga el estado de ánimo de forma considerable», añadió Book.

Un vestuario en vilo

Al inicio de la segunda parte, BVB trató de calmar el pánico. El club comunicó que el joven fichaje de 18 años estaba «bien dadas las circunstancias». Un mensaje que Niko Kovac se apresuró a trasladar a sus jugadores en el descanso.

«Les dije a mis jugadores que todo está bien. Ellos también están preocupados», comentó el técnico, consciente de que la mente del vestuario se había ido con su compañero rumbo al hospital.

El fútbol siguió, el resultado cayó del lado alemán, pero la victoria se sintió distinta. Más pesada. Con un interrogante flotando sobre el futuro inmediato del chico que acababa de llegar.

Golpe tras golpe en la enfermería

Una baja larga de Karetsas sería otro mazazo para un Dortmund que ya camina sobre una cuerda floja en cuanto a lesiones. Giannis Konstantelias, también recién llegado, ya había sufrido la peor de las noticias: rotura del ligamento cruzado en su primer partido de Bundesliga ante HSV, en la jornada inaugural. Afuera para mucho tiempo.

El club reaccionó a ese contratiempo cerrando la cesión de Ethan Nwaneri desde Arsenal antes del cierre del mercado. El joven inglés fue precisamente quien entró al campo para sustituir a Karetsas en este último encuentro. Un relevo que, más que ajuste táctico, sonó a emergencia continua.

Detrás, la zaga también hace equilibrios. Kovac tuvo que prescindir de Nico Schlotterbeck, Emre Can y Filippo Mane para medirse a Villarreal. Tres nombres importantes fuera de combate al mismo tiempo, en una línea que ya venía justa de efectivos.

Mientras tanto, Ramy Bensebaini sigue lidiando con una contusión en las costillas. En cualquier caso, tampoco habría podido jugar por la segunda amarilla-roja que vio en el duelo ante Atalanta Bergamo (1-4) el pasado febrero.

La plantilla se encoge, la temporada apenas empieza y los golpes no paran. La pregunta ya no es solo cuándo volverán todos, sino cuánto puede resistir BVB antes de que la enfermería marque el rumbo de su año.