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Hearts de Midlothian busca el título de campeón en Escocia

Durante 66 años, la frase ni siquiera se atrevía a pronunciarse en voz alta. Ahora, en Gorgie, se desliza entre susurros y miradas incrédulas: Heart of Midlothian puede ser campeón de Escocia el miércoles.

Hay un enorme asterisco pegado a ese sueño, claro. Para que la historia se escriba, Hearts tiene que ganar a Falkirk en Tynecastle y Celtic debe caer ante Motherwell en Fir Park. Dos resultados, un país entero pendiente de una improbabilidad matemática que, sin embargo, ya nadie se atreve a ridiculizar.

Porque el contexto lo cambia todo. Hearts en casa es casi una garantía. Y Motherwell ya le ha pasado por encima a Celtic esta temporada. Los escolarizó, como dicen en Edimburgo. Aquello fue en los días de Wilfried Nancy, una era que ya parece lejana.

Desde entonces, Celtic se ha rehecho entre escombros. Martin O'Neill ha devuelto criterio, estructura y algo de orgullo a un equipo que venía de tiempos lúgubres. Ha recortado distancia, ha devuelto la pelea. Pero sigue a rebufo. Sigue persiguiendo. Y sabe que cualquier tropiezo propio ante el equipo feroz y bien armado de Jens Berthel Askou puede ser definitivo.

Aun así, las casas de apuestas no se mueven: Celtic continúa como favorito al título. Los calculadores de probabilidades jamás han comprado del todo el cuento de hadas de Hearts. Dan por hecho que el gigante, tarde o temprano, se endereza.

Lo asombroso es que Hearts haya llegado hasta aquí. Treinta y seis jornadas, 3.240 minutos repartidos en diez meses, líderes desde septiembre. Han atravesado dudas, lesiones, rachas de resultados y siguen en la cima.

Es su mejor temporada liguera desde aquel derrumbe en la última jornada de hace 40 años. Se han reído de ellos, los han cuestionado, los han mirado por encima del hombro. Cuando Tony Bloom aterrizó en el club y se atrevió a decir que podían romper el duopolio del Old Firm en un solo curso, la reacción fue una mezcla de sorna y incredulidad. En diciembre, tras cuatro partidos seguidos dejando puntos, volvieron las cejas arqueadas.

La desconfianza regresó en primavera, cuando cayeron ante dos equipos de la zona baja y empataron con Livingston, colista del campeonato. Las lesiones mordían entonces como muerden ahora. Pero Hearts no se salió de la carretera. “Believe” se ha convertido en la palabra sagrada en Tynecastle, el evangelio que Derek McInnes repite una y otra vez.

El lunes por la tarde, el Tynecastle Arms estaba en silencio raro. El bar mítico pegado al estadio, medio pub, medio museo sentimental. En una vitrina, unas botas viejas (las primeras de John Robertson, asegura la leyenda local). En las paredes, una placa del 5-1 en la final de la Scottish Cup ante Hibs, fotografías por todas partes, instantes gloriosos congelados en blanco y negro o en colores gastados.

La pregunta flota sobre cada pinta: ¿habrá pronto nuevas imágenes para colgar? Nadie se atreve a responder con firmeza. Quieren decir que sí, pero el miedo a otro golpe brutal los frena.

El temor a la tragedia forma parte del ADN del club. Algunos de los que hoy se sientan en el Tynecastle Arms estuvieron en Dens Park en 1986, cuando el sueño se transformó en pesadilla en cuestión de minutos. Uno de ellos cuenta que su padre había estado ya en 1965, otro año de promesas rotas. El trauma se hereda.

Mark, uno de aquellos testigos de 1986, aún no sabe qué hacer con ese recuerdo. Recuerda los goles encajados ante Dundee, pero sobre todo recuerda la huida. “Quería salir de allí lo más rápido posible”, rememora. Recuerda una caminata interminable hacia la parada del autobús, hombres adultos llorando en la calle, consolados por sus hijos. “Eso se te queda grabado: niños consolando a sus padres, no al revés”.

Mark cree. O quiere creer. Pero lo que pasó el sábado en Fir Park lo ha dejado tocado, a él y a muchos otros corazones granate.

Con 1-1 en el marcador, Alexandros Kyziridis cae en el área tras un aparente tropiezo con Tawanda Maswanhise. El árbitro Steven McLean no señala penalti. El VAR lo invita a revisar. Vuelve al monitor, mira, sopesa… y mantiene su decisión. La furia se desata entre los aficionados de Hearts. McInnes asegura que Willie Collum, jefe de los árbitros, ha admitido el error.

En el Tynecastle Arms, lo que se dice de todo aquello no se puede reproducir. El resumen es simple: no se lo creen. Ni en la revisión, ni en la igualdad de trato. La sospecha de que el terreno no está nivelado cuando el este amenaza con desbancar al gigante del oeste crece partido a partido. Recuerdan las diatribas de Alex Ferguson sobre el supuesto sesgo de la costa oeste en los años 80. Multiplican aquel enfado por diez y se quedan cortos.

Puede que Celtic acabe por apagar el sueño. Pero el hecho de que haya durado tanto ya es una victoria emocional. Ha ido mucho más lejos de lo que cualquiera pronosticó.

Al principio, la historia apenas generaba curiosidad fuera de Escocia. Algún medio del sur de la isla y de Irlanda llamó para preguntar por el buen inicio de Hearts, por las victorias ante el Old Firm, por la irrupción de Bloom, por el enigma de Jamestown Analytics, por la radio extraña de Braga y todo ese ecosistema peculiar.

El goteo se convirtió en río. A medida que Rangers y Celtic se enredaban en los errores de gestión de Russell Martin y Nancy, el relato de Hearts ganó vuelo internacional.

Llegaron peticiones desde Francia y Alemania, Portugal y España, Austria y Bélgica, Grecia, Países Bajos y Suecia. Periódicos, revistas, radios, televisiones, pódcasts: todos querían un pedazo del pequeño que osaba desafiar uno de los mayores duopolios del fútbol mundial.

Cuando Hearts se negó a ceder la cima, el río se transformó en riada. Llamadas desde Estados Unidos, con Bloomberg y ESPN al otro lado. Desde México, Revista Balompie. Desde Brasil, Radio Vitoria. Desde Australia, el Financial Review. Después, Uganda, Kazajistán, Nigeria. Los chicos de Gorgie Road se habían hecho globales.

Los números explican el asombro. Sesenta años sin ganar la liga. Cuarenta y uno desde que alguien ajeno al gran dúo de Glasgow levantó el trofeo. Celtic suma 55 títulos, Rangers otros 55. El siguiente en la lista apenas llega a cuatro. El 85% de las ligas desde el inicio de la competición se han ido para uno de los dos gigantes. ¿De verdad se está reescribiendo esa historia?

Hace solo un año, Hearts terminó séptimo, a 42 puntos de Celtic. Una eternidad deportiva.

Los medios extranjeros se han alimentado del contraste entre ricos y modestos. Hearts tiene unos 15.500 abonados. Rangers ronda los 45.000, Celtic se dispara hasta los 53.000. En dos décadas de competiciones europeas, Celtic ha ingresado en torno a 370-420 millones de libras. Rangers, entre 235 y 270. Hearts, apenas 25. Su última cifra de negocio es de 24 millones, calderilla comparada con los 94 de Rangers y los 143 de Celtic.

Durante meses, la conversación ha ido y venido. Sí, Hearts va a ganar la liga. No, Celtic o Rangers acabarán cazándolos. Nadie imaginaba un mundo en el que el Old Firm pudiera ser alcanzado.

A falta de dos jornadas, solo hay una certeza: Rangers ya no caza a nadie. Se ha caído del mapa. Motherwell lo hirió, Hearts lo remató y Celtic lo terminó de enterrar el domingo.

Con 180 minutos por jugar, Hearts sigue donde ha estado casi todo el año: en lo más alto. Un punto por encima de Celtic. Tres goles mejor en la diferencia. Líder contra todos los pronósticos.

El camino hasta aquí está lleno de giros dramáticos. Han ganado partidos en el minuto 86, 87, 88 y tres veces más allá del 90. Cuatro triunfos consecutivos ante el Old Firm, algo histórico. Han vencido a Celtic, Rangers y Hibs en casa y fuera, una gesta que se recordará durante décadas. Llegaron a Navidad en cabeza, algo casi inédito para cualquiera que no vista de verde y blanco o de azul.

Suman 77 puntos, el mayor botín de un equipo ajeno al Old Firm en la historia de la Premiership. Han abierto un territorio nuevo, han roto registros, han sacudido la jerarquía del fútbol escocés y han inquietado a los dos colosos como nadie en generaciones.

El miércoles puede ser el día en que todo culmine. O quizá lo sea el sábado. O quizá la historia vuelva a romperles el corazón.

Porque Hearts ya ha hecho muchísimo. Pero en su persecución de la inmortalidad, lo verdaderamente decisivo está a punto de empezar.