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Harry Kane y su gol histórico ante la RDC

Thierry Henry no regala elogios. Mucho menos cuando se trata de rematar a portería. Por eso su análisis del segundo gol de Harry Kane ante la República Democrática del Congo (RDC) sonó a veredicto definitivo.

Golpeo con el interior, cuerpo desequilibrado, balón que sale disparado a la escuadra. Técnica pura, potencia bruta y un cuerpo llevado al límite en el último suspiro del partido. Kane lo describió como uno de sus goles favoritos con Inglaterra. No fue solo pierna: giró todo el tronco, acompañó con los brazos para ganar fuerza y se olvidó del suelo hasta que el balón ya había salido.

Un futbolista en el pico absoluto de su poder físico.

Ese golpeo no solo metió a Inglaterra en octavos de final del Mundial, también mantuvo a Thomas Tuchel en el banquillo del Bayern Munich con un capitán que sigue tirando de todos. Ante la RDC, Kane primero igualó con un cabezazo inteligente y después destrozó la red con ese disparo imposible que selló el billete para medirse a México. Fue una actuación descomunal, quizá su gran noche con la selección, la que refuerza su candidatura a entrar en la discusión del mejor futbolista inglés de la historia.

Un goleador que ya mira a las leyendas a los ojos

Los números colocan a Kane en una dimensión propia. Máximo goleador histórico de Inglaterra, sus tantos ante la RDC fueron el 83 y el 84 en 118 partidos. Ya no se trata solo de registros, sino de longevidad y evolución: cuanto más pasan los años, mejor es. Lleva cinco goles en los cuatro primeros encuentros del Mundial y vuelve a pelear por otra Bota de Oro. Ya ha superado el récord de Gary Lineker en Copas del Mundo.

Es una figura moderna que resiste cualquier comparación con el tiempo. El debate ya está abierto en los grandes foros futbolísticos: en el podcast Stick to Football, nombres como Gary Neville, Roy Keane, Ian Wright y Jill Scott lo colocaban sin rubor en el podio histórico de Inglaterra, junto a Bobby Moore y Sir Bobby Charlton. No son palabras menores.

Falta, sin embargo, la gran actuación en el tramo decisivo de un gran torneo. Moore levantó la Copa del Mundo en 1966. Charlton ganó el Balón de Oro ese mismo año. Kane, por ahora, se queda un peldaño por debajo. Ha llegado justo de forma a algunas citas, se ha apagado en otras.

Estuvo discreto en la final de la Eurocopa 2020. Falló el penalti que habría llevado el partido a la prórroga en el Mundial 2022 ante Francia, una herida que le persigue. Y fue duramente criticado tras ser sustituido en la final de la Eurocopa 2024 contra España. Se habló de declive, de pérdida de chispa. Demasiado pronto.

El cuerpo de un nueve de 72 goles

La temporada de Kane desmiente cualquier teoría sobre su supuesto bajón. Suma 72 goles entre club y selección. Está en la carrera por el Balón d’Or y, con 43.433 metros recorridos, es el jugador de Inglaterra que más ha corrido en este Mundial. Datos que no solo hablan de talento, sino de una obsesión por el detalle físico.

Ha añadido capas a su juego. Ningún delantero baja tanto a recibir para filtrar pases definitivos como él. Y el cañonazo ante la RDC es la prueba de cómo cuida cada músculo. El parón invernal de la Bundesliga le ha dado aire. También el hecho de que el Bayern pueda dosificarle gracias a su superioridad en Alemania.

“Probablemente es como mejor me he sentido en mi carrera”, admite Kane. Explica que al inicio de la temporada tomó la decisión consciente de estar aún más en forma, de cuidar más la recuperación, de buscar nuevas vías para exprimir su cuerpo. Y reconoce algo básico pero crucial: hace falta suerte para esquivar las lesiones.

Kane vigila sus datos tras cada partido. Le obsesiona. Si él corre, todos corren. Si el capitán aprieta, el resto no tiene excusa. Esa es la dinámica que se ha visto en este Mundial: un nueve que no solo finaliza, también lidera la presión, arrastra marcas y se sacrifica.

Un líder en medio de un equipo lleno de dudas

Su sociedad con Jude Bellingham sostiene a Inglaterra. Sin esa conexión, el paisaje sería mucho más oscuro. Porque el resto del equipo ofrece más preguntas que respuestas: extremos irregulares, un centro del campo cansado, una defensa que tiembla más de la cuenta y una plaga de lesiones en el lateral derecho.

Y ahora llega México, el Azteca, la altitud de Ciudad de México y un ambiente que no perdona. Un escenario que intimida hasta a las selecciones más hechas.

Kane reconoce que la preparación para la altitud ha sido limitada. Inglaterra trabajó el calor en Florida durante 10 días, pero simular el aire enrarecido del Azteca era prácticamente imposible sin instalarse en México durante un largo periodo. Logísticamente, no tenía sentido para el resto del torneo. Había que elegir.

El capitán no dramatiza. Habla de pequeños trucos, de detalles, de la obligación de adaptarse. Son deportistas de élite; el contexto no puede convertirse en excusa. Si Inglaterra supera el reto, el relato de la victoria será aún más poderoso.

Ganar jugando mal también cuenta

Kane insiste en la idea de llegar al pico de forma en el momento justo. Kyle Walker, ex lateral de la selección, apuntó tras el partido contra la RDC que hay algo casi adictivo en ganar cuando se juega mal. El delantero asiente.

En torneos cortos, rara vez un equipo sale arrollando desde el primer día y mantiene ese nivel hasta el final. Ocurre, pero es excepcional. Lo normal es ir ajustando, corrigiendo, sufriendo. Aprender a ganar de formas distintas.

Inglaterra no deslumbra, pero sobrevive. Y ahí aparece Kane: el jugador que convierte un partido espeso en una victoria, el que acepta que a veces toca “remar en el barro”, como se suele decir en los vestuarios. Ante México, avisa, puede que toque eso: aguantar, sufrir, encontrar un resquicio.

Un capitán más ruidoso

Hay un detalle que explica su evolución como líder. Tras el triunfo ante la RDC en Atlanta, Kane reunió a todos sus compañeros en un corro sobre el césped y les habló con vehemencia. No es un gesto que le salga natural. A él mismo le incomoda la sensación de escena preparada.

Esta vez lo vio necesario. Quería que el equipo celebrase. Que no pasara lo de Panamá, cuando Inglaterra ganó, se puso primera de grupo y todo se vivió con una frialdad casi rutinaria. Ser inglés, dice Kane, a veces lleva a dar las cosas por hechas. Como si ganar partidos de Mundial fuese lo normal. Y no lo es. No siempre lo ha sido, desde luego.

Su mensaje va por ahí: disfrutar el momento, construir recuerdos nuevos, no despreciar ninguna victoria. Porque esas noches, las que parecen “de trámite”, son las que muchas generaciones de futbolistas ingleses habrían firmado sin pensarlo.

El penalti que no llegó… y el que sí valió

Incluso en un partido que acaba como héroe, Kane no olvida la jugada que pudo cambiarlo todo antes. En la primera parte, el árbitro decidió que había buscado el contacto con el portero Lionel Mpasi y no señaló penalti. Kane sigue sin entenderlo.

Describe la acción con frialdad: llega antes al balón, siente el empujón en la espalda, el portero sale a destiempo. O salta por encima y se cae igual, sin pena máxima, o protege su cuerpo y asume el impacto. Cualquier otro jugador de campo, cualquier entrada similar, se sancionaría como falta. Por eso le sorprendió la decisión en directo y le extrañó aún más que el VAR no interviniera.

Lo dejó pasar. No tenía otra opción. El partido pedía cabeza fría. Y al final, el gol que sí contó terminó borrando el agravio.

Kane vive instalado en esa fina línea que separa al gran goleador del mito. Este Mundial puede decidir de qué lado cae. Y la próxima parada es el Azteca, el coliseo donde los delanteros de verdad se hacen eternos o se pierden en el aire fino de la altitud.