España humilla a Inglaterra con un 4-0 en Mallorca
Inglaterra solo necesitaba no perder ante España. Un punto, nada más. En lugar de eso, salió de Mallorca con su derrota más dura en 17 años, un 4-0 que deja a las Lionesses mirando de reojo a un otoño cargado de play-offs y de preguntas incómodas.
La noche fue un golpe directo al proyecto de Sarina Wiegman. No por perder ante las campeonas del mundo, algo asumible en el contexto actual del fútbol femenino, sino por la forma: superadas en intensidad, en ideas y en calidad, sin un solo disparo a puerta y con la sensación de que el partido se les escapó muy pronto y nunca supieron cómo agarrarse a él.
De depender de sí mismas a rezar por Islandia
El escenario era claro: una victoria o un empate sellaban el billete directo al Mundial de 2027 en Brasil. Ahora, Inglaterra vuelve a casa sabiendo que ganar a Ucrania el martes (20:00 BST) podría no servir de nada si España no tropieza en Islandia a la misma hora.
Solo el primer clasificado del grupo consigue el pase automático. Hasta este viaje a Mallorca, el camino inglés había sido sobrio, casi impecable. La goleada encajada se convierte así en la gran mancha de la fase de clasificación… y puede salir carísima.
Wiegman no escondió el dolor: esperaba “un partido muy igualado” y se encontró con una brecha evidente. Reconoció que su equipo fue “decepcionante”, que no logró “subir una marcha más” cuando España apretó y que ahora toca entender “qué salió realmente mal”. No era solo rabia: también una preocupación lógica a un año de que arranque el Mundial.
Keira Walsh, capitana ante la ausencia por lesión de Leah Williamson, fue igual de directa: “simplemente no estuvimos a la altura”. Admitió que España jugó “increíblemente bien”, pero subrayó que Inglaterra podría haber hecho “muchas cosas mejor”. La frase que mejor resume la noche: “Parecía que tenían cuerpos por todas partes”.
España huele la sangre y no perdona
España llegaba herida por la derrota 1-0 en Wembley en abril y con la obligación de borrar la ventaja de tres puntos inglesa en la cima del Grupo A3. La respuesta fue contundente. Este 4-0 no solo iguala el balance, lo inclina a su favor en el cara a cara y le basta ahora con igualar el resultado de Inglaterra ante Ucrania para asegurar la primera plaza.
Desde el inicio, el partido tuvo un solo dueño. Patri Guijarro abrió la cuenta con una acción que retrató el desconcierto inglés: caño a Georgia Stanway y disparo que, desviado, superó a Hannah Hampton. Un golpe temprano que activó la maquinaria española.
La zaga inglesa, sin la jerarquía de Williamson, quedó expuesta una y otra vez. El segundo tanto llegó tras una jugada que desnudó la estructura defensiva: combinación rápida, desmarque profundo y definición de Alexia Putellas, dos veces Balón de Oro, ante Hampton antes del descanso.
En la reanudación, Inglaterra necesitaba una reacción inmediata. No llegó. España siguió atacando por oleadas. Cuando Lucy Bronze sacó un balón bajo palos, la esperanza duró un suspiro: Alexia fue la más rápida en el área y empujó el tercero. Golpe anímico definitivo.
El contraste de niveles se hizo aún más cruel con el movimiento desde el banquillo: se marchó Alexia y entró Aitana Bonmatí, tres veces Balón de Oro. De una leyenda a otra. Aitana tomó el mando del juego con naturalidad y terminó asistiendo a Claudia Pina, también suplente, para el cuarto. Un cierre perfecto para la campeona del mundo, una pesadilla completa para Inglaterra.
Sin energía, sin ideas, sin respuesta
La estadística que mejor explica la noche inglesa es simple: cero tiros a puerta. Pero la historia va más allá del dato. El equipo se vio lento, plano, falto de chispa. Karen Carney, excentrocampista internacional, lo resumió en ITV: “Fuimos segundos en todo. España fue superior en cada zona del campo. Hay que tragarlo”.
La falta de ritmo puede tener varias lecturas. El final de la WSL el 16 de mayo dejó a muchas jugadoras sin competición exigente en las últimas semanas. Al otro lado, varias figuras españolas llegaban frescas de ganar la Women’s Champions League con Barcelona hace apenas dos semanas, en plena cresta competitiva.
A eso se sumó la baja de Williamson, un golpe serio para una línea defensiva que se vio desbordada. Wiegman también tomó una decisión arriesgada: apostar por Ella Toone por delante de Lucia Kendall, pese a que la centrocampista del Manchester United apenas acaba de regresar tras cuatro meses lesionada. El plan no funcionó. Inglaterra perdió fluidez entre líneas y nunca encontró vías claras para salir de su propio campo.
Walsh lo explicó con crudeza: “Era muy difícil salir de nuestro propio área”. La imagen fue la de un equipo acorralado, sin soluciones con balón y sin capacidad de morder sin él. España, en cambio, jugó con una relentlessness —una insistencia feroz— que terminó abriendo un auténtico abismo entre ambas selecciones.
Un aviso a un año del Mundial
Más allá de la clasificación, el 4-0 lanza un mensaje incómodo: hoy, visitar a la campeona del mundo es “probablemente la prueba más dura del fútbol”, sí, pero Inglaterra no puede permitirse competir tan por debajo. No a este nivel. No con un Mundial a la vuelta de la esquina.
Wiegman habló de revisar, recuperarse, mantenerse unidas y “jugar un buen partido” antes de “seguir adelante”. Pero también dejó claro que el futuro inmediato cambia según el martes: si hay clasificación directa, la planificación será una; si no, tocará preparar un camino más largo y exigente a través de dos rondas de repesca.
Dentro del vestuario, las emociones están “muy altas”, como admitió Walsh. Fran Kirby, otra exinternacional, dijo que ver a sus antiguas compañeras “desinfladas” al final le dolió “solo de mirarlo” y que ahora no les queda otra que levantarse para ofrecer una gran actuación ante Ucrania.
La situación es simple y cruel: Inglaterra aún tiene “una pequeña opción” de clasificarse de forma automática, pero ya no depende de sí misma. Necesita ganar y que Islandia le haga un favor frente a España.
Si ese favor no llega, la noche de Mallorca no será solo una goleada para olvidar. Se convertirá en el punto de inflexión que obligue a las campeonas de Europa a reconstruirse a contrarreloj, con el Mundial de Brasil asomando en el horizonte y una pregunta incómoda flotando en el aire: hasta qué punto este 4-0 ha revelado la verdadera distancia con la mejor selección del planeta.






