Egipto hace historia al vencer a Australia en Mundial
ARLINGTON, Texas — Mohamed Salah aún no sabe si habrá otro Mundial en su carrera. Lo que sí sabe, para siempre, es esto: fue el capitán de la primera victoria de Egipto en una fase eliminatoria mundialista. Historia pura bajo el techo de un estadio de fútbol americano, teñido de rojo egipcio.
Egipto derrotó a Australia 4-2 en los penaltis tras el 1-1 en 120 minutos, y selló su billete a los octavos de final en su cuarta participación mundialista, la primera con un torneo ampliado a 48 selecciones. El premio: un cruce en Atlanta, el martes, ante el vigente campeón Argentina o la sorprendente Cabo Verde.
Un héroe inesperado desde los once metros
El desenlace tuvo un protagonista tan improbable como decisivo. Hossam Abdelmaguid, 25 años, 15 partidos con la selección y ni un solo gol en su hoja de servicio, caminó hacia el punto de penalti con el ruido de 70.244 aficionados atronando el AT&T Stadium.
Había margen para el error. Pero no había margen para la duda.
El defensor eligió el lado bajo a la izquierda. Mathew Ryan voló hacia el otro costado. El balón besó la red y el estadio estalló. Egipto, por primera vez, ganaba un partido de eliminación directa en un Mundial. Abdelmaguid corrió hacia la esquina, rodeado por compañeros, mientras las gradas se mecían al ritmo de los cánticos egipcios.
La tanda ya había quedado inclinada desde el primer lanzamiento. Harry Souttar abrió la serie para Australia y mandó el balón por encima del larguero. El cuarto ejecutor, el joven de 18 años Lucas Herrington, golpeó con fuerza… al travesaño. Demasiado alto para una noche que pedía sangre fría.
Egipto no falló. Mahmoud Saber, Ramy Rabia, Salah y, finalmente, Abdelmaguid, convirtieron sus cuatro lanzamientos. Ryan, que había entrado en el tramo final de la prórroga en lugar de Patrick Beach para su partido número 105 con la selección, no tocó ninguno.
Del otro lado, Jackson Irvine y Awer Mabil sostuvieron a los Socceroos lo que pudieron. Pero la presión, esta vez, tuvo dueño.
Salah, dolor, récords y una noche para guardar
Salah jugó cada minuto, desde el silbatazo inicial hasta el último penalti, arrastrando una lesión en los isquiotibiales sufrida en el cierre de la fase de grupos. No se guardó nada. No se reservó nada.
Marcó su penalti con la serenidad de quien está a un gol de igualar el récord histórico de la selección egipcia, los 69 tantos de su actual seleccionador, Hossam Hassan. Y cuando todo acabó, habló más de los demás que de sí mismo.
Dijo que lo que más le llena es ver felices a “los chicos”, verlos disfrutar del momento. Que nada se compara a eso. Que este día se mete directo entre los mejores de su vida. No lo dijo como una frase hecha. Lo dijo con la mirada de quien sabe que el reloj de su carrera ya no corre hacia adelante, sino hacia el lado de los recuerdos.
El plan mental de Hossam Hassan
Desde la banda, Hossam Hassan vivió el partido como lo jugaba en su época: al límite. Pero cuando llegó la tanda, cambió el registro. Nada de discursos épicos, nada de dramatismo.
Quiso liberar a sus jugadores. Les pidió que no pensaran en la presión, ni en el portero, ni en el ruido. Solo en su golpeo. Solo en el balón. Mientras ellos caminaban hacia el punto fatídico, él, según confesó, rezaba una y otra vez por una sola cosa: que el pueblo egipcio fuera feliz.
Ese era el marco emocional de una selección que, hasta hace menos de dos semanas, ni siquiera sabía lo que era ganar un partido de Mundial. Su primera victoria llegó ante Nueva Zelanda, 3-1 en la fase de grupos. De ahí a sobrevivir a un cruce a vida o muerte hay un océano. Egipto lo cruzó en una noche.
Un inicio perfecto… y un giro cruel
El guion pareció ideal desde el arranque. En el minuto 13, Emam Ashour atacó el primer palo con decisión y conectó un cabezazo que sorprendió a Beach, colándose pegado al poste cercano. 1-0 y la sensación de que Egipto tenía el partido donde quería: marcador a favor, espacios para correr, Salah como amenaza constante.
Nada de eso duró.
Australia, herida pero no derrotada, adelantó líneas tras el descanso. Y el partido encontró a su personaje más trágico. Mohamed Hany, lateral egipcio, ya había encendido las alarmas poco antes: un choque aéreo con Connor Metcalfe lo dejó tendido en el césped, con camilla preparada y el cuerpo técnico médico en máxima alerta. Tras una revisión, continuó.
Nueve minutos después, el fútbol le dio un golpe que no aparece en los partes médicos. Aiden O’Neill ejecutó una falta desde el costado izquierdo del área. Hany saltó para despejar, pero su cabezazo salió hacia donde nadie quiere verla ir: directa a su propia portería, superando a Mostafa Shoubir. Segundo autogol de Hany en este Mundial, después del que había firmado en el 1-1 ante Bélgica en la fase de grupos. Un lugar doloroso en la historia del torneo.
El empate en el 55 cambió la atmósfera. Australia se creció. Egipto tuvo que rehacerse mentalmente en plena batalla.
Australia, otra vez frenada en la frontera
Los Socceroos ya sabían lo que era sufrir en octavos. Cayó 1-0 ante Italia en 2006 con un penalti en el descuento. Perdió 2-1 frente a Argentina en Qatar 2022, con otro autogol como único tanto a favor. Ahora suma una tercera eliminación en la fase de cruces. Tres intentos, tres despedidas.
Y un dato que pesa como una losa: sus únicos goles en eliminatorias mundialistas han sido dos autogoles, el de 2022 y este de Hany. Un espejo incómodo para un equipo que siempre se vende como competitivo y correoso.
Tony Popovic, en el banquillo, lo resumió con pocas palabras: duele irse así, tan cerca y desde el punto de penalti. Duele, sobre todo, cuando el equipo había tenido opciones reales de inclinar la balanza.
Omar Marmoush pudo haber dado a Egipto una ventaja de dos goles nada más empezar la segunda parte, pero cruzó demasiado su disparo. Beach sostuvo a Australia con varias intervenciones de mérito, incluyendo una estirada espectacular a cabezazo de Rabia en el tramo final del tiempo reglamentario y una parada más sencilla a tiro de Salah segundos después.
Antes del cierre de los 90 minutos, Haissem Hassan también rozó el 2-1, pero se topó con la pierna de Souttar, que desvió el disparo con la rodilla. Australia se agarró al partido como pudo. No le alcanzó.
El cambio de portero en la prórroga, con la entrada de Ryan por un Beach que había respondido con personalidad en apenas su sexto partido internacional, fue una apuesta clara por la experiencia en la ruleta de los once metros. Esta vez, la moneda cayó del lado contrario.
Egipto se instala en la historia… y mira a Atlanta
Cuando Abdelmaguid cerró la tanda, no solo decidió un partido. Cerró una etapa para una selección que había vivido los Mundiales como invitada de reparto. Egipto ya no es solo la historia de lo que pudo ser en 1934 o 1990. Ahora tiene una noche de eliminación directa que enseñar a las generaciones futuras.
Salah, a los 34 años, sigue siendo el faro. Hossam Hassan, desde el banquillo, ha devuelto al equipo a un lugar de relevancia. Y un grupo de jugadores que hasta hace nada no sabían lo que era ganar un partido mundialista se prepara ahora para medir fuerzas con un campeón del mundo o con la gran revelación del torneo.
La pregunta ya no es si Egipto pertenece a este escenario.
La pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar ahora que, por fin, ha derribado la primera gran puerta.






