La Copa del Mundo: Inglaterra se atasca, Escocia ante Brasil y Ronaldo resurge
La tercera jornada de la fase de grupos ha cambiado el pulso del torneo. No por un gran escándalo arbitral ni por una goleada histórica, sino por algo más sutil: la sensación de que los grandes ya no pueden relajarse ni un segundo. Inglaterra tropezó ante Ghana, Escocia se asoma al precipicio antes de medirse con Brasil y Cristiano Ronaldo ha decidido que aún no ha dicho su última palabra en un Mundial.
Inglaterra, entre el enfado y el “second game fever”
El 0-0 de Inglaterra frente a Ghana dejó un sabor agrio. No por el resultado en sí —el punto prácticamente les mete en octavos—, sino por la forma: espesa, previsible, sin colmillo. El empate les impidió sellar matemáticamente el pase a la ronda de 32 y encendió un debate que ya es casi tradición en cada gran torneo.
En medio del ruido, Jude Bellingham puso nombre al síntoma: “second game fever”. No es una excusa, es un patrón. Cuarto empate consecutivo de Inglaterra en el segundo partido de un gran campeonato, desde la Euro 2020. El equipo se bloquea cuando debería acelerar.
El foco se desplaza ahora al duelo del sábado ante Panamá, señalado internamente como el momento del “reset”. Ganar, mandar un mensaje y apagar las dudas antes de que lleguen los cruces. El plan está claro. La ejecución, no tanto.
Harry Kane, mientras, se niega a dramatizar. El capitán falló la ocasión que normalmente define su carrera: un balón franco, siete metros, y el disparo se marchó por encima del larguero. “Es parte de la vida de un delantero”, asumió. “Nueve de cada diez veces marco”. No piensa flagelarse. Piensa en el siguiente remate.
En torno a él surge otra vieja pregunta: ¿depende demasiado Inglaterra de su ‘9’? Bellingham y Eberechi Eze coinciden en la respuesta: Kane es el faro, pero no el único foco. Eze subraya que el vestuario mantiene la calma, que el punto ante Ghana “no cambia la dinámica” del grupo y que la consigna es sencilla: no dejarse arrastrar por los picos emocionales de un torneo largo.
No todo son certezas. Declan Rice salió del estadio de Boston con la pierna vendada tras un golpe en el 0-0 y Reece James también será evaluado antes del choque con Panamá. Según la BBC, no hay preocupación a largo plazo con Rice, pero ambos podrían descansar. Rice, además, camina sobre una delgada línea: vio la primera amarilla inglesa del torneo y una segunda tarjeta le dejaría fuera del hipotético duelo de octavos. En un Mundial donde los márgenes se afinan, cada entrada cuenta.
Polémica Bellingham y queja formal de Paraguay
El partido ante Ghana no solo dejó debate futbolístico. También abrió una brecha disciplinaria que ya ha llegado a los despachos de la FIFA. Desde España se informa de que Paraguay ha presentado una protesta formal por el distinto criterio aplicado en una nueva y controvertida norma: la que permite expulsar a un jugador por taparse la boca en una confrontación con un rival.
Miguel Almirón fue el primero en ver la roja por ese motivo en la victoria paraguaya ante Turkiye. Bellingham, en cambio, no recibió sanción alguna tras cubrirse la boca al hablar con Jordan Ayew. La explicación oficial: la conversación fue amistosa, sin rastro de tensión. Para la federación paraguaya, el problema no es el matiz, sino la coherencia en la aplicación del reglamento.
La imagen del inglés con la mano en la boca y la del paraguayo camino del vestuario tras la revisión del VAR se han convertido en munición para quienes reclaman reglas claras y, sobre todo, iguales para todos.
Ronaldo se reivindica a lo grande
Mientras Inglaterra se mira al espejo, Cristiano Ronaldo ha elegido otro camino: gritar que sigue vivo. El portugués firmó un doblete en el 5-0 de Portugal a Uzbekistán, una victoria que le devolvió el protagonismo y le permitió lanzar su mensaje al mundo: está “de vuelta”.
Dentro del vestuario, el alivio es palpable. Bruno Fernandes lo dijo sin rodeos: era importante que el capitán marcara. Portugal necesita a su referencia en ataque enchufada y con confianza, y el encuentro ante Uzbekistán sirvió para eso y más: para recordar que, cuando el equipo se suelta, tiene dinamita de sobra.
El cierre de la fase de grupos les lleva ahora a Miami, donde se jugarán el liderato del Grupo K frente a Colombia. Con Ronaldo ya encendido, el partido se transforma en un examen serio para medir hasta dónde puede llegar esta Portugal.
Escocia, a cara o cruz frente a Brasil
A miles de kilómetros de Boston y Miami Beach, pero dentro del mismo mapa emocional, Escocia se prepara para una noche que puede cambiar su historia. El equipo de Steve Clarke llega al duelo contra Brasil con el Mundial en una cuerda floja: una victoria les mete casi seguro en octavos, un empate prácticamente también, una derrota les condena a la calculadora.
El 1-0 sufrido ante Marruecos, encajado a los 70 segundos con el gol de Ismael Saibari, dejó cicatriz. No solo por el marcador, sino por la sensación de fragilidad inicial. Antes, el triunfo por la mínima ante Haití ya había generado inquietud en la Tartan Army. El equipo gana, pero no convence. Y ahora enfrente está Brasil.
Carlo Ancelotti no se fía. El técnico italiano, cinco veces campeón del mundo con la ‘Canarinha’ como escudo, advirtió del peligro escocés: un conjunto “bien organizado”, con jugadores de jerarquía como Scott McTominay y John McGinn y, sobre todo, una condición que ningún entrenador desprecia en un Mundial: “son luchadores”.
Brasil, que se reencontró con su mejor versión en el 3-0 ante Haití, podría presentar una novedad gigantesca: Neymar. El astro no ha jugado todavía en el torneo por un problema en la pantorrilla, pero Ancelotti confirmó que está “disponible, en forma y listo para jugar”, ya sea 45 minutos o el partido completo. Su sola presencia altera el escenario.
La baja segura es Raphinha, lesionado en los isquiotibiales en ese mismo 3-0. Pero la noticia en el campamento brasileño es el regreso de Neymar al césped y al foco mundial.
El contexto añade tensión. Por normativa FIFA, los partidos finales de grupo se disputan a la misma hora para evitar arreglos encubiertos, una lección aprendida desde la infame “Desgracia de Gijón” de 1982. Por eso Escocia-Brasil y Marruecos-Haití arrancan al mismo tiempo en Miami. Una victoria escocesa, combinada con un tropiezo marroquí, incluso podría colocarles como líderes de grupo.
Las cuentas son claras:
- Ganar a Brasil: Escocia avanza, con opciones de liderar.
- Empatar: cuatro puntos, casi garantía de estar entre los mejores terceros.
- Perder por la mínima: tres puntos y -1 de diferencia de goles; un filo estadístico que en otros torneos ha bastado, pero que no ofrece ninguna seguridad.
Fuera del césped, la Tartan Army ya ha ganado su propio partido. Han tomado Miami con kilts, gaitas y cerveza. La policía local y las autoridades británicas han elogiado su comportamiento y el ambiente festivo en la ciudad. Ahora falta lo más difícil: que el equipo esté a la altura de su gente.
Inglaterra y Escocia, caminos que pueden cruzarse
Mientras los aficionados ingleses también reciben elogios por su conducta —sin incidentes ni detenciones en el 0-0 ante Ghana en Boston, un contraste con viejos fantasmas—, el cuadro del torneo empieza a dibujar un posible cruce de alto voltaje.
Tal y como está la clasificación, Inglaterra lidera el Grupo L y Escocia marcha tercera en el Grupo C. Si ambos mantienen sus posiciones tras medirse a Panamá y Brasil, el calendario les empujará a un choque directo en Ciudad de México el 6 de julio. Un clásico británico, pero con acento mundialista y una carga emocional brutal.
Para que ese escenario tome forma, Inglaterra debe rematar la faena ante Panamá —sellar el liderato, proteger a los apercibidos y recuperar sensaciones— y Escocia tiene que sobrevivir a Brasil. No hay margen para la distracción.
Entre tormentas, reglas nuevas y viejos fantasmas
El torneo, además, convive con factores externos que amenazan con alterar su guion. Un terremoto de magnitud 5,6 sacudió California horas antes del último partido de grupo de Estados Unidos frente a Turkiye. No hubo alerta de tsunami, pero el recordatorio de que la naturaleza no entiende de calendarios fue contundente.
En paralelo, la FIFA se enfrenta a un rompecabezas propio: los retrasos por tormentas eléctricas. El duelo entre Francia e Irak ya se alargó casi cuatro horas respecto al horario previsto y el organismo admite que podría verse obligado a romper la simultaneidad de los últimos partidos de grupo si el clima lo exige. El miedo es evidente: que un aplazamiento reabra la puerta a especulaciones y sospechas que parecían desterradas desde 1982.
Gianni Infantino también ha puesto sobre la mesa el futuro de las pausas de hidratación más allá de este Mundial, otro síntoma de que el fútbol se ve obligado a adaptarse a condiciones extremas que ya no son excepción, sino norma.
Voces, quejas y supersticiones
En este paisaje, no faltan las notas pintorescas. Un autoproclamado “brujo” ghanés, Nana Kwaku Bonsam, se atribuyó el mérito de haber “bloqueado” a Harry Kane en el empate ante Ghana y ahora asegura que ha decidido “liberarlo” para que marque frente a Panamá. Folclore, superstición y Mundial siempre han ido de la mano, y esta edición no es diferente.
En el terreno más serio, Gordon Brown ha cargado contra los precios “extorsivos” de las entradas, reclamando una investigación sobre el coste para los aficionados. El ex primer ministro británico, presente en el debut de Escocia ante Haití, denuncia que familias que han seguido a sus selecciones durante años están siendo expulsadas de los estadios por tarifas que multiplican por 30 o 40 las de la final de la Eurocopa en Alemania.
Mientras tanto, otros seleccionadores afinan sus planes. Alemania, ya clasificada, afrontará su duelo con Ecuador “como una final”, en palabras de Nadiem Amiri, decidido a no levantar el pie para respetar la competición. Lionel Scaloni, con Argentina ya dueña del Grupo J, no contempla reservar a Lionel Messi frente a Jordania: el capitán quiere jugar al menos 45 minutos, persigue la Bota de Oro con cinco tantos en dos partidos y el técnico no tiene intención de frenarlo.
Graham Potter, al frente de Suecia, ha salido en defensa de su capitán Isak Hien tras la debacle 5-1 ante Países Bajos. Le señalan por tres errores, él responde con un mensaje claro: si él manda, Hien juega. El Mundial también se juega en las ruedas de prensa, en la gestión del dolor y en la protección de los líderes.
Y en Canadá, Suiza se prepara para cerrar el Grupo B ante los anfitriones, mientras Bosnia y Herzegovina se juega el pase frente a Qatar con ambos equipos empatados a un punto. Cada grupo tiene su pequeño drama, su partido bisagra, su héroe inesperado a la espera.
El torneo avanza con una pregunta colgando sobre Boston, Miami y cada ciudad sede: ¿quién aprovechará este momento de turbulencia para dar un golpe sobre la mesa? Inglaterra necesita reencontrarse, Escocia sueña con tumbar a Brasil, Ronaldo ya ha encendido el marcador y Messi no quiere descanso. La tercera jornada no define campeones, pero sí revela algo más valioso: quién está preparado para sufrir cuando el Mundial deja de ser una fiesta y se convierte en una prueba de carácter.






