Celtic y la dura derrota en Ibrox: McGregor analiza el fracaso
En Ibrox, la derrota dolió. Pero lo que más escoció fue la radiografía que hizo el capitán.
Callum McGregor no se escondió tras el 3-0 ante Rangers. Ni buscó excusas, ni se refugió en tópicos. Apuntó directo al corazón del problema: Celtic no fue un equipo.
“Creo que la diferencia entre los dos lados fue que viste un equipo y luego viste un grupo de individuos”, resumió el centrocampista, con una sinceridad que retumbó tanto como los goles encajados.
Rangers actuó como bloque. Celtic, dijo, pareció un conjunto de jugadores haciendo cada uno la guerra por su cuenta, queriendo jugar solo cuando tenía el balón y sin voluntad de correr cuando tocaba sufrir.
Un Celtic que no corre
El diagnóstico fue tan duro como claro: al grupo le faltó trabajo sin balón. McGregor criticó la falta de carreras, la ausencia de solidaridad defensiva, la imposibilidad de sostenerse atrás “defendiendo con seis jugadores”. En un club donde el esfuerzo es innegociable, el mensaje fue un aviso a navegantes.
Los sueldos, altos, llegan puntuales cada mes. El esfuerzo, recordó el capitán, debe estar a la misma altura, más aún en partidos de este calibre, con una afición que llena estadios y, en definitiva, paga la fiesta. Esa afición puede perdonar errores, pero no la sensación de que algunos no se vacían.
“Tenemos que ser el equipo que queremos ser. Y tenemos que encontrar la manera de hacerlo rápido”, insistió McGregor.
La derrota ante LASK en Linz ya había sido una llamada de atención. Esta en Ibrox, otra más. Demasiadas para un club que se mide por su rendimiento en las grandes citas.
Grandes partidos, grandes ausencias
El capitán no maquilló el momento: Celtic ha fallado en los encuentros importantes. “Si queremos ser un buen Celtic, tenemos que ganar los grandes partidos. Eso es algo que siempre hemos hecho: ganar cuando importa”, recordó. Esta temporada, en cambio, el equipo ha estado “a trozos”, irregular, incapaz de sostener un nivel alto durante los 90 minutos.
El entrenador habló de “wake up call”, de aviso serio. Pero McGregor dejó entrever que esa alarma ya debería haber sonado tras el desastre de Champions en Linz. Y aun así, el equipo volvió a tropezar con la misma piedra.
“Nos hemos puesto bajo presión”, admitió. La reacción, subrayó, no puede esperar: el jueves y el domingo llegan dos partidos clave. El margen de error se encoge.
Solo Donovan se salva
En su repaso al encuentro, McGregor fue contundente: “Fuimos pobres en prácticamente todas las áreas del juego”. Sin matices. Sin paños calientes. Reconoció que, una vez por detrás en el marcador, el equipo nunca dio la sensación real de poder levantarse.
Hubo, eso sí, una excepción que el propio entorno del club ha señalado: Colby Donovan. Probablemente el jugador con el salario más bajo sobre el césped, pero uno de los pocos que salió con algo de crédito de Ibrox. Un contraste incómodo en un vestuario con fichas muy superiores.
Celtic tuvo un par de buenos momentos al inicio. Ocasiones que, de haber acabado dentro, habrían cambiado el guion. Pero en un campo así no se conceden “cientos y cientos de oportunidades”, advirtió McGregor. Son momentos puntuales, que marcan el partido. Celtic los desperdició y, una vez encajado el primero, nunca pareció capaz de volver.
De evitar la goleada a evitar una crisis
Tras el tercer gol, el objetivo cambió. Ya no se trataba de remontar, sino de evitar una humillación mayor. McGregor lo explicó sin rodeos: “No quieres que sean cuatro o cinco”. En cuanto entró el tercero, habló con sus compañeros de línea defensiva, Cameron y Scales, para cerrar filas: “Ningún gol más, tenemos que apretar esto”.
La prioridad pasó a ser limitar daños. Quedaba orgullo. Y también un cálculo frío: si el resultado se dispara a “cuatros y cincos”, la conversación sobre el equipo entra en otro nivel, mucho más corrosivo.
El capitán fue claro: en Celtic no se engaña a nadie con una actuación así. Aquí hay que rendir. No se puede esconder, no se puede ir al trote, no se puede culpar siempre a otro. Hay que responder como colectivo y también como individuo. En Ibrox, salvo Donovan, pocos pudieron mirarse al espejo con tranquilidad.
Un equipo “a trozos” y el reloj corriendo
“Se ve, 100%”, insistió McGregor. Se ve para los que llevan años dentro y para los que llevan años mirando desde la grada. El equipo no funciona como un todo. No se comporta como el Celtic que la gente reconoce. Es un fútbol “demasiado a trozos”, demasiado intermitente.
Hay caras nuevas, jugadores que aún tratan de entender el sistema, de asimilar cómo debe verse este Celtic, cómo debe comportarse. Ha habido “destellos” esta temporada, pero no continuidad. Y eso, para McGregor, ya no vale. “En algún momento tiene que caer la ficha”, advirtió. No se puede encender y apagar el interruptor según el día o el rival.
En escenarios como Ibrox, recordó, hay dos obligaciones: ser fuerte “contra el balón”, solidario, agresivo, y, cuando se tiene la posesión, mostrar la versión reconocible de Celtic, la que históricamente les ha dado éxito.
Presión creciente y dos partidos que pesan
El capitán habló de trabajo, de repetición, de entrenamiento, de buena información táctica. No cuestionó la preparación, sí la ejecución. “Llevamos mucho tiempo haciendo esto”, dijo, reclamando responsabilidad. Son ya dos grandes partidos perdidos. Y no habrá muchos más antes de que “la presión se dispare de verdad”.
“Tenemos que ser honestos con eso, no vamos a escondernos”, apuntó. Hay que arreglarlo. Y rápido.
Porque la semana que viene no es una semana cualquiera. Llega otro duelo europeo el jueves y, el domingo, Rangers visita Celtic Park. Esta vez, con 60.000 aficionados locales en las gradas, plenamente conscientes de lo que ocurrió en Ibrox y de las palabras, tan crudas como necesarias, de su capitán.
La grada de Celtic puede perdonar errores técnicos, un mal día, incluso una derrota dura. Lo que no perdona es la sospecha de falta de esfuerzo. El mensaje ya está lanzado.
Ahora, solo queda una respuesta posible: salir y demostrarlo. Tiempo de entregar, Bhoys.






