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Benjamin Sesko y su regreso triunfal al fútbol

Benjamin Sesko siente que por fin ha dejado atrás el calvario físico. Después de meses de frustración, de parones y recaídas, el delantero esloveno vuelve a hablar como alguien que se sabe futbolista otra vez.

Su problema en la tibia marcó su primera temporada y destrozó prácticamente toda su pretemporada. Justo cuando debía asentarse en la élite, el cuerpo dijo basta. El dolor le sacó de ritmo, le sacó del once y le obligó a mirar desde la banda mientras el año avanzaba sin él.

Todo cambió con su regreso al once inicial en la Champions League. Ahí, de nuevo titular, de nuevo influyente, Sesko sintió que el túnel empezaba a quedarse atrás y que el físico, por fin, respondía.

Una espera larga… y necesaria

El esloveno no esconde que la cautela del cuerpo médico fue clave. Nada de prisas, nada de regresos exprés para apagar incendios.

“Básicamente era solo para asegurarnos de que no empeorara, porque ese era el problema”, explicó el delantero al repasar su recuperación. “Necesitábamos un poco más de tiempo de lo habitual, porque si empiezas demasiado pronto, puede volver a aparecer. Y creo que esperar un poco más fue una gran decisión, ahora está curado, así que es perfecto. Era la tibia”.

La lesión no fue un chispazo aislado. Llegó por una combinación de impacto físico y la intensidad brutal del fútbol de la Premier League. El origen se remonta al tramo final de la campaña anterior, cuando una patada recibida se mezcló con la carga de trabajo que él mismo se imponía.

“Me dieron una patada la temporada pasada, pero también fue un poco de sobrecarga por mi parte. Básicamente fue eso”, admitió el atacante de 23 años.

Aun así, incluso con molestias y parones, Sesko firmó 12 goles en su curso de debut. Números respetables para alguien que, entre adaptación, dolor y cambios de liga, vivía casi en un estado de transición permanente.

De la incomodidad a la pertenencia

Ese periodo ya suena lejano cuando habla de su vida actual en Manchester. El discurso ha cambiado. También el gesto.

Sesko asegura que se siente instalado, cómodo, con la cabeza limpia y el balón como prioridad. El salto desde Alemania a Inglaterra no fue menor: nueva liga, nuevo idioma, nueva ciudad, otra presión. Su primer año fue un torbellino.

“Mucho mejor, especialmente que la temporada pasada”, confesó al comparar sensaciones. “Cambié de país. Todo era nuevo para mí. Ahora es como que realmente lo estoy disfrutando. Soy muy feliz aquí. Me encanta la vida aquí. Tengo compañeros que son perfectos. No puedo quejarme de nada”.

Esa frase, “no puedo quejarme de nada”, pesa casi tanto como cualquiera de sus goles. Habla de un jugador que ya no se siente de paso, sino parte del proyecto.

Un camino largo hasta Old Trafford

El destino se llama Old Trafford, pero el viaje no fue directo. Pudo serlo. Manchester United le seguía desde que tenía 16 años. El talento estaba detectado, el nombre, subrayado en la agenda. La decisión, sin embargo, fue otra.

Sesko y su entorno eligieron la ruta lenta. Primero Red Bull Salzburg, luego Leipzig, después sí, la Premier League. Escalones, no atajos. El objetivo: llegar preparado al peso específico que implica vestir una de las camisetas más pesadas del mundo.

“Básicamente fue el momento que decidimos, porque creo que era importante”, explicó sobre el porqué de su aterrizaje ahora y no antes. “Hubiera sido un paso demasiado grande para mí saltar, digamos, de Austria o Eslovenia directamente a Manchester United. Necesitaba esos pasos para ir siendo mejor y mejor y finalmente estoy aquí”.

Ahora, con la tibia curada, el cuerpo al fin a la altura de su ambición y un entorno en el que se siente en casa, la pregunta ya no es si Sesko aguantará el ritmo. La verdadera incógnita es hasta dónde puede llegar si, por una vez, la temporada le pertenece entera.