Bélgica logra una remontada épica: 3-2 ante Senegal en la prórroga
Durante casi 85 minutos, Bélgica caminó al borde del abismo. Senegal mandaba 2-0, controlaba las áreas y parecía tener en la mano una clasificación histórica. Al final, el fútbol se dobló, pero no se rompió: remontada belga, 3-2 en la prórroga, y pase a octavos del Mundial en un partido que cambió de guion tres veces.
Lo decidió Youri Tielemans, en el último suspiro del tiempo extra, desde el punto de penalti. Pero la historia empezó mucho antes.
Senegal golpea primero y sueña con la hazaña
Sin Édouard Mendy, fuera por lesión de rodilla, Senegal no se encogió. Al contrario. Orden atrás, piernas frescas y una convicción feroz en cada duelo. El premio llegó en el minuto 25.
Habib Diarra cazó su momento y adelantó a los africanos, que aprovecharon mejor cada transición y cada balón dividido. Bélgica, espesa, lenta en la circulación, vivía lejos de Thibaut Courtois y demasiado cerca de su propia área.
Tras el descanso, el partido pareció romperse. Ismaïla Sarr, en estado de gracia en este Mundial, firmó una obra de arte en el 51. Control perfecto con el pecho a un envío largo de Moussa Niakhaté y definición seca, imparable, ante Courtois. Era su cuarto gol del torneo y uno de los más bellos del campeonato. El 2-0 encendía el banquillo senegalés y helaba a los belgas.
Para colmo, en el 56, dos cambios que sorprendieron a todos: Kevin De Bruyne y Jérémy Doku se marchaban del campo. Con el equipo contra las cuerdas, Bélgica perdía a dos de sus mayores generadores de juego. El mensaje parecía claro: o reaccionaban los que entraban, o el Mundial se acababa esa misma noche.
Lukaku enciende la mecha, Tielemans fuerza la prórroga
El tiempo corría en contra. Senegal defendía cada balón como si fuera el último. Bélgica empujaba más por necesidad que por claridad. Pero cuando Romelu Lukaku aparece, el área se encoge.
Minuto 86. El delantero, que había salido desde el banquillo, encontró el espacio y el remate para recortar distancias. 2-1. De repente, el partido cambió de temperatura. Senegal dio un paso atrás, quizá por instinto. Bélgica olió la sangre.
La reacción fue inmediata. Tres minutos después, en el 89, Tielemans se plantó ante la ocasión que todo centrocampista sueña en un Mundial: balón franco, momento crítico, país entero conteniendo la respiración. Su gol, el 2-2, no solo empató el marcador; devolvió a Bélgica a la vida y empujó el duelo a la prórroga.
Senegal, que había llegado a octavos como uno de los mejores terceros tras sobrevivir a un grupo con la dos veces campeona Francia y la Noruega de Erling Haaland, veía cómo el trabajo de todo el torneo se jugaba ahora a 30 minutos más.
La prórroga, el VAR y el último latido de Tielemans
La prórroga fue una batalla de nervios. Las piernas pesaban, las ideas se agotaban, y cada pérdida de balón olía a tragedia. Bélgica manejaba más la posesión; Senegal buscaba el zarpazo aislado que había sabido encontrar durante todo el encuentro.
Y cuando ya todos miraban al reloj pensando en los penaltis, llegó la jugada que lo cambió todo.
En los últimos segundos del tiempo extra, Tielemans cayó en el área tras un contacto con Lamine Camara. El estadio se congeló. El árbitro dejó seguir unos instantes, luego señaló su oído y se fue al monitor. Varios minutos de revisión. Las repeticiones, una y otra vez. Los jugadores rodeando al colegiado, los banquillos en vilo.
Al final, el gesto que nadie olvida: brazo extendido, penalti.
Tielemans tomó el balón, lo colocó y no tembló. Gol en el descuento de la prórroga, 3-2 y remontada completada. De villano potencial a héroe absoluto en cuestión de minutos.
Bélgica vuelve a estar donde se le exige
Con este triunfo, Bélgica se mete en octavos de final por tercera vez en los últimos cuatro Mundiales. En 2014 alcanzó los cuartos, en 2018 rozó la final llegando a semifinales, y hace cuatro años en Qatar se estrelló en la fase de grupos. Esta vez, el camino vuelve a abrirse, aunque con aviso: el margen de error es mínimo.
El siguiente obstáculo saldrá del cruce entre Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina, en Santa Clara, California. Después de una noche así, la pregunta no es solo contra quién jugará Bélgica.
La pregunta es si esta remontada marcará el punto de inflexión de un equipo que se niega a abandonar la élite mundial.






