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Tottenham y el empate amargo ante Leeds: Golazo de Tel y penalti polémico

Tottenham rozó la tarde perfecta en casa ante Leeds United. Tenía el marcador, tenía el impulso, tenía al héroe del partido. Y, sin embargo, terminó con un 1-1 que deja un regusto amargo y una sensación de oportunidad perdida.

Un primer tiempo tenso… y un aviso

Ange Postecoglou repitió el once que había brillado ante Villa. Lógico: fue uno de los pocos partidos convincentes del curso y no había motivos para tocar nada.

Leeds, eso sí, dejó claro desde el minuto 10 que no venía de paseo. Ordenado, intenso, compacto. Nada de equipo “en la playa”. Cada salida de balón de Spurs encontraba una muralla bien plantada.

Tottenham, pese a todo, encontró espacios. Pedro Porro filtró un pase magnífico al desmarque de Richarlison, que se quedaba solo. Y ahí llegó el primer suspiro de la tarde: control pesado, ocasión desperdiciada. Un resumen cruel de lo que sería su partido.

Kinsky sostuvo a Spurs cuando más lo necesitaban. En el ecuador del primer tiempo sacó una parada espectacular, de esas que parecen gol cantado hasta que, de algún modo, la mano aparece. Evitó el 0-1 y mantuvo en pie a un Tottenham que generaba, pero no remataba.

Las llegadas se acumulaban. Centros, segundas jugadas, un córner con posible penalti que recordó a las famosas “jugadas de punto de énfasis” que casi nunca se sancionan. Mucho ruido en el área rival, poca precisión en el remate. Y, entre tanto, una advertencia: Leeds marcó antes del descanso, pero el VAR confirmó fuera de juego. Si no, la acción posterior probablemente habría terminado también en pena máxima en contra de Danso.

Al menos, una pequeña victoria psicológica: Tottenham no encajó en el descuento del primer tiempo. Algo es algo.

El estallido de Tel

El segundo tiempo cambió de tono con una sola jugada. Y con un solo nombre: Mathys Tel.

El joven atacante recibió, se perfiló y soltó un derechazo demoledor a la escuadra. Un disparo que intenta a menudo y rara vez le sale. Esta vez, sí. Golazo. El estadio explotó. Tottenham, por fin, encontraba premio a su insistencia.

El 1-0 liberó a Spurs. Joao Palhinha rozó un gol insólito, lanzándose al suelo en una entrada que casi acaba con el balón dentro de la portería. Hubiera sido un tanto tan extraño como maravilloso.

Randal Kolo Muani volvió a dejar una actuación irregular. Dejó un detalle fino, un toque precioso para habilitar a Richarlison, cuya ocasión terminó con Pombo mandando el balón a las nubes. Pero, en líneas generales, el francés nunca terminó de imponerse.

Richarlison, por su parte, encarnó la frustración del ataque de Tottenham. Mucho esfuerzo, presión incansable, compromiso absoluto con el equipo… y una colección de ocasiones malgastadas. Lo intentó todo, pero nada quiso entrar.

El penalti que lo cambió todo

El partido parecía controlado. Leeds empujaba, pero sin demasiada claridad. Hasta que el protagonista del golazo reapareció, esta vez en su propia área.

Mathys Tel intentó una chilena defensiva dentro del área para despejar un balón colgado. No vio a Ethan Ampadu, que se lanzó a cabecear. Tel le golpeó en la cabeza. El contacto fue claro.

Seis minutos de revisión del VAR, visita del colegiado al monitor y, finalmente, decisión: penalti. Dominic Calvert-Lewin no perdonó desde los once metros y empató el encuentro.

La acción es cruel para Tel, pero la decisión es difícil de discutir. La intención no pesa en el reglamento: arriesgar una chilena en el área, con rivales cerca, es una mala elección. El debate, más bien, se instala en otra parte: ¿se habría señalado lo mismo si el protagonista de la chilena hubiera sido un defensor de otro club grande?

Kinsky sostiene la temporada

El gol de Calvert-Lewin cambió la atmósfera. Tottenham siguió buscando el segundo, pero el nerviosismo se instaló. El colegiado añadió 13 minutos de descuento, una cifra que sorprendió a todos tanto como una mano pitada a Micky tras una falta previa que parecía clarísima.

En ese tramo final, Kinsky volvió a erigirse en salvador. Sacó una mano decisiva a un disparo brutal de Longstaff. Una parada que bien puede valer una temporada. Si ese balón entra, el golpe para Spurs habría sido mayúsculo.

Y aún quedaba una última polémica.

El regreso de Maddison y la jugada que enciende a Tottenham

James Maddison volvió al césped para disputar sus primeros minutos del curso. El estadio lo recibió como a un fichaje estrella. Más allá del óxido lógico, dejó detalles y algo de claridad en tres cuartos. Solo su presencia ya cambia el ánimo del equipo.

En el descuento, Maddison cayó derribado en el área en una acción que muchos en Tottenham vieron como penalti “de libro”. El colegiado, sin embargo, no señaló nada. Ni revisión, ni corrección. Nada.

La indignación fue inmediata. En un partido marcado por un penalti decidido tras una larga consulta del VAR, la negativa a revisar la acción sobre Maddison se sintió, para muchos, como una doble vara de medir.

Un empate que pesa más de lo que dice la tabla

Los números del encuentro lo cuentan bien: 1,32 de xG para Tottenham, 1,26 para Leeds. Partido igualado, decidido por detalles, por un golazo y por un penalti.

Spurs no jugaron mal. La diferencia con el triunfo ante Villa es casi matemática: la semana pasada, el balón entró; esta vez, no. El problema es que, a estas alturas de la temporada, esos matices se vuelven gigantes.

La clasificación ofrece cierto consuelo. Tottenham sigue dos puntos por delante de West Ham con dos jornadas por disputarse y cuenta con una diferencia de goles muy favorable en caso de empate. No es una catástrofe. Pero tampoco es un colchón cómodo.

El escenario está claro: Spurs deben igualar o mejorar lo que haga West Ham, que visita a Newcastle. El problema es el destino del próximo viaje: Stamford Bridge, un estadio en el que Tottenham solo ha ganado una vez en liga desde 1990.

El margen existe. La ventaja también. La pregunta es otra: ¿tendrá este Tottenham la pegada y la calma necesarias para que un penalti desafortunado no termine marcando toda su temporada?