Tottenham arrasa en casa con Savio como protagonista
Tottenham tardó en encender el motor, pero cuando encontró el ritmo, arrasó. El equipo de Roberto De Zerbi se fue al descanso con un 2-0 cómodo tras dos zarpazos en tres minutos, justo antes del entretiempo, firmados por Mikey Moore y Dominic Solanke. Dos golpes seguidos que cambiaron por completo el tono de la noche.
Hasta ese momento, Charlton había sobrevivido. Ordenado, aplicado, sostenido por un buen Antonin Kinsky bajo palos. Pero Moore rompió el candado con una acción de puro talento y, casi sin que los visitantes pudieran reaccionar, Solanke añadió el segundo con un giro y definición de delantero de jerarquía. A partir de ahí, el partido dejó de ser una incógnita.
Savio y Danso completan la goleada
La segunda parte fue un ejercicio de control de Tottenham, que jugó a placer. El marcador se disparó cuando Kevin Danso, recién ingresado, tardó apenas un toque en dejar huella. En el minuto 67, el central se desmarcó con inteligencia y conectó de cabeza un balón servido con sutileza por Mateus Fernandes en un tiro libre. Gol con su primera intervención, golpe en la cabeza en la misma acción y una sensación clara: el duelo estaba sentenciado.
La tarde, sin embargo, tenía reservado un papel estelar para el fichaje de 85 millones de libras. Savio saltó al césped entre una ovación enorme y respondió como se espera de un jugador de ese precio: con decisión y pólvora. Nada de adaptación lenta. Nada de timidez.
El brasileño marcó su primer tanto con la camiseta de Spurs con un disparo raso y potente desde la frontal del área, un golpe seco que se coló ajustado al palo. De Zerbi había pedido más “productividad” en los metros finales. Savio le contestó con hechos.
El brasileño rozó el doblete poco después. Armó otro disparo que, esta vez, se desvió en Ben Davies antes de colarse en la portería. El tanto subió al marcador como un autogol del galés, pero la jugada llevó la firma del nuevo número grande del proyecto. Tottenham ya ganaba 5-0 y jugaba con una autoridad insultante.
Charlton solo encontró un consuelo tardío, cuando Jones cabeceó en los minutos finales para arruinar la portería a cero que buscaban Kinsky y la zaga. Un detalle que dejó cierto sabor amargo en una noche por lo demás plácida para los locales.
Moore, el desequilibrio; Solanke, el faro
Mikey Moore fue el que encendió la chispa. El joven atacante rompió el 0-0 con una acción individual de mucho nivel: fuerza, control en corto, regates en espacios reducidos y la calma suficiente para definir. Desde ese instante jugó con una confianza desbordante, encarando, retando a los defensas y convirtiéndose en la amenaza más constante de Spurs. No se escondió ni un segundo.
A su lado, Dominic Solanke dejó claro por qué apunta a ser el nueve de referencia para De Zerbi en cuanto alcance el punto óptimo de forma. Cayó a recibir, protegió el balón, provocó faltas una y otra vez y, cuando tuvo su ocasión, la transformó con una media vuelta y remate preciso. Un delantero que da oxígeno al equipo y marca diferencias en el área.
Mathys Tel, muy participativo, se quedó sin premio. Buscó el gol, se movió bien entre líneas, pero no logró conectar la última acción. En un partido con cinco tantos a favor, su frustración es comprensible, aunque su influencia en el juego fue evidente.
El engranaje de De Zerbi: del fondo a la creación
Desde atrás, Jan Paul van Hecke marcó el compás. El central neerlandés apenas falló seis de sus 96 pases y fue el jugador que más balones filtró hacia el último tercio del campo. No solo defendió: dirigió. Salió sustituido mediado el segundo tiempo con el trabajo más que cumplido.
A su lado, Ben Davies vivió una noche tranquila en defensa y acabó apuntado en el acta como goleador involuntario, al desviar el disparo de Savio hacia su propia portería. Sólido, seguro, sin sobresaltos, pero con ese giro irónico del destino que le adjudicó un tanto en contra.
Destiny Udogie aprovechó su primera titularidad de la temporada para sumar minutos importantes en su camino de vuelta a la plenitud física. Se mostró intenso, se dejó ver en campo rival y, a medida que avanzaron los minutos, comenzó a enseñar de nuevo esa agresividad ofensiva que le caracteriza.
En el medio, Rodrigo Bentancur fue de menos a más. Arrancó con algún gesto precipitado, pero se asentó cuando Spurs se adueñó de la posesión. Firme en el choque, valiente para recibir bajo presión, terminó imponiendo su criterio en la zona ancha.
Lucas Bergvall, muy señalado tras su actuación contra Brentford, respondió con una versión más segura con balón. Sin estridencias, pero con personalidad para pedirla y participar, justo lo que necesitaba para recuperar sensaciones.
Mateus Fernandes, en su debut completo como titular, dejó detalles de por qué el club invirtió fuerte en él. Cuando se soltó, giró con naturalidad para escapar de la presión y aceleró las transiciones por dentro. Su centro medido para el gol de Danso fue una muestra de calidad y calma en un partido que ya se inclinaba claramente del lado local.
Porro, Savio y el lujo de las alternativas
La vuelta de Pedro Porro ofrece a Tottenham un registro distinto por la derecha. El lateral imprime profundidad, cambia el ritmo y abre líneas de pase que Archie Gray, pese a su despliegue, no siempre consiguió encontrar. Gray trabajó mucho, se sumó al ataque para apoyar a Moore, pero sus centros y decisiones finales no estuvieron a la altura de su esfuerzo. En defensa, se mostró algo conservador ante Millenic Alli, aunque Charlton apenas logró llevar peligro real a su zona.
La entrada de Savio terminó de desatar al equipo. El brasileño no solo marcó y provocó el quinto, también contagió energía. Cada vez que tocó el balón, el estadio se levantó. De Zerbi había pedido “más colmillo” en el último tercio. Savio respondió con un mensaje claro: está listo para asumir peso desde ya.
Kevin Danso, autor del cuarto tanto con ese cabezazo inmediato, se marchó con una mezcla de satisfacción y fastidio: gol en su debut desde el banquillo, pero sin la portería a cero que tanto deseaba la defensa.
Tottenham se va de este partido con algo más que una goleada. Recupera piezas, ve cómo sus fichajes de 85 millones empiezan a marcar diferencias y confirma que tiene fondo de armario para cambiar partidos desde el banquillo. La cuestión ahora es sencilla y, al mismo tiempo, enorme: ¿podrá sostener este nivel cuando lleguen las noches grandes de la temporada?






