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Ruptura entre Michael Edwards y FSG: promesas y frustración

Michael Edwards regresó a casa en 2024 con una condición muy clara. No solo volvía a orbitrar el futuro de Liverpool, sino a pilotar algo más grande: el salto definitivo de Fenway Sports Group (FSG) hacia un modelo multiclub en Europa. Dos años después, ese plan sigue sin ver la luz. Y Edwards ya se ha marchado.

El ejecutivo que acompañó y sostuvo gran parte de la era Jürgen Klopp, arquitecto de fichajes como Mohamed Salah, Sadio Mané o Andy Robertson, había dejado Liverpool en 2022. Su vuelta, en un rol distinto y más elevado, se presentó como el siguiente capítulo natural de una historia de éxito compartido. Esta vez no regresaba como director deportivo del club, sino como CEO of football de FSG, con un mandato claro: ayudar a diseñar y ejecutar la expansión futbolística del grupo con la compra de otro club europeo.

Ese compromiso, según diversas informaciones, fue clave. La promesa de un proyecto multiclub resultó decisiva para que Edwards aceptara el cargo. Él mismo había admitido que ese modelo era fundamental en su decisión. Pero el tiempo pasó, el mercado se movió, las oportunidades se fueron enfriando… y FSG no compró nada. El gran plan quedó aparcado. Y la paciencia de Edwards, también.

El Athletic ha apuntado que Edwards estaba especialmente empeñado en que FSG encontrara un segundo club, un ancla que consolidara la estructura global del grupo. La ausencia de avances en esa dirección habría alimentado una creciente frustración interna. Hasta desembocar en su salida, un año antes de que terminara su contrato, tras haber comunicado sus intenciones el año pasado.

No era un ejecutivo cualquiera. Cuando abandonó Liverpool en 2022, ya tenía propuestas sobre la mesa de clubes de la talla de Manchester United y Chelsea. Eligió no dar ese paso entonces. Prefirió tomarse distancia, esperar el proyecto adecuado. Acabó volviendo con FSG, convencido por la ambición de un salto estructural. El proyecto, sin embargo, “evolucionó de forma diferente a como se había imaginado inicialmente”, según reconoció en su comunicado de despedida.

En su etapa reciente, Edwards no se sentaba en el despacho clásico del director deportivo de Liverpool. Operaba un escalón por encima, más cerca de los propietarios que del banquillo. Desde ahí impulsó la llegada de Richard Hughes como nuevo director deportivo del club. Hughes, con quien ya había trabajado Andoni Iraola en Bournemouth, asumió el control del área deportiva en Anfield con un peso que el técnico vasco no llegó a tener en la estructura de los Cherries.

Ahora, ese engranaje también se resquebraja. Hughes está, según se ha informado, camino de salir a final de verano para unirse a Al-Hilal, lo que deja de nuevo a Liverpool ante otra reconfiguración en la cúpula deportiva. El tablero se recoloca y la figura que vuelve a ganar protagonismo es un viejo conocido: Mike Gordon.

El presidente de FSG, pieza clave en la gestión del club durante los años de mayor estabilidad, retomará el control del día a día en Liverpool. No es un terreno nuevo para él. Ya ejerció ese papel en el pasado, actuando como nexo constante entre Boston y Merseyside, entre la propiedad y el área deportiva.

En su comunicado, Edwards mantuvo el tono institucional, sin una sola palabra fuera de lugar. “Ha sido un privilegio regresar a Fenway Sports Group y Liverpool Football Club en un momento tan importante”, afirmó. Subrayó que deja al club “en una posición fuerte, con gente extraordinaria, una dirección clara y los cimientos para un éxito continuado”. Y recordó que, al volver, le ilusionaba tanto guiar a Liverpool en un periodo de transición como “ayudar a definir las ambiciones futbolísticas más amplias de FSG”.

No hubo reproches explícitos. Sí una frase que pesa más de lo que parece: ese “proyecto más amplio” que “en última instancia evolucionó de manera diferente a como se había imaginado”. Entre líneas, el reflejo de una distancia creciente entre la visión del arquitecto deportivo y el ritmo real de la propiedad.

Edwards también quiso agradecer a Mike Gordon, John Henry, Tom Werner y al resto de FSG y del club, y se detuvo, como siempre, en los aficionados: “Su pasión hace que este club sea tan especial. Siempre estaré agradecido de haber formado parte de su historia”.

La historia, sin embargo, se ha desviado del guion que se prometió en 2024. El modelo multiclub sigue siendo una idea, no una realidad. El hombre que debía liderarlo ya no está. Y mientras Liverpool encara otro verano de cambios en los despachos, la pregunta flota sobre Anfield: ¿apostará FSG de verdad por ese salto estructural o seguirá confiando en que un solo club, por muy grande que sea, pueda sostenerlo todo?