Rooney critica la planificación del Chelsea y destaca a Madueke, Gittens y Garnacho
La lupa lleva tiempo instalada sobre los despachos del Chelsea desde la llegada de Todd Boehly y Behdad Eghbali. Fichajes caros, plantilla descompensada y resultados irregulares en la Premier han encendido el debate. Wayne Rooney no ha pasado de puntillas. Ha ido directo al corazón del problema: la construcción del equipo.
En su podcast en la BBC, la leyenda del Manchester United cargó contra una política de fichajes que, a su juicio, roza lo incomprensible. Y puso nombres y apellidos.
El intercambio que cambió de barrio… y de rumbo
Para Rooney, el caso más sangrante está en las bandas. El exdelantero no entiende cómo el Chelsea permitió la salida de Noni Madueke rumbo al Arsenal para, acto seguido, apostar por Jamie Bynoe-Gittens.
“Vender a Madueke al Arsenal y fichar a Gittens, no lo entendí”, explicó. La frase resume el sentir de muchos en Stamford Bridge.
Los números sostienen su tesis. Madueke ha cruzado Londres y se ha transformado en pieza clave en el Emirates. Bajo el mando de Mikel Arteta, el extremo ha crecido hasta convertirse en un arma determinante en la pelea por la Premier League y en la carrera hacia una final de Champions League. Impacto inmediato. Producción real. Fútbol que decide títulos.
En el otro lado del espejo, Gittens no ha conseguido justificar el desembolso. Llegó para ocupar el vacío dejado por Madueke, etiquetado como el siguiente gran agitador de bandas del Chelsea, y el escenario es muy distinto: apenas un gol en 27 apariciones. Demasiado poco para un fichaje de 52 millones de libras.
Esa falta de pegada se ha convertido en munición para los críticos, que acusan al club de apostar ciegamente por el potencial y descuidar el rendimiento inmediato. Resultado: una plantilla desequilibrada, mucho talento en bruto y muy poco colmillo en los metros finales.
El enigma Garnacho en azul
Rooney no se detuvo ahí. También mostró su sorpresa por la llegada de Alejandro Garnacho desde el Manchester United, un movimiento que generó ruido desde el primer día.
“Jamás entendí el fichaje de Garnacho”, confesó. El argentino aterrizó en Londres rodeado de expectativas, señalado como uno de los jóvenes más excitantes de la Premier. El contexto, sin embargo, le ha devorado.
En Old Trafford era chispa, desborde, descaro. En Stamford Bridge, apenas un destello aislado. Lejos de ese jugador que encendía partidos, Garnacho lucha por encontrar su sitio en un proyecto que todavía no termina de definirse. La inversión es contundente: 40 millones de libras. El retorno, por ahora, mínimo: un solo gol en Premier League.
La frustración crece en la grada. No solo por el argentino, sino por la sensación de que el club ha coleccionado promesas sin rodearlas de la estructura adecuada. Demasiados jóvenes, muy pocos referentes.
Rooney lo ve claro: “Hay jugadores que tienen que salir para traer más experiencia y ayudar a los jóvenes”. El mensaje es duro, pero apunta a un déficit evidente: liderazgo en el vestuario.
Alonso, el giro que lo cambia todo
Pese al retrato crítico, Rooney no ve un futuro negro para el Chelsea. Al contrario. Encuentra una vía de escape en un nombre propio: Xabi Alonso.
El club le ha entregado un contrato de cuatro años y, detalle nada menor, el título de “manager” y no solo de “head coach”. Esa palabra, manager, implica poder real en la toma de decisiones deportivas. Indica que la directiva está dispuesta a escuchar su voz en el mercado y a darle el tipo de futbolista que reclama: menos apuesta abstracta, más jugador hecho.
Rooney lo celebra. Le gusta el matiz y lo que significa. Para él, si Alonso consigue redibujar el modelo de fichajes, el Chelsea puede volver a mirar hacia la cima del fútbol inglés en poco tiempo.
“Me gusta que Alonso haya sido anunciado como manager y no como head coach”, subrayó. Sabe que en la plantilla ya hay calidad, talento de sobra. El reto está en afinar este verano: elegir bien, corregir excesos y dar forma a un equipo reconocible.
Rooney lo ve con claridad: si el Chelsea acierta con las incorporaciones, no solo podrá competir, podrá pelear el título. Y añade un matiz que en el fútbol moderno pesa tanto como cualquier pizarra: el vestuario querrá jugar para Alonso. Por su trayectoria, por su carácter, por esa aura que arrastra desde sus días en la élite.
La pregunta ya no es si el Chelsea tiene talento. Lo tiene. La cuestión es otra: ¿permitirá el club que Alonso rompa con los errores recientes y construya, por fin, un equipo a la altura de su escudo?






