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Retratos de futbolistas en el Mundial: entre la imagen y la personalidad

Lionel Messi se planta rígido ante la cámara, como si estuviera a punto de lanzar una falta en el último minuto. Marc Cucurella sacude la melena y parece arrancarse a bailar. Diego Moreira se cubre los ojos con el antebrazo y deja al descubierto un tatuaje inquietante. Harry Kane se apoya torpemente sobre una rodilla, sin saber muy bien qué hacer con el resto del cuerpo.

Son 1.248 futbolistas y 48 seleccionadores en este Mundial. Ninguno se ha librado del ritual moderno: el retrato oficial. Da igual que tuvieran una pose pensada o no; había que pasar por el foco.

Encargados por Fifa y realizados por Getty Images en las últimas semanas, estos retratos forman una galería insólita de gestos, miradas y pequeños detalles que desnudan –un poco– la personalidad de cada jugador y la imagen que quiere proyectar al planeta.

Un estudio portátil en cada concentración

Las cámaras no han viajado solas. Las acompañan historias. Las imágenes entre bambalinas, compartidas por Getty, muestran cómo se construye cada retrato y cómo se comportan las estrellas cuando el balón desaparece y solo queda el objetivo.

Cada selección tuvo asignados dos fotógrafos. Un pequeño ejército silencioso. Uno preparaba un set sobrio, casi neutro. El otro montaba un escenario más distintivo. Mientras un jugador posaba en un fondo, el siguiente ya estaba listo en el otro. Rotación constante, como en un rondo infinito.

La iluminación, en apariencia sencilla: un gran flash de estudio con softbox apuntando al cuerpo del futbolista, un par de luces de contra para recortar la silueta y dar volumen desde atrás. Nada barroco. Pero el truco estaba en las lentes.

Aunque los fondos son más apagados que en los retratos oficiales de Qatar 2022, los fotógrafos han jugado con filtros especiales que generan desenfoques caprichosos y efectos caleidoscópicos. De ahí sale, por ejemplo, ese Messi multiplicado y difuso, como si el mejor del mundo se desdoblara ante nuestros ojos.

El trabajo a contrarreloj

Tom Jenkins, fotógrafo deportivo de The Guardian que participa en el dispositivo, lo resume sin rodeos: fotografiar futbolistas famosos ya es complicado de por sí; hacerlo en cadena, casi una prueba de estrés.

Con cada jugador, apenas unos minutos. No hay margen para titubeos. Hay que sacar varias imágenes, pensar a toda velocidad, proponer, corregir, disparar. Todo mientras el jefe de prensa mira el reloj.

Jenkins lo explica con crudeza: necesitas una foto “muerta de simple”, casi de foto escolar, como se hacían antes todos los retratos de plantilla. Pero el fútbol actual exige algo más: imágenes emotivas, divertidas, que respiren carácter. Muchos jugadores llegan con sus poses ensayadas, sus celebraciones de gol convertidas en seña de identidad. Aun así, el fotógrafo debe llevar su propio guion en la cabeza.

Lo curioso es el cambio de jerarquía. Durante esos instantes, las superestrellas quedan bajo el mando absoluto del fotógrafo. Él decide el encuadre, la luz, el gesto. Y la presión se dispara.

Todo tiene que estar probado antes de que aparezcan. Luces medidas, fondos listos, cámara afinada. Cuando entra Messi, Kane o cualquier otro, ya no hay tiempo para ajustes técnicos. Solo existe el jugador.

Futbolistas, marca y espejo

Sobre una mesa, una batería de tarjetas con nombres. Cada jugador tiene la suya. También Messi, por si alguien en edición se despista ante el rostro más reconocible del fútbol moderno.

Muchos revisan las imágenes en el propio set. No es vanidad vacía: es control de marca. Como recuerda Jenkins, los futbolistas de hoy son muy conscientes de su imagen y del poder que tiene, amplificado por Instagram y las redes sociales.

No son ajenos a este tipo de sesiones. Eberechi Eze ha posado para Burberry, Declan Rice para L’Oréal. Ese rodaje se nota. Llegan más sueltos, más cómodos ante la cámara. Algunos, directamente, disfrutan.

Claro que esa familiaridad no los salva del escrutinio público. En Inglaterra, varios retratos se convirtieron en carne de meme. A Declan Rice le sacaron tarjeta roja por las marcas de sol en la piel. A Anthony Gordon lo compararon con la Princesa Diana. A Dean Henderson le cayó encima el juicio popular por una inquietante mirada de reojo.

Entre la mofa y el elogio, los retratos más creativos de Jude Bellingham y compañía demuestran hasta dónde puede llegar un fotógrafo trabajando “en cámara”, sin recurrir a grandes artificios digitales, incluso cuando el jugador no aporta demasiada chispa.

El retrato que se llevó los focos

Y, sin embargo, el retrato más comentado de este Mundial no pertenece a un jugador. Es de un entrenador. De Uruguay, para ser exactos. Marcelo Bielsa.

La imagen, firmada por Michael Regan en la concentración de la selección en Cancún, México, rompe todas las reglas del retrato oficial. Bielsa se niega a mirar a la cámara. Baja la vista, se fija en sus propios pies. Cero pose, cero concesiones.

El resultado es un retrato raro, casi incómodo, pero profundamente fiel al personaje. Dice más de él que cualquier sonrisa forzada. Después, el técnico argentino lo dejó claro con una frase seca: “No soy modelo”.

Jenkins lo ve como la esencia del buen retrato: capturar la personalidad del individuo. Por eso, sostiene, la foto de Bielsa es brillante. No lo embellece. No lo disfraza. Simplemente lo muestra tal y como es.

En un Mundial saturado de imágenes perfectas, filtros y gestos calculados, ese simple gesto de mirar al suelo termina siendo el acto más revelador de todos.

Retratos de futbolistas en el Mundial: entre la imagen y la personalidad