Rayo Vallecano y Girona empatan en un partido emocionante
La tarde en el Estadio de Vallecas arrancó con el aire de las grandes citas. Rayo Vallecano venía de sellar el billete para su primera final europea y el equipo de Íñigo Pérez salió al césped con la confianza por las nubes. Tocaba aprovechar la ola y, de paso, hundir un poco más a un Girona con la soga del descenso apretándole el cuello.
Desde el primer cuarto de hora quedó claro quién quería mandar. Fran Pérez, que no podrá jugar la final de la UEFA Conference League ante Crystal Palace, se tomó el duelo liguero como su propio escaparate. Pidió el balón, encaró, remató. Fue el faro ofensivo de un Rayo desatado en el arranque.
El extremo mantuvo el ritmo. En torno al minuto 30 rozó el gol con un disparo cruzado que se marchó muy cerca del palo. Poco después, otro centro envenenado suyo encontró la cabeza de Sergio Camello, que se lanzó con todo pero no logró dirigir el remate entre los tres palos. Vallecas rugía. Faltaba el gol.
Y cuando más sufría Girona, casi golpea primero. En su primera llegada clara, Viktor Tsygankov apareció en el área y conectó un disparo potente que obligó a Augusto Batalla a intervenir con seguridad pasada la media hora. Aviso serio de un equipo que, pese a sus apuros, no piensa entregarse.
El tramo final del primer acto fue un intercambio de golpes. Camello tuvo la última antes del descanso: controló, se giró y soltó un disparo seco que Paulo Gazzaniga desvió con una mano espectacular en el 45’. Una parada de reflejos, de portero grande, que mantuvo el 0-0 al paso por vestuarios.
El plan agresivo de Michel, el penalti fantasma y un final desatado
Los números no engañan: Girona había encajado 14 goles en los primeros 15 minutos del segundo tiempo a lo largo de la temporada. Michel tomó nota y eligió atacar como mejor defensa. Su equipo adelantó líneas, mordió arriba y trató de romper el partido a base de ritmo.
El impulso, sin embargo, no se tradujo de inmediato. Tsygankov, muy activo, cazó un balón en el área y lo mandó alto, muy alto, cuando lo mínimo exigible era probar a Batalla. Una ocasión que retrataba la ansiedad de un conjunto que se juega la vida en cada acción.
La presión visitante encontró premio poco después. En el 56’, un pase de Álex Moreno golpeó en el brazo de Pathé Ciss dentro del área. Guillermo Cuadra Fernández señaló el punto de penalti sin dudar. Michel festejaba, los jugadores de Girona reclamaban justicia, Vallecas protestaba.
Y entonces llegó el giro. Llamada del VAR, carrera del colegiado hacia la pantalla a pie de campo y, tras revisar la acción, decisión anulada. Nada de penalti. Del posible 0-1 a la frustración absoluta en cuestión de segundos. Moreno y todo el banquillo visitante se quedaron encendidos, con la sensación de que la oportunidad se les había escapado entre los dedos.
El partido se espesó. Rayo perdió algo de filo, Girona acusó el golpe anímico. El reloj corría y el 0-0 empezaba a oler a sentencia salomónica. Hasta que el equipo de Íñigo Pérez volvió a pisar el acelerador.
Con 76 minutos cumplidos, Florian Lejeune se plantó ante un libre directo y soltó un disparo durísimo al palo del portero. Gazzaniga respondió otra vez con solvencia, firme en su poste, para mantener con vida a los suyos. Era un aviso de que el Rayo no se resignaba.
La resistencia del guardameta, sin embargo, no pudo ser eterna. En el 86’, una jugada en el área acabó con un disparo que se envenenó tras el toque instintivo de Alemao. El brasileño, recién salido desde el banquillo, metió la bota lo justo para desviar el balón y mandarlo al fondo de la red. Vallecas estalló. Gol de delantero listo, de esos que cambian partidos.
Parecía el golpe definitivo. Parecía.
Porque la última palabra la puso otro suplente. Solo cuatro minutos después, cuando el estadio aún saboreaba la ventaja, Tsygankov se inventó un centro preciso y Cristhian Stuani, especialista en noches límite, se elevó en el área para cabecear a la red. 1-1 y celebración desatada en el banquillo visitante, consciente del valor de ese punto.
Europa en pausa, la permanencia en el alambre
El empate deja al Rayo con una sensación agridulce. El equipo madrileño pierde la oportunidad de superar a Real Sociedad en la pelea por la plaza de clasificación a la UEFA Europa League. Aun así, el horizonte europeo del conjunto de Íñigo Pérez pasa ahora por un único partido: si gana la final de la UEFA Conference League ante Crystal Palace, todo lo que ocurra en las dos últimas jornadas de liga será, simplemente, ruido de fondo.
Para Girona, el punto sabe a alivio parcial. Tres temporadas en LaLiga y un futuro que todavía no está garantizado. Los de Michel se mantienen apenas dos puntos por encima del descenso, con solo 180 minutos de campeonato por disputarse. Sin red, sin margen para el error, con la permanencia pendiendo de un hilo.
En una tarde de finales adelantadas, el protagonista individual fue Unai López, elegido hombre del partido por su peso en el juego rayista. Pero ni su mando en la sala de máquinas ni el gol de Alemao bastaron para cerrar una victoria que habría cambiado el paisaje europeo.
Quedan dos jornadas, una final continental y muchas cuentas por ajustar. ¿Quién aprovechará mejor este punto cuando la temporada eche el telón?






