Paolo Maldini en crisis con la FIGC tras el caso Pirlo
La nueva era de la selección italiana ha empezado con un terremoto político en lugar de un proyecto deportivo. Según informó Corriere della Sera, a través de Guillaume Pacini, Paolo Maldini ha amenazado con dejar su cargo de director técnico de la FIGC tras el bochorno generado en torno al fallido nombramiento de Andrea Pirlo como seleccionador de la Nazionale.
Pirlo estaba prácticamente atado como nuevo técnico del combinado masculino italiano. El acuerdo se daba por hecho, el relevo parecía preparado, el relato de “nuevo ciclo” empezaba a tomar forma. Pero todo se vino abajo en cuestión de días. La reacción pública y mediática a su papel como embajador global de Fonbet, casa de apuestas rusa, forzó un giro brusco.
Ese vínculo comercial no es un detalle menor. El trabajo de Pirlo con Fonbet lo ha llevado a aparecer en actos junto a figuras afines al Kremlin y a participar en eventos con veteranos rusos implicados en la actual guerra en Ucrania. Un cóctel político explosivo para cualquier federación que aspire a cuidar su imagen, aún más en el contexto europeo actual.
La FIGC, sin embargo, no vio venir la tormenta. O no quiso verla.
Maldini, harto de improvisaciones
El episodio ha dejado a Maldini en una posición límite. De acuerdo con Il Messaggero, también citado por Pacini, el ex capitán del Milan difícilmente continuará en su puesto. Y si decide quedarse, no lo hará a cualquier precio: exigiría control absoluto sobre la elección del sustituto de Pirlo.
No es un matiz. Es una declaración de fuerzas.
Roberto Mancini y Antonio Conte siguen en la terna de candidatos para el banquillo azzurro, mientras otros nombres se han ido sumando a la conversación. La lista crece, la claridad no. Y en medio de ese ruido, Maldini observa cómo la federación se ha disparado en el pie en el primer gran movimiento de este “nuevo amanecer” del fútbol italiano.
La sensación, dentro y fuera del país, es la de una comedia de errores. La FIGC ha quedado expuesta: el papel de Pirlo con Fonbet no era un secreto de Estado, ni una información oculta en despachos inaccesibles. Era un dato público, rastreable, perfectamente analizable antes de dar el paso decisivo.
No lo hicieron. Y ahora pagan el precio.
Daño reputacional y poder en disputa
El coste va mucho más allá de un simple cambio de plan en el banquillo. La federación ha sufrido un golpe de reputación evidente: primero filtra, deja trascender o permite que se dé por hecho el acuerdo con Pirlo; después, recula ante la presión y se queda sin seleccionador y con un incendio político abierto.
A eso se suma el frente interno. Su director técnico, figura clave para el diseño del proyecto deportivo, está dispuesto a marcharse. Y si no se va, pretende ampliar su radio de poder hasta un punto que quizá la propia FIGC no tenía previsto concederle.
La ecuación es delicada: una federación debilitada, una opinión pública irritada y una leyenda como Maldini planteando un pulso abierto. Todo por una falta de previsión que, en un escenario tan expuesto como el de la selección nacional, resulta difícil de justificar.
En teoría, este debía ser el punto de partida de una reconstrucción. En la práctica, Italia se encuentra sin seleccionador, con su estructura técnica tambaleándose y con una pregunta incómoda sobre la mesa: quién va a pilotar de verdad el rumbo de la Azzurra en los próximos años.





