El nuevo Liverpool de Iraola: inicio prometedor y desafíos
El nuevo Liverpool de Andoni Iraola ya tiene una seña de identidad. Y, de momento, no es precisamente la que sueña Anfield: dos amistosos seguidos, dos ventajas de dos goles desperdiciadas y dos derrotas que han encendido las alarmas a dos semanas del inicio de la Premier League.
Un inicio que ilusiona… y se desmorona
En Chicago, el 2 de agosto, el 4-2 ante Leeds se leyó como un laboratorio útil. Iraola, recién aterrizado, habló entonces de que había “aprendido muchas cosas” de su equipo. El resultado dolía poco; la pretemporada permite ese margen. El contexto ayudaba a rebajar el ruido.
En Anfield, este domingo frente a Monaco, el tono cambió. Otro 2-0 que se escapa, otro 3-2 en contra, y un técnico mucho más directo: hay “trabajo por hacer” porque el equipo no puede sostener el nivel que él exige durante todo el partido. No es un matiz. Es un diagnóstico.
Lo paradójico es que, en tramos, este Liverpool ya ha mostrado una versión muy atractiva. La primera parte ante Leeds y los primeros 30 minutos frente a Monaco han sido, con diferencia, lo mejor de la pretemporada: circulación rápida, juego directo, presión agresiva, un equipo plantado arriba, con Florian Wirtz y Alexander Isak afilados y conectados.
El problema llega después.
Del vértigo a la caída
A medida que avanzan los partidos y llegan los cambios, el castillo se viene abajo. Ante Leeds, Iraola movió nueve piezas. Ante Monaco, once. Cada sustitución ha ido alejando al equipo de ese plan inicial tan reconocible, hasta convertirlo en algo mucho más frágil.
Los números son demoledores: Leeds marcó cuatro goles en 25 minutos sin respuesta. Monaco, tres en 44. Mismo patrón, distinto rival. La intensidad se evapora, la presión se rompe, las distancias se alargan. Y Liverpool se deshilacha.
Hay atenuantes. Parte de la plantilla todavía arrastra la falta de ritmo tras el descanso posterior al Mundial. Otros directamente no están: Conor Bradley, Hugo Ekitike y Giovanni Leoni afrontan ausencias largas. La manta, por ahora, no llega para taparlo todo.
El club se mueve en el mercado. El uruguayo Ronald Araujo, capaz de actuar tanto de central como de lateral derecho, está cerca de cerrar una cesión de una temporada desde Barcelona. Un refuerzo que apunta a dos posiciones clave en un equipo que quiere defender hacia adelante y vivir en campo contrario.
El capitán Virgil van Dijk lo resumió con frialdad el domingo: “Vamos a ver qué traen las próximas semanas. Cualquier calidad que podamos añadir al equipo será bienvenida, así que veremos”. No es una queja, es una constatación. El vestuario sabe que el plan de Iraola exige piernas, aire y alternativas.
Un estilo que exige al límite
Con lo que tiene hoy, el técnico no duda: la condición física general debe subir uno o dos peldaños si este Liverpool quiere jugar como él imagina. No es casual que Pablo de la Torre, uno de sus asistentes y antiguo preparador físico en Bournemouth, haya aterrizado con él en Anfield. El mensaje es claro: el estilo no se negocia, el físico tampoco.
En cuatro partidos de pretemporada ya se ve el molde. Liverpool arranca los encuentros a un ritmo feroz, con un fútbol “ocupado”, lleno de acciones, duelos, carreras. En la sesión abierta de entrenamiento en Chicago, Iraola no paró de repetir “más rápido, más rápido”. No era una consigna estética, era una exigencia de supervivencia para su idea.
Un jugador confesó a la BBC que llegó a sentirse mareado tras los primeros entrenamientos. La penitencia para los que pierden en los juegos reducidos es clara: esprintar hasta el otro extremo del campo y volver. El mensaje entra por las piernas antes que por la pizarra.
Milos Kerkez lo explicó sin rodeos en Chicago: Iraola les pide “jugar uno contra uno por todo el campo, presionar arriba y estar siempre hacia adelante”. Es un fútbol que no admite medias tintas. O se hace a tope, o se rompe.
Sus números con Bournemouth lo avalan: lideró la Premier League en ataques directos y fue tercero en recuperaciones altas. Un equipo vertical, agresivo, incómodo. Pero ese Bournemouth también necesitó tiempo: tardó diez jornadas en lograr su primera victoria en la temporada 2023-24. En un club como Liverpool, una racha así sería inasumible. La paciencia en Anfield no se mide igual.
Entre la urgencia y la promesa
Las palabras de Iraola tras el tropiezo ante Monaco suenan a advertencia, pero también a realidad: lleva menos de un mes trabajando con el grupo y apenas una semana con algunos jugadores. El andamiaje está a medio montar. Las ideas se intuyen, las piernas aún no acompañan.
Lo que sí parece asegurado es el espectáculo. Este Liverpool no va a esconderse. Va a morder arriba, a correr riesgos, a vivir al filo. Eso seduce a la grada… siempre que el marcador acompañe.
En Chicago ya lo adelantó el propio técnico, con una sinceridad que desarma: le gustaría que todo fuera perfecto desde el primer día, que cada jugador estuviera en su sitio y que el plan se ejecutara sin fisuras. Sabe que no será así. Su reto es acelerar ese proceso al máximo.
La cuestión ya no es si el estilo de Iraola funcionará en Anfield. La pregunta, con la Premier a la vuelta de la esquina, es otra: ¿aguantará Liverpool el peaje de este camino hasta que los resultados hagan que todo el esfuerzo merezca la pena?






