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Mikel Merino lleva a España a semifinales contra Francia

España ya está donde acostumbra en los grandes torneos: entre los cuatro mejores del mundo. Lo logró a la vieja usanza, sufriendo hasta el último suspiro, con un 2-1 agónico ante una Bélgica que se resistió a entregar el relevo de su vieja guardia. El golpe definitivo lo firmó Mikel Merino en el tramo final, un cabezazo que cambia el destino de un Mundial y cita a la campeona de Europa con Francia en Dallas, el martes.

España golpea primero

El plan de Luis de la Fuente volvió a ser reconocible: control, paciencia y una fe inquebrantable en la circulación. España no avasalló, pero fue creciendo a base de balón hasta que, pasada la media hora, encontró el premio.

En el minuto 30, Dani Olmo se inventó el primer terremoto. Disparo potente, mano extraordinaria de Thibaut Courtois y, cuando el portero belga parecía haber salvado lo imposible, apareció Fabián Ruiz. Llegó desde atrás, cazó el rebote y empujó el 1-0. Un gol de centrocampista llegador, de los que marcan eliminatorias.

La campeona de Europa se sintió cómoda con ventaja. Mandó en la posesión, bajó las pulsaciones del partido y obligó a Bélgica a correr detrás del balón. No fue un vendaval, pero sí un ejercicio de autoridad silenciosa, de esos que desesperan al rival.

La respuesta de la vieja guardia belga

Bélgica, herida en su orgullo tras una generación que se agota, se negó a aceptar el papel de víctima. Venía de remontar a Senegal en la prórroga y de pasar por encima de Estados Unidos con un 4-1; no iba a irse del Mundial sin dejar marca.

El aviso se convirtió en castigo justo antes del descanso. Minuto 41, Timothy Castagne encontró espacio por la derecha y puso un centro medido. Charles De Ketelaere atacó el balón con decisión y cabeceó cruzado, imposible para Unai Simón. 1-1 y golpe psicológico para España, que veía cómo se esfumaba una ventaja construida con paciencia.

El tanto encendió a Bélgica. Kevin De Bruyne empezó a recibir más cerca del área, Romelu Lukaku fijó centrales y el partido se abrió de golpe. La llamada “Generación Dorada” se agarraba al torneo con uñas y dientes, consciente de que este Mundial puede ser su último gran baile.

Courtois cae, España insiste

Tras el descanso, el duelo se convirtió en una batalla de detalles. España no perdió la calma. De la Fuente mantuvo su libreto: posesiones largas, pocos riesgos, ataques elaborados. No es un equipo que desborde emociones, pero sí una máquina de minimizar errores.

En el ecuador de la segunda parte llegó un giro clave. Courtois, héroe habitual en estas noches, tuvo que abandonar el campo lesionado. Entró Senne Lammens, obligado a sostener un cuarto de final mundialista sin red. El impacto fue inmediato: Bélgica dio un paso atrás, España olió la sangre.

Los europeos campeones apretaron. Sin alardes, pero con una insistencia que desgasta. La racha defensiva también pesaba: venían de seis partidos consecutivos sin encajar gol en el Mundial, un récord histórico. Encajar ante Bélgica no les descompuso. Les picó el orgullo.

Merino, dos minutos para la eternidad

El tramo final olía a prórroga. Las piernas pesaban, los espacios se reducían y cada pérdida sonaba a tragedia. Entonces De la Fuente miró al banquillo y soltó su último recurso: Mikel Merino, al césped en el minuto 86.

Dos minutos después, el cambio se convirtió en decisión maestra.

Pau Cubarsí, otro símbolo de esta nueva España, probó desde media distancia con un disparo raso. Lammens, que había entrado frío, no blocó con firmeza. El balón quedó suelto en el área y ahí apareció Merino, más vivo que nadie, para rematar y firmar el 2-1. Un gol de oportunista, de centrocampista que llega al área cuando el partido quema.

Bélgica intentó una última reacción, empujada por el orgullo de De Bruyne y Lukaku, pero ya era tarde. España manejó los minutos finales con oficio, escondiendo la pelota y apagando cualquier conato de remontada.

Francia espera en Dallas

La victoria coloca a España en una semifinal de alto voltaje ante Francia, en Dallas. Un cruce que mide la precisión quirúrgica de la campeona de Europa con el coloso físico y de talento individual del conjunto francés.

Lamine Yamal, con solo un gol en cinco partidos, sigue siendo una amenaza constante. Mikel Oyarzabal, con cuatro tantos en el torneo y un doblete ante Austria en el último 32, llega en plena racha. Detrás, una selección que quizá no deslumbre siempre, pero que se ha acostumbrado a ganar y a sufrir con la misma naturalidad.

Bélgica, en cambio, se marcha con la sensación de fin de ciclo. La “Generación Dorada” se apaga sin el gran título que perseguía, dejando una pregunta incómoda en el aire: ¿habrá otra oportunidad para un grupo así?

España no mira atrás. Con Merino como héroe inesperado y Francia en el horizonte, el Mundial se le abre de par en par. Ahora, la cuestión es simple: ¿hasta dónde puede llegar un equipo que ha cambiado el brillo por la eficacia… y sigue vivo en todas las batallas grandes?