Messi brilla con triplete y récord en el debut de Argentina
KANSAS CITY, Missouri — La defensa del título empezó con el guion que Argentina había soñado y que el fútbol, casi por inercia, terminó entregándole: con Lionel Messi en el foco, con un triplete, con un récord histórico y sin rastro de sustos. 3-0 a Argelia en el Arrowhead Stadium y un mensaje claro al resto del Mundial: el campeón está despierto desde el primer día.
Nada de repetir el tropiezo de 2022 ante Arabia Saudita. Esta vez, el campeón no se permitió coqueteos con el abismo.
Un golpe temprano y un recuerdo de 2022 que se esfuma
Argentina salió a mandar y a marcar territorio. Pelota, paciencia y un rival que aguantaba atrás, ordenado, esperando el error. El murmullo en las tribunas duró apenas un cuarto de hora.
En el minuto 17, Messi decidió que era momento de romper el molde. Se asoció con Rodrigo De Paul, recibió con espacio y, desde fuera del área, soltó un disparo seco y precioso al ángulo. Imparable. 1-0 y el Arrowhead rugiendo como si estuviera en Buenos Aires.
Con el marcador abierto, el campeón se soltó. Thiago Almada tuvo el segundo y lo dejó escapar. Lautaro Martínez también probó, obligando a Luca Zidane —hijo de Zinedine Zidane— a intervenir con una buena atajada. Argelia sobrevivía, pero apenas.
La sensación era clara: el partido estaba donde quería Argentina, pero el resultado seguía corto. El recuerdo de aquel estreno de 2022 sobrevoló unos segundos. Solo unos segundos.
El récord en la mira y un capitán voraz
El segundo tiempo trajo la misma postal: Argentina instalada en campo rival, Argelia cada vez más hundida. El reloj corría, y con él la historia: Messi tenía a tiro el registro de Miroslav Klose.
La presión terminó por abrir la grieta. Superada la hora de juego, un remate de Alexis Mac Allister encontró la respuesta de Zidane, pero el rebote quedó vivo en el área. Ahí apareció Messi, rápido, hambriento, para empujarla y firmar el 2-0.
Gol, alivio y récord igualado: 16 tantos en Mundiales, los mismos que Klose. A los 38 años, el capitán argentino alcanzaba la cima de la tabla histórica. No necesitó festejos exagerados; su carrera ya habla por él.
Lejos de conformarse, buscó el tercero de inmediato. En un mano a mano claro, otra vez Zidane le negó el grito. Poco después, Messi reclamó penal por un contacto en el área, pero el árbitro no compró la protesta. El estadio silbó, el capitán miró al juez, respiró hondo y siguió jugando. No había tiempo para distracciones.
El hat-trick y una ovación que lo dice todo
El partido pedía un cierre a la altura de la noche. Messi lo escribió en el minuto 76. Nicolás González filtró un pase al espacio, el capitán controló, levantó la cabeza y definió cruzado, bajo, al rincón. Cirugía pura. 3-0 y hat-trick.
La grada explotó. No era solo la goleada. Era la sensación de estar viendo, una vez más, a un futbolista que se niega a envejecer dentro del área rival.
Ya con el resultado asegurado, llegó el momento simbólico. Messi dejó el campo en los minutos finales y el Arrowhead Stadium se levantó en bloque. Ovación cerrada, teléfonos en alto, aplausos que parecían no terminar. Argentina se llevaba los tres puntos del debut; su capitán, un nuevo pedazo de historia.
Con Argelia atrás, el campeón mira ahora a Austria y Jordania en este Grupo J sabiendo que tiene margen para algo más que solo clasificar. Messi ya alcanzó a Klose. La pregunta, a partir de hoy, no es si romperá el récord. Es cuántos goles más va a agregar antes de cerrar, de una vez por todas, su capítulo mundialista.





