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Mbappé y su penalti fallado en el camino a semifinales

Kylian Mbappé salió del césped con una sonrisa amplia, con Francia ya instalada en las semifinales del Mundial 2026, pero por dentro seguía dándole vueltas a la jugada que pudo haber cambiado el guion del partido ante Marruecos: el penalti fallado con 0-0. Una escena que dejó al estadio en silencio y al delantero de Real Madrid visiblemente irritado.

El desenlace terminó siendo feliz para él y para Francia. Un latigazo suyo abrió el marcador y Ousmane Dembélé remató el trabajo con el segundo tanto. Sin embargo, el recuerdo de esos once metros sigue clavado en la mente del capitán francés.

Un penalti envenenado por la confusión

Mbappé relató después del encuentro cómo se vivieron esos segundos de caos alrededor del lanzamiento. La secuencia, según explicó, rompió por completo su rutina mental.

Dembélé le entregó el balón. Mbappé colocó la pelota, respiró, empezó a concentrarse. Entonces, el árbitro se le acercó. Le dijo que no había penalti. El foco se hizo añicos.

El propio delantero reconoció que golpeó mal el balón y que la ejecución no estuvo a la altura, pero subrayó que la interrupción le descolocó. Comentó que había imaginado muchas veces cómo prepararse para un penalti, distintos escenarios, distintas presiones, pero nunca uno en el que el colegiado le negara la pena máxima cuando ya estaba listo para disparar.

Su frustración se vio al instante. Tras el fallo, Mbappé protestó con vehemencia, señalando la larga espera, la ida y vuelta de decisiones, el vaivén emocional al que quedó sometido antes de chutar. Desde el banquillo francés también llovieron gestos de desaprobación hacia la gestión de la jugada.

Deschamps apunta al reloj: “Tardó muchísimo”

Didier Deschamps no dejó pasar el episodio en su análisis posterior. El seleccionador francés describió una cadena de revisiones que terminó por alargar el momento de máxima tensión.

Según detalló, primero se produjo una revisión en el VAR que el árbitro confirmó. Después llegó otra llamada para comprobar una posible falta previa. El resultado: casi dos minutos mirando pantallas, repitiendo imágenes, acumulando dudas. Mientras tanto, Mbappé esperaba con el balón bajo el brazo, ya preparado para ejecutar.

Deschamps fue claro: la incertidumbre fue el problema. No quiso ampararse en esa situación para justificar el fallo de su estrella, pero sí subrayó que el contexto no fue sencillo para el tirador. El tiempo se hizo eterno, el ritmo competitivo se congeló y la cabeza del delantero tuvo que soportar un carrusel de interrupciones justo en el instante más delicado.

Del fallo al gol que cambia el partido

El penalti errado pudo haber marcado a Mbappé. No lo hizo. El capitán francés canalizó la rabia y la convirtió en determinación. Cuando el partido lo pedía, apareció.

Su gol, un disparo brillante que por fin derribó el muro marroquí, tuvo algo de liberación personal. Francia encontró aire, el equipo se soltó y, con Dembélé firmando el segundo tanto, la semifinal quedó asegurada.

Entre la bronca interna por un penalti mal ejecutado y el orgullo por haber respondido con un gol decisivo, Mbappé vivió una noche de contrastes. Francia ya mira a la siguiente estación del torneo. Él también. La pregunta es si, cuando vuelva a colocar el balón en el punto fatídico, la sombra de este penalti seguirá rondando su cabeza o si esta vez la historia se escribirá sin interferencias.

Mbappé y su penalti fallado en el camino a semifinales