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Lia Walti: Del desencanto en Italia a la valoración en el WSL

Lia Walti no se fue de Juventus por capricho. Se fue porque dejó de sentirse futbolista en el sentido más profundo de la palabra. Porque, como ella misma admite, echaba de menos algo tan básico como ser valorada.

La capitana de Suiza, una de las mediocentros más respetadas de Europa, ha regresado a Inglaterra tras solo una temporada en Italia. Dejó Turín este verano para firmar por Brighton, un club que se ha propuesto irrumpir en la élite del WSL con hechos, no con discursos.

Walti sabe bien lo que es vivir en un entorno puntero. En Arsenal disputó 183 partidos, levantó cuatro grandes títulos —incluida la Champions y la liga inglesa— y se convirtió en pieza imprescindible del proyecto. Esa etapa la marcó. Y la comparación con su último año en Italia ha sido brutal.

“Es una diferencia enorme. Es difícil hablar de ello. No quiero hablar demasiado negativamente de la liga italiana, no es mi objetivo”, explicó en declaraciones a BBC Sport. “Es más bien que es la realidad: el fútbol en Inglaterra, en el WSL, tiene un estándar que no es comparable con ninguna otra liga”.

Un año en Italia que lo cambió todo

Walti llegó a Juventus el verano pasado buscando un nuevo reto. Otro país, otro idioma, otro contexto competitivo. Lo que encontró fue un choque frontal con una realidad que no esperaba.

Habló de profesionalismo. De estructuras. De la sensación diaria de trabajo. Y no salió bien parada la comparación.

“Es un poco triste y decepcionante ver que muchas chicas fuera no tienen las mismas oportunidades o estándares en cuanto a entornos profesionales”, lamentó. Pronto entendió que lo que había vivido en Inglaterra “no es la norma”. Y que ese privilegio, en Italia, desaparecía.

Lo que más le dolió no fue solo el día a día. Fue el vacío alrededor.

“Echaba de menos la sensación de ser valorada como futbolista, de sentir que recibíamos todo el apoyo que necesitábamos”, reconoció. “Tenemos buenas estructuras, buenos campos donde podemos jugar nuestros partidos. En Italia no teníamos cultura de aficionados, no solo en Juve, en general”.

Los estadios hablaban por sí solos.

“En Italia estaba todo vacío. Cada partido se sentía un poco así. Echaba de menos lo que sentía antes cuando jugaba al fútbol”.

Inglaterra, donde el fútbol femenino se siente

Walti formó parte de la generación que empujó el crecimiento del fútbol femenino en Inglaterra. Lo vio de cerca. Lo vivió. Lo ayudó a construir.

“Cuando has sido parte de ese crecimiento en Inglaterra, con la cultura de aficionados, los estadios llenos —incluso los que son muy pequeños—, son emocionantes para jugar”, explicó. En Italia, esa energía no existía.

Para ella, el cambio no se limita a lo que pasa en el césped. Empieza en cómo se ofrece el producto al público.

“Creo que tienes que llevar el juego a la gente. Tienes que, de algún modo, obligar a la gente a verlo. Sentí que así empezó quizá en Inglaterra”, apuntó. “En Italia, y en muchos otros países, creo que tienen una mala cobertura. No se emite en televisión o, si se emite, desde donde lo filman es realmente pobre”.

No es un detalle menor, insiste. Condiciona la forma de percibir el juego.

“Te afecta la forma en que ves un partido. No ves la velocidad, las tácticas ni nada y no disfrutas viéndolo. En Inglaterra, en los grandes estadios, puedes tener grandes ángulos de cámara. Creo que la gente disfruta más viéndolo”.

El primer problema: el césped

Para Walti, el déficit no se reduce a cámaras y gradas. Va mucho más al origen: el terreno de juego.

“Lo que más falta empieza por la calidad de los campos. En muchos países juegas o en los peores campos artificiales o en los peores céspedes naturales”, denunció. “Si incluso un equipo de Premier League jugara allí, probablemente parecería basura, porque simplemente no es posible jugar un buen fútbol en ellos”.

No señala solo a Italia. Se mira también a sí misma.

“En todas las otras ligas, ¿por dónde empiezas? Es muy difícil. Tenemos los mismos problemas en Suiza. Tienes que dar el primer paso: invertir dinero en todas esas cosas antes de recibir algo a cambio. Creo que muchos países no tienen ese dinero o esa paciencia”.

“Somos las afortunadas… y eso frustra”

Walti habla con una mezcla de orgullo y rabia contenida. Orgullo por lo que ha vivido en Inglaterra. Rabia por lo que ve fuera de ese “privilegio”.

“Soy muy apasionada a la hora de impulsar cambios porque he tenido el privilegio de experimentar el profesionalismo en Inglaterra”, confesó. “No siempre tuvimos buenas condiciones. No era profesional. Nuestros primeros salarios no eran suficientes para vivir”.

El contraste con el presente es enorme, pero no la tranquiliza.

“Ahora, viendo el crecimiento en Inglaterra y estando con jugadoras que intentan impulsar el juego en sus propios países, te frustra seguir viendo la realidad. A veces te olvidas, cuando estás en tu propia burbuja, de que esto no es la norma. Solo eres una de las afortunadas que puede vivirlo”.

Y mientras, el talento se pierde.

“Mucho talento en el fútbol femenino se pierde porque están en malos entornos donde nadie las ve o no tienen la oportunidad de alcanzar su potencial. Intento tener impacto y creo que eso fue muy difícil en Italia porque sentía que, cuando alzábamos la voz, no pasaba nada, y eso fue frustrante”.

Brighton, un proyecto que encaja con su discurso

Con un año aún de contrato en Juventus, Walti tuvo que decidir. Seguir en un contexto que la desgastaba o volver a un entorno que la había hecho crecer. Brighton apareció en el momento justo.

No es un club cualquiera dentro del WSL. Es un proyecto que ha puesto negro sobre blanco sus intenciones. En abril presentó los planes para construir el primer estadio de fútbol femenino diseñado específicamente para un equipo europeo, con una inversión estimada entre 75 y 80 millones de libras. No es un gesto simbólico. Es una declaración de prioridades.

Ya en 2021, el equipo femenino se mudó a las instalaciones del American Express Elite Football Performance Centre, tras una inversión de 8,5 millones. Sobre el césped, el impulso también se nota: fichajes ambiciosos y la primera final de la Women’s FA Cup alcanzada en mayo.

El equipo de Dario Vidosic no se conforma con competir. Quiere romper el techo del WSL y meterse en el top 3. Walti ve coherencia entre el discurso y la acción.

“Después de esa experiencia en Italia, sabía un poco mejor lo que quería, o lo que no quería”, admitió. “Tenía bastante confianza en Brighton antes incluso de hablar con ellos porque ya había estado en la liga y había visto lo que hacía el club”.

La información que le llegaba de dentro apuntaba en la misma dirección.

“He escuchado de otras jugadoras que el club está invirtiendo mucho y solo oí cosas muy positivas. No hay mejor referencia que la de otras jugadoras. Cuando empecé a tener los primeros momentos con el club, se me confirmó que este es el lugar adecuado: un club que se preocupa por el fútbol femenino, que invierte en él y que tiene a la gente correcta en los puestos adecuados”.

Walti vuelve al WSL con 33 años, más experiencia, más cicatrices y una idea muy clara: el estándar que ha conocido en Inglaterra no puede seguir siendo un privilegio reservado a unas pocas. La pregunta ya no es si ella volverá a sentirse valorada. La cuestión es cuántas ligas más están dispuestas a dar el salto antes de perder a otra generación de talento.