Levante vence a Osasuna 3-2: un duelo táctico y de supervivencia
En el Estadio Ciudad de Valencia, Levante y Osasuna se encontraron en una noche que condensaba dos realidades opuestas de La Liga 2025. Por un lado, el conjunto granota, 19.º con 36 puntos y un goal average general de -16 (41 goles a favor y 57 en contra en total), peleando por salir de la zona de descenso. Enfrente, un Osasuna instalado en la zona templada de la tabla, 10.º con 42 puntos y un goal average total de -3 (42 a favor y 45 en contra), pero con una brecha evidente entre su versión de casa y la que ofrece lejos de Pamplona.
El 3-2 final a favor de Levante, tras un 2-2 al descanso, no fue solo un marcador vibrante: fue la expresión de dos identidades tácticas muy definidas. El equipo de Luis Castro, que llegaba con una media de 1.3 goles a favor en casa y 1.6 en contra, volvió a apostar por la agresividad ofensiva en su estadio, aun a costa de conceder espacios. Osasuna, con un rendimiento muy sólido en El Sadar (1.7 goles a favor en casa y solo 1.2 encajados), volvió a mostrar sus grietas lejos de Pamplona, donde apenas promedia 0.7 goles a favor y encaja 1.4 por partido.
Vacíos tácticos y ausencias: el peaje del fondo de armario
La lista de ausencias pesaba especialmente del lado local. Levante no pudo contar con C. Álvarez (lesión), K. Arriaga (sanción por tarjetas amarillas), U. Elgezabal (lesión de rodilla), A. Primo (lesión de hombro) ni I. Romero (problema muscular). La zaga y el eje del campo quedaban obligados a una reconfiguración forzada, que explica la apuesta por un 4-4-1-1 poco habitual (solo una vez empleado en toda la temporada según sus datos de alineaciones), en lugar de sus estructuras más frecuentes como el 4-2-3-1 o el 4-4-2.
Luis Castro respondió a ese vacío con una defensa de cuatro formada por J. Toljan, Dela, M. Moreno y M. Sánchez, y un centro del campo de trabajo y recorrido con K. Tunde, O. Rey, P. Martínez y V. García. Por delante, la elección de J. A. Olasagasti como mediapunta por detrás de Carlos Espi reflejaba una intención clara: sumar un enlace más entre líneas para compensar la falta de piezas habituales y sostener ataques más elaborados, no solo transiciones.
Osasuna, por su parte, llegaba con la baja de V. Muñoz (lesión muscular), pero con el grueso de su columna vertebral disponible. Alessio Lisci mantuvo su 4-2-3-1, el dibujo que ha utilizado en 20 ocasiones esta temporada, con S. Herrera bajo palos, línea de cuatro con V. Rosier, Catena, F. Boyomo y A. Bretones, doble pivote con J. Moncayola e I. Muñoz, y una línea de tres mediapuntas —R. García, A. Oroz, R. Moro— por detrás de A. Budimir, uno de los grandes nombres del campeonato.
En el plano disciplinario, los datos de temporada ya anunciaban un partido caliente. Levante presenta una distribución de tarjetas amarillas muy cargada en los tramos finales: un 18.75% de sus amarillas totales llegan entre el 76’ y el 90’, y un 16.25% entre el 91’ y el 105’. Osasuna no se queda atrás: concentra el 20.73% de sus amarillas entre el 76’ y el 90’ y un 19.51% entre el 61’ y el 75’. El guion invitaba a un choque que se iría endureciendo a medida que se acercara el final.
Duelo clave: cazador contra escudo y el motor del medio campo
El “cazador” del encuentro tenía nombre propio: A. Budimir. Con 17 goles totales en la temporada, 77 remates y 37 a puerta, el croata es una amenaza constante en el área. Además, ha ganado 164 de 346 duelos y ha bloqueado 6 disparos, lo que habla de un delantero que también trabaja sin balón. Desde los once metros, su hoja de servicios es poderosa pero no perfecta: ha marcado 6 penaltis, pero ha fallado 2, un detalle que impide calificarle como infalible desde el punto fatídico.
Frente a él, la defensa de Levante llegaba con números frágiles: 57 goles encajados en total, con una media de 1.6 por partido y 1.6 en casa. El reto para Dela y M. Moreno, como eje central, era contener a un delantero dominante en el juego aéreo (190 cm de altura) y con olfato en el área. La estructura 4-4-1-1 buscaba proteger mejor el carril central, evitando que Budimir recibiera limpio entre líneas o en centros laterales.
En el otro área, el “cazador” local era Carlos Espi. Con 9 goles totales en la temporada y 38 remates (20 a puerta), el joven atacante se ha convertido en el referente ofensivo granota. Su capacidad para ganar 82 de 170 duelos y completar 11 de 23 regates le convierte en un delantero que ataca tanto al espacio como al pie. Ante una zaga de Osasuna que, en total, ha encajado 45 goles y sufre especialmente fuera de casa (25 tantos recibidos a domicilio), Espi encontraba un contexto ideal para explotar.
El “escudo” rojillo tiene nombre y jerarquía: Catena. El central acumula 10 amarillas y 1 roja en la temporada, pero también 32 bloqueos de disparo y 32 intercepciones, además de una precisión del 85% en el pase (1525 pases totales). Es un defensor que se impone en el área propia (131 duelos ganados de 245) y que no duda en poner el cuerpo, aunque ello le exponga disciplinariamente. Su tendencia al contacto, unida a la agresividad de Espi atacando el espacio, generaba un choque frontal de estilos: un duelo de fricción constante.
En la sala de máquinas, el “engine room” se escribía con dos nombres: P. Martínez en Levante y J. Moncayola en Osasuna. Martínez, como interior creativo, asumía la responsabilidad de conectar con Olasagasti y Espi, aprovechando que el doble pivote navarro tiende a bascular mucho hacia el lado del balón. Moncayola, en cambio, es el metrónomo rojillo: 1291 pases totales con un 80% de precisión, 34 pases clave y 50 entradas. Su tarea era doble: iniciar la salida limpia y, a la vez, frenar las transiciones locales.
Pronóstico estadístico y lectura táctica del 3-2
Si se proyecta el partido desde los datos previos, el guion del 3-2 encaja casi a la perfección con la tendencia estadística. Levante, en casa, promedia 1.3 goles a favor y 1.6 en contra; Osasuna, como visitante, 0.7 a favor y 1.4 en contra. El choque prometía, por pura media, un encuentro con entre 2.5 y 3 goles totales. Que el marcador se fuera a los 5 tantos habla de una noche en la que las defensas se vieron superadas por la intensidad y la necesidad.
La fragilidad global de Levante (57 goles encajados en total) se compensó con una apuesta ofensiva sostenida por Espi y por la segunda línea, mientras que Osasuna volvió a mostrar su versión más vulnerable lejos de casa, incapaz de blindar el área pese al esfuerzo de Catena y F. Boyomo.
Aunque no disponemos de los datos exactos de xG del partido, la suma de patrones sugiere un intercambio de golpes donde los locales generaron ocasiones de alta calidad, apoyados en la necesidad de sumar puntos para escapar del descenso, y los navarros encontraron resquicios suficientes como para mantenerse vivos hasta el tramo final. La tendencia disciplinaria —con ambos equipos acumulando un porcentaje elevado de amarillas en los minutos 61-90— apunta a un cierre de encuentro tenso, con Levante defendiendo su ventaja y Osasuna buscando a la desesperada a Budimir en el área.
Siguiendo esta línea, el 3-2 se puede leer como la victoria de un plan valiente sobre un bloque teóricamente más equilibrado. Levante asumió el riesgo que dictaba su situación en la tabla y explotó las debilidades de un Osasuna que, lejos de El Sadar, sigue sin encontrar la solidez que sus números en casa sí reflejan. En un contexto de supervivencia, el equipo granota convirtió su necesidad en virtud, apoyándose en su máximo goleador Carlos Espi y en una estructura táctica adaptada a las ausencias para firmar una noche que puede marcar un punto de inflexión en su lucha por la permanencia.






