Kylian Mbappé y su tercera temporada en el Real Madrid: ¿Por qué aún no gana?
Kylian Mbappé encara su tercera temporada en el Real Madrid con una paradoja incómoda: lo ha hecho casi todo… salvo ganar.
La víspera del regreso de la Champions League lo dejó claro. En la sala de prensa, el francés se sentó ante los micrófonos con gesto serio y se encontró con un interrogatorio más propio de un juicio que de una previa europea. Preguntas una detrás de otra, todas con el mismo trasfondo: ¿por qué la unión entre superestrella y superclub todavía no funciona?
Salieron todos los temas. Su relación con Vinicius Jr, en medio de los rumores de que no se soportan. El ambiente en el vestuario tras las informaciones de peleas internas bajo el mando de Xabi Alonso y después con Álvaro Arbeloa. Y, al final, el golpe más directo: dos años en el Real Madrid y ni un solo gran título, mientras su exequipo, Paris Saint-Germain, encadena dos Champions League consecutivas desde su marcha.
La comparación duele en Madrid. El relato dominante desde la salida de Mbappé de París es claro: el PSG de Luis Enrique se ha convertido en un equipo reconocible, solidario, trabajado; el Real Madrid, en cambio, parece haber retrocedido en el tiempo, más cerca de ser una colección carísima de individualidades que un bloque armado.
Mbappé no se escondió, pero se defendió. Y tiene argumentos. Hace apenas dos meses se convirtió en el máximo goleador histórico de los Mundiales, cerrando un verano que lo coloca ya entre los grandes de la historia del torneo. Sus 10 goles en Norteamérica llegaron después de una segunda temporada en el Madrid con cifras demoledoras: 42 goles en 44 partidos. Números que lo colocan entre los candidatos más serios al Balón de Oro.
El problema no son las estadísticas. Es el contraste. El Mbappé de Francia y el Mbappé del Real Madrid parecen dos versiones distintas del mismo jugador, y esa dualidad condiciona por completo su tercer año en el Bernabéu.
Tras dos temporadas en blanco, el club ha recurrido a un viejo conocido: José Mourinho. Su regreso es un mensaje en sí mismo. El Real Madrid apuesta por la figura y el aura del técnico portugués para imponer disciplina, ordenar el caos y dar un marco colectivo a un ataque repleto de talento.
El primer examen no ha tardado en llegar. Derrota por 1-0 en el campo del Real Betis y penalti fallado por Mbappé en los minutos finales. El equipo ya va a remolque del vigente campeón, un Barcelona que ha arrancado la Liga con 17 goles en sus cuatro primeras victorias. No es solo cuestión de puntos: el conjunto azulgrana marca el ritmo del campeonato con la forma en la que ataca y defiende, como un bloque compacto.
En ese contexto, la crítica fue directa hacia Mbappé y Vinicius: no hacen suficiente trabajo defensivo. El francés escuchó cómo los comparaban con Ousmane Dembélé en el PSG o Raphinha en el Barcelona, extremos que se sacrifican más sin balón.
Su respuesta dejó huella.
«Si quisiera ser estúpido, podría decirte que marco más goles que esos dos jugadores que has mencionado, así que son ellos los que necesitan marcar más para ser como yo. Cada uno es diferente», lanzó. «Pero soy inteligente, así que te diré que tengo que mejorar. No me gusta compararme porque hago muchas cosas que otros no hacen. Es un debate sin fin. Pero sí, todo el equipo tiene que mejorar defensivamente y, con el balón, tenemos que subir nuestro nivel también».
El matiz es importante. Mbappé acepta la crítica, pero no renuncia a su jerarquía. Y, en parte, tiene razón cuando sugiere que se ha hablado más de lo que no hace que de lo que sí ofrece.
Dembélé, por ejemplo, ya sabe lo que es ganar un Balón de Oro y dos Champions League. Pero no ha dominado un Mundial como lo hizo Mbappé, ni tiene la capacidad de torcer un partido a su antojo con la camiseta de Francia. Raphinha, otro de los modelos que se le ponen delante, tampoco se acerca a ese impacto. Mbappé asume que habrá opiniones para todos los gustos, pero no duda cuando se le pregunta por su estatus: está convencido de que es el mejor jugador del mundo.
Eso no lo libra del escrutinio. Ni mucho menos.
El verano dejó una ventana curiosa: el interés del Arsenal por Vinicius abrió, aunque fuera por un instante, la posibilidad de que el Real Madrid reconstruyera su ataque alrededor de Mbappé. Sin dos estrellas que reclaman el mismo territorio, la banda izquierda, el francés habría sido el eje absoluto del proyecto ofensivo. Esa idea llegó a influir en el intento del club inglés.
Vinicius se quedó. Y con su continuidad, el reto cambia de forma. Ya no se trata de elegir entre uno y otro, sino de hacer que encajen. Dos futbolistas que aman arrancar desde la izquierda, obligados a convivir, a repartirse espacios, a entenderse.
Ahí está el verdadero examen para Mbappé esta temporada. No bastará con que siga marcando goles a ritmo de videojuego. Se le medirá por algo más incómodo de cuantificar: el equilibrio del equipo. Si el Real Madrid vuelve a cerrar el curso sin títulos, el foco no solo apuntará a Mourinho o a la directiva.
Apuntará, sin matices, al hombre que asegura ser el mejor del mundo.






