Julen Lopetegui y Assim Madibo: un gesto significativo
La última noche antes de jugarse el pase en el grupo A, Qatar la vivió lejos de los focos. Su seleccionador, Julen Lopetegui, desveló que Assim Madibo pasó la víspera del duelo ante Bosnia y Herzegovina en un lugar muy distinto a la concentración del equipo: el hospital donde se recupera Ismael Koné.
Madibo, expulsado en la goleada 6-0 encajada ante Canadá, viajó a Vancouver, base del conjunto norteamericano en este Mundial, para visitar al centrocampista canadiense, operado con éxito de una fractura de pierna. La acción, un choque fortuito, dejó a Koné fuera de los terrenos de juego durante al menos cinco meses y a Madibo destrozado anímicamente.
“Ha sido muy duro para él”, admitió Lopetegui, que insistió en el carácter accidental de la jugada. El técnico subrayó que su futbolista quedó “muy, muy afectado” por la lesión y quiso que el gesto de Madibo quedara claro: un viaje personal, en pleno torneo, para pedir perdón cara a cara y desear una pronta recuperación. “Nunca fue su intención. Fue un accidente muy claro. Le deseamos lo mejor”, remarcó el entrenador sobre Koné.
Qatar no podrá contar ni con Madibo ni con Homam Ahmed, también sancionado tras ver la roja en ese mismo partido, para el compromiso de este miércoles en Seattle frente a Bosnia y Herzegovina. Dos bajas que pesan, pero ninguna tan visible como la mochila emocional que arrastra el vestuario tras lo ocurrido en Vancouver.
Irán entrena con banderas negras y un mensaje: “#168”
A miles de kilómetros, en Tijuana, la preparación de Irán para su último partido del grupo G tuvo un tono muy distinto al habitual. El entrenamiento del martes por la noche se convirtió en una declaración política y emocional: banderines de córner negros, con un único mensaje impreso en blanco: “#168”.
Ese número, repetido desde que la selección aterrizó en México, recuerda a las al menos 168 víctimas, en su mayoría niños, fallecidas en un ataque contra una escuela primaria en Minab, en el sur de Irán, el pasado 28 de febrero, en el primer día de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. El ataque se atribuyó al ejército estadounidense. Días atrás, Donald Trump había intentado justificarlo con una frase que aún resuena: “Nadie hizo eso a propósito. Se cometen errores. La guerra es cruel”.
Los jugadores iraníes ya habían mostrado su posición nada más llegar a su base en México tras una concentración en Turquía: todos lucían en la solapa una insignia con el mismo lema, “#168”. El símbolo se ha convertido en parte del uniforme no oficial de la selección.
Irán tiene permiso especial para aterrizar en Seattle apenas dos días antes de enfrentarse a Egipto, el viernes. El vuelo desde Tijuana está programado para las 11.30 de la mañana del miércoles, una concesión inusual en un torneo que, según denuncia su seleccionador Amir Ghalenoei, ha tratado a su equipo como “el más oprimido” del campeonato, obligándole en anteriores partidos a llegar con solo 24 horas de margen.
El duelo ante Egipto, además, es el partido designado como Pride Match del Mundial, en plena celebración del fin de semana del orgullo en Seattle. Tanto Irán como su rival han presentado quejas formales a la FIFA por las celebraciones previstas alrededor del encuentro. El contexto político, social y deportivo se mezcla en un choque que va mucho más allá del césped.
En Los Ángeles, tras el empate del domingo frente a Bélgica, la selección iraní dejó otro rastro de su discurso. En el vestuario del Los Angeles Stadium apareció una nota manuscrita, firmada con el ya omnipresente “#168”, que decía:
“Desde la antigua Persia de hace miles de años hasta el Irán civilizado de hoy, el espíritu de Irán permanece vivo y firme. Vinimos a Los Ángeles con orgullo, competimos con honor y nos marchamos con dignidad.
“Gracias, Los Ángeles, por vuestra hospitalidad. Y gracias a cada iraní que entregó su corazón, su voz y su alma por Irán durante estos 180 minutos. Que la paz, el respeto y la amistad prevalezcan entre todas las naciones”.
El mensaje fue un guiño directo a la diáspora iraní en Estados Unidos y, al mismo tiempo, una declaración de principios en mitad de un Mundial atravesado por conflictos geopolíticos.
La incógnita ahora está en Zúrich. ¿Cómo reaccionará la FIFA a esas banderas negras con “#168” en los entrenamientos? El reglamento del organismo es claro: la equipación “no debe contener lemas, declaraciones o imágenes de carácter político, religioso o personal”. El incumplimiento puede acarrear sanciones para jugadores o selecciones.
Por ahora, no hay respuesta oficial. “FIFA ha sido contactada para hacer comentarios”, se limitan a señalar desde la organización del torneo. En el césped de Tijuana, mientras tanto, la escena fue inequívoca: un equipo entero entrenando con el recuerdo de 168 niños sobre las esquinas del campo.
En medio de esa tensión, el grupo también se reservó un momento para celebrar. Alireza Jahanbakhsh, exextremo del Brighton, recibió una camiseta conmemorativa por sus 100 partidos con la selección, alcanzados precisamente en el duelo ante Bélgica. Un homenaje íntimo, casi silencioso, en un entrenamiento marcado por el luto, la reivindicación y un número que ya define el Mundial de Irán: 168.






